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La libertad de expresión es una de las virtudes de una democracia, gracias a ella nos expresamos con libertad y decimos-contamos-opinamos lo que nos venga en gana sin que nadie nos coarte o nos censure. Podemos hablar del tiempo, de la política, criticar una película, hablar de fútbol, o hacer un panegírico.

Da igual.

La idea fundamental que subyace en esta práctica de opinión es el respeto. El respeto por la diferencia, por la diversidad, por la variopinta paleta de colores del pensamiento.

De eso se trata, creo yo al menos.

Lo que la libertad de expresión no ampara es la falta de educación o de respeto, porque se puede ser de derechas, de izquierdas, de centro o apolítico, pero lo que no se puede tolerar es el insulto y el desprecio.

“La idea fundamental que subyace en la libertad de opinión es el respeto.”

Salvador Sostres – al que no tengo la suerte de conocer personalmente – es un columnista del periódico de difusión nacional El Mundo. No conozco su trayectoria profesional, ni sus referencias, sus estudios o su  trabajo. Pero acabo de leer una noticia que me ha puesto los vellos de punta y me ha revuelto el estómago.

Este señor ha publicado una entrada en la que se regodea  de la derrota del partido socialista, – lo cual es totalmente lícito y forma parte de la libertad de opinión – pero esto no tendría ninguna trascendencia si no fuera por los términos que utiliza para hacerlo. Sostres realiza una analogía entre un encuentro sexual que, según él,  tuvo con una mujer socialista y la derrota del PSOE el domingo pasado. No dejaría de ser solamente algo de muy mal gusto, si no fuera por el lenguaje tan directo, soez, brutal y humillante que utiliza, con detalles escatológicos en los que cuenta intimidades que, sinceramente, han estado a punto de arruinar mi desayuno.  Además, por sus palabras se puede sospechar que considera a las mujeres como meros objetos sexuales – y si son socialistas, más todavía – .

Las palabras ofensivas empequeñecen a quien las utiliza y le retratan, nos permiten conformar una silueta de pensamiento y adivinar de qué pie cojea. Sostres cojea de todos y de alguna otra zona de su cuerpo que prefiero no citar.

Siento, de verdad, entrar al trapo de gentecilla como esta, pero es que me hierve la sangre y no alcanzo a entender a estos hombres que se las dan de machitos contando batallitas sexuales de la manera más soez.

“Las palabras ofensivas empequeñecen a quien las utiliza y le retratan, nos permiten conformar una silueta de pensamiento y adivinar por qué pie cojea.”

No me interpreten mal, cada uno es libre de disfrutar de su sexualidad como le dé la real gana, siempre que haya consenso por las dos partes – no soy quién para entrar en la intimidad de nadie – , lo que sí critico, censuro y desapruebo con firmeza, es la total y absoluta falta de delicadeza y respeto a la hora de hablar de ella.

Si navegan un rato por la red buscando información sobre este tipo, a lo mejor tienen la misma sensación que tengo yo: que hay gente que ante su absoluta falta de talento e historias interesantes que contar, se dedican a hacer ruido, a molestar y a insultar porque es la única forma posible de llamar la atención.

En mi caso confieso que he caído en su trampa: ha conseguido que hable de él.

Enlace: Sostres retira un post en el que narraba cómo sodomizaba a una socialista

Nunca entenderé a los Estados Unidos de América, un país multicultural y diverso, tan vasto y amplio como para que bajo su mismo manto de barras estrellas hayan nacido personas tan diferentes como George Bush (padre o hijo, escojan ustedes) o Martin Luther King. La cuna del rock y del neocreacionismo, donde puedes matar a tiros a alguien que entre sin permiso en tu jardín (tu propiedad) sin que te pase nada, pero no se te ocurra hacer topless en tu piscina y que te vea tu vecino – incluso en algunos estados, el sexo oral está prohibido, de manera que si alguien te observa a través de la ventana de tu casa realizándolo, está en su derecho legal de denunciarte -.

Esto es Estados Unidos, un inmenso crisol de opiniones y corrientes divergentes, aunque sus ciudadanos,  sin embargo, tienen un mayor sentido de nación de lo que podamos tener los europeos jamás. No importa que hayan nacido en la América más profunda o en el Nueva York urbanita, el ciudadano americano se considera hermanado con sus compatriotas de una forma muy intensa que hemos podido comprobar muchas veces a través de su cine – la mayor arma propagandística que haya existido jamás -.

“En algunos estados el sexo oral está prohibido, de manera que si alguien te observa a través de la ventana de tu casa realizándolo, está en su derecho legal de denunciarte”

En este contexto de nación contradictoria, extrañamente hermanada y diversa a la vez, me topo de bruces en la prensa con una noticia que me ha impresionado. Trata sobre la publicación de un polémico manual – muy popular entre los cristianos evangélicos que educan a sus hijos en sus propios hogares – donde se enseñan las “buenas prácticas” del castigo físico a los hijos. Lo sorprendente es que la publicación del libro no es algo novedoso, sino que ha saltado a la palestra a raíz de la muerte de una niña a manos de sus padres, supuestamente inspirados por la lectura del macabro manual.

No es lícito juzgar a una nación entera – tal y como comento, enorme y repleta de infinidad de matices – por el comportamiento de algunos de sus ciudadanos, pero no deja de llamarme la atención la perversa obsesión de la opinión pública norteamericana, o sus legisladores, con temas como el sexo y su laxitud frente a otros asuntos como la violencia, por ejemplo. Todavía recuerdo espantado una de las escenas más brutales que he visto de la guerra – aún en marcha aunque no en el foco mediático – de Irak: unos soldados estadounidenses entraban en una casa – que no era más que una única habitación – y disparaban a quemarropa a todos sus habitantes, que estaban tumbados, tapados con mantas. Pero lo que más me aterrorizó no fue la imagen, de por sí dura, de aquellos chiquillos estadounidenses asesinando civiles desarmados, sino la edición del telediario americano: pusieron pitidos para que los niños no oyeran los tacos que proferían los soldados.

“No deja de llamarme la atención la perversa obsesión de la opinión pública norteamericana, o sus legisladores, con temas como el sexo y su laxitud frente a otros como la violencia”

Esa es la doble moral, oscura y cavernaria, que me da miedo del país, autodenominado de la libertad. Aunque supongo que se refieren a la libertad de partirle la cara como mejor te parezca a un niño o de pegarle un tiro a cualquiera que trate de robarte, eso sí, mátale educadamente y no se te ocurra cometer la osadía de enseñarle una teta o insultarle mientras lo haces, estarías cometiendo un delito.

Enlaces:

Un polémico manual pone a prueba los límites del castigo físico en EE UU

Los obispos italianos critican la actitud licenciosa de Berlusconi con  las mujeres, sin embargo, su compañero de profesión, el Obispo Babini, dice que no está demostrado que se produjeran sus orgías y que en caso de que hubieran sucedido, es mucho peor la homosexualidad.

Hasta aquí la noticia.

He recibido cariñosas críticas por parte de una buena amiga por haber comentado una foto que Juan Pablo II se hizo con Pinochet, por lo que quizá no sea lo más inteligente por mi parte criticar a la Iglesia. Evidentemente no me considero lo suficientemente autorizado como para atreverme a criticar una institución tan vasta, que abarca desde el humilde cura que recorre las carreteras de los pueblos de El Salvador para celebrar misa, a un cardenal madrileño que viaja en Mercedes. No sería justo meter en el mismo saco a dos miembros tan distintos del grupo. Me limitaré a opinar sobre Babini y sus declaraciones homófobas.

No acabo de entender porqué algunos – insisto algunos – personajes ataviados de sotana están tan obsesionados con el sexo, más concretamente con las prácticas sexuales que ellos consideran “anormales”.

Entiendo que considerar a una mujer un mero objeto sexual con el que tener un orgasmo para a continuación gritar “que pase la siguiente” – eso es, al menos, lo que declara ufano este consumