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Ayer, una mujer colombiana me relató la historia de su hijo. Nació con 24 semanas de gestación, un tamaño menor que el de un gatito, con la piel tan fina que se le podían ver los órganos y los huesecitos. “Mi hijo era transparente”, me cuenta el padre.

La madre relata orgullosa como solicitó a los médicos que – tras quince días de incubadora – se lo entregaran, “para criarlo yo”, ante la oposición de los médicos.

Construí una incubadora artificial, y mi hijo creció apoyado en mi pecho, cubierto de algodones, a base de leche y agua de espinacas”.

Un mes después, la madre se lo llevó al médico que no daba crédito ante el magnífico aspecto del bebé.

Ahora es un tiarrón de quince años, que come por siete y juega al fútbol.

Es esperanzador y motivador escuchar historias de este calibre, que le reconcilian a uno con la vida, con las ganas de luchar, con la fuerza de unos padres, y con la ilusión.

Seguramente la madre de Milton Hall también luchó por sacar adelante a su hijo, con peor suerte que mi conocida colombiana, pues acabó siendo un sin techo, enfermo mental, que vivía de la caridad de los vecinos de Michigan.

El uno de julio seis policías de esta ciudad – ante el peligro para sus vidas que supuso la actitud de Milton, borracho como una cuba, que les amenazó con un cuchillo – le descerrajaron cuarenta y seis disparos en cinco segundos.

Milton era un ser transparente para la policía.

Su existencia transcurría invisible ante la mirada de la gente, el típico sin techo maloliente, sucio y vociferante. Ante cuya visión desviamos la vista, arrugamos la nariz, y seguimos charlando por nuestros flamantes smartphones de cuatrocientos euros.

A lo peor ni siquiera podemos evitar creernos mejor que Milton, pensamos que algo habrá hecho mal para verse en esa situación: drogas, malas influencias, un padre maltratador, y un joven descarriado…

Nadie tiene derecho a juzgar a otro ser humano.

Tal vez Milton empezó a hacerse transparente en el colegio, tal vez su enfermedad mental le aisló de unos compañeros crueles, en una sociedad extremadamente competitiva – la primera vez que escuché la palabra “perdedor” como insulto fue en una película estadounidense -.

Los perdedores se van encerrando en sí mismos hasta ser completamente transparentes, y a lo peor no tienen la suerte de contar con una madre coraje, luchadora, una madre que les arrope entre algodones en su pecho, para que puedan sobrevivir.

Yo en breve tendré la oportunidad de arropar así a una personita, y evitaré que se convierta en transparente, estará feliz y llena de color, y el mundo será un lugar mejor porque estará ella.

Enlace: La policía de Michigan mata de 46 disparos a un ‘sin techo’ enfermo mental  

Trayvon Martin es – era – un adolescente de 17 años afroamericano – es decir, estadounidense de piel negra – que murió asesinado hace tres semanas en Orlando – sede del parque de atracciones Disneyland – en el estado de Florida.

Fue tiroteado por un hombre blanco, vigilante armado voluntario del barrio, que le percibió como una amenaza por pasear encapuchado bajo la lluvia, armado con una bolsa de gominolas y un móvil.

Es absolutamente desasosegante comprobar que el concepto de libertad del país más rico del mundo sea equivalente a tener libertad para apretar el gatillo

Ahora, ese sujeto de piel blanca y clara como el día, ha sido puesto en libertad sin cargos, ya saben: “este es el país de la libertad y todo el mundo es inocente mientras no se demuestre lo contrario”. ¿Todo el mundo? ¿O solamente los WASP? (Blancos Anglosajones y Protestantes)

¿Fue Trayvon considerado inocente por su impune asesino?

Es absolutamente desasosegante comprobar que el concepto de libertad del país más rico del mundo, que posee y gestiona un arsenal atómico suficiente para destruir el mundo varias veces, sea equivalente a tener libertad para apretar el gatillo – si eres blanco, claro -.

Que no vengan vendiendo la convivencia multirracial; eso sólo sucede en determinados ámbitos y en ciudades muy concretas. El problema del racismo es casi universal, no se circunscribe a un país de 300 millones de habitantes, pero en Estados Unidos se agrava cuando cualquier tarado mental puede tener acceso a las armas. Si además, las leyes y las autoridades alimentan el concepto extremo de “legítima defensa” pues acontecen casos como los del infortunado Trayvon.

Creo que quizá todo puede resumirse en la cortedad de miras de mentes cerradas que no comprenden que a lo mejor las cosas no son cómo parecen o, al menos, no cómo ellos las perciben – recomiendo la visión del video que enlazo, de treinta segundos – . Y una mente cerrada es presa fácil de los prejuicios, y los prejuicios provocan equivocaciones constantemente.

En algunos casos, sin posibilidad de rectificación.

Descanse en paz, Trayvon Martin.

Video: The Guardian’s 1986 ‘Points of view’ advert

Noticia: Aumentan las protestas en EE UU por la muerte de un adolescente negro

Nunca entenderé a los Estados Unidos de América, un país multicultural y diverso, tan vasto y amplio como para que bajo su mismo manto de barras estrellas hayan nacido personas tan diferentes como George Bush (padre o hijo, escojan ustedes) o Martin Luther King. La cuna del rock y del neocreacionismo, donde puedes matar a tiros a alguien que entre sin permiso en tu jardín (tu propiedad) sin que te pase nada, pero no se te ocurra hacer topless en tu piscina y que te vea tu vecino – incluso en algunos estados, el sexo oral está prohibido, de manera que si alguien te observa a través de la ventana de tu casa realizándolo, está en su derecho legal de denunciarte -.

Esto es Estados Unidos, un inmenso crisol de opiniones y corrientes divergentes, aunque sus ciudadanos,  sin embargo, tienen un mayor sentido de nación de lo que podamos tener los europeos jamás. No importa que hayan nacido en la América más profunda o en el Nueva York urbanita, el ciudadano americano se considera hermanado con sus compatriotas de una forma muy intensa que hemos podido comprobar muchas veces a través de su cine – la mayor arma propagandística que haya existido jamás -.

“En algunos estados el sexo oral está prohibido, de manera que si alguien te observa a través de la ventana de tu casa realizándolo, está en su derecho legal de denunciarte”

En este contexto de nación contradictoria, extrañamente hermanada y diversa a la vez, me topo de bruces en la prensa con una noticia que me ha impresionado. Trata sobre la publicación de un polémico manual – muy popular entre los cristianos evangélicos que educan a sus hijos en sus propios hogares – donde se enseñan las “buenas prácticas” del castigo físico a los hijos. Lo sorprendente es que la publicación del libro no es algo novedoso, sino que ha saltado a la palestra a raíz de la muerte de una niña a manos de sus padres, supuestamente inspirados por la lectura del macabro manual.

No es lícito juzgar a una nación entera – tal y como comento, enorme y repleta de infinidad de matices – por el comportamiento de algunos de sus ciudadanos, pero no deja de llamarme la atención la perversa obsesión de la opinión pública norteamericana, o sus legisladores, con temas como el sexo y su laxitud frente a otros asuntos como la violencia, por ejemplo. Todavía recuerdo espantado una de las escenas más brutales que he visto de la guerra – aún en marcha aunque no en el foco mediático – de Irak: unos soldados estadounidenses entraban en una casa – que no era más que una única habitación – y disparaban a quemarropa a todos sus habitantes, que estaban tumbados, tapados con mantas. Pero lo que más me aterrorizó no fue la imagen, de por sí dura, de aquellos chiquillos estadounidenses asesinando civiles desarmados, sino la edición del telediario americano: pusieron pitidos para que los niños no oyeran los tacos que proferían los soldados.

“No deja de llamarme la atención la perversa obsesión de la opinión pública norteamericana, o sus legisladores, con temas como el sexo y su laxitud frente a otros como la violencia”

Esa es la doble moral, oscura y cavernaria, que me da miedo del país, autodenominado de la libertad. Aunque supongo que se refieren a la libertad de partirle la cara como mejor te parezca a un niño o de pegarle un tiro a cualquiera que trate de robarte, eso sí, mátale educadamente y no se te ocurra cometer la osadía de enseñarle una teta o insultarle mientras lo haces, estarías cometiendo un delito.

Enlaces:

Un polémico manual pone a prueba los límites del castigo físico en EE UU

Para quien ponga en duda la existencia del  infierno, le sugeriría que se diera un paseo por la población de Centralia (Pensilvania, Estados Unidos).

Hace 50 años se originó un incendio que sigue activo – con combustible para los próximos 250 años al menos – a 1600 m de la superficie. Centralia cuenta con yacimientos de carbón que el fuego está consumiendo y emite continuamente, a través de unas chimeneas, gas venenoso en forma de dióxido de carbono que obligó a evacuar el pueblo en los ochenta – ¡veinte años después de iniciado el fuego! – .

El incendio de Centralia me recuerda algo que los seres humanos deberíamos tener más presente: las numerosas, indomables e incontrolables fuerzas que existen en el mundo y que – tal vez empujados por nuestra estúpida soberbia – nos empeñamos en dominar.

Tal y como puso de manifiesto el terremoto de Japón cuyos efectos casi convierten en una ciudad fantasma a Tokio, una de las ciudades más pobladas del planeta, no podemos estar seguros de que alguna vez seamos capaces de  controlar los medianos – ni tan siquiera los pequeños – cataclismos.

En relación a esta inoperancia natural que tiene nuestra especie para luchar contra lo inevitable, comentar que algunos historiadores, más o menos controvertidos, aseguran que esta no es la primera humanidad sino que anteriormente, hace miles de años, o tal vez cientos de miles, el hombre llegó a niveles de civilización similares a la actual y que un cataclismo acabó con todo.

Independientemente de que esto sucediera así, lo cierto y verdad es que un gran meteorito creó el cráter de Chicxulub (de 180 Km de diámetro) en la península del Yucatán, Méjico, y se teoriza acerca de que fuese el causante de la extinción de los dinosaurios ¿y si hubiera existido una civilización, similar a la actual, que hubiera perecido junto a los grandes saurios? Desde luego, no hay pruebas que lo afirmen ni pruebas que lo desmientan.

Lo que es innegable es que si existió una humanidad anterior y se parecía a la actual – incapaz tan siquiera de apagar un incendio en Centralia, Pensilvania – no tengo ninguna duda de que si no hubiera desaparecido a causa de un meteorito, lo habría hecho por su propia negligencia y estupidez.

Recomiendo:

Entrada “Héroes”

La historia de Centralia

El Cráter de Chicxulub 

La foto

Publicado: 25 agosto, 2011 en actualidad, opinión
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Los dos hombres se estrechan la mano y se miran con aparente cordialidad, sin miradas esquivas, uno es más alto que el otro, pero no demasiado. El del pelo corto tiene la piel oscura y viste un elegante traje de corte occidental en cuya solapa luce un pin, probablemente las barras y estrellas que adornan la bandera de su país. El otro tiene la piel más clara, el pelo negro ensortijado y cubre su cabeza con un sombrero de colores rojos y dorados que hacen juego con sus ropajes coloridos que permiten suponerle un origen africano. En su mano adivinamos un anillo que se oculta parcialmente bajo la mano del occidental, mano que no está entregada totalmente, como si el hombre que la ofrece fuera reticente a estrechar por completo los lazos que le unen al otro.

El africano es un dictador que lleva más de cuarenta años enriqueciéndose a costa del petróleo que la muerte azarosa de dinosaurios en un desierto ha hecho brotar. El mismo oro negro que le ha permitido someter impunemente a su población sin que a nadie le importe – siempre que el suministro a nuestros países esté garantizado – .

Mirando la foto en la que dos mandatarios se estrechan la mano con afabilidad nadie sospecharía dobleces o intenciones ocultas tras las sonrisas cordiales.

Sin embargo el del sombrero está dispuesto a masacrar a su pueblo si su estatus quo peligrara y el americano tiene preparado un discurso para congratularse por de la caída del otro a manos de unos rebeldes sustentados por sus millones, sus armas y sus estrategas militares.

Y los demás nos tragamos el discurso y le apoyamos con nuestras bases y nuestro ejército y le llamamos “misión humanitaria” y lamentamos los daños colaterales cuando una bomba perdida mata a familias de civiles inocentes.

Me repugna Gadaffi.

Siempre me repugnó el babeo de nuestros políticos en las visitas estrafalarias que – por favor no lo olvidemos – ha realizado a España, con su cohorte de vírgenes y sirvientes, con sus caballos, con sus jaimas… Los alcaldes de nuestras ciudades le han recibido con inclinaciones de cabeza tan pronunciadas que rozaban la mugre del suelo con sus calvas limpias como nuestros bolsillos.

Pero más me repugna la hipocresía y el pretender tomarnos por idiotas sin memoria a medio plazo.

Señores que sí, que es un dictador y un asesino pero ¿no lo sabían ustedes cuando se hicieron la foto con él?

Por favor, hagan lo que tengan que hacer, pero no nos vendan la moto.

El dato: Libia produce el 12% del petróleo extraído en África y es el país número 14 del mundo en exportaciones de barriles. Estados Unidos es el principal consumidor de petróleo del mundo.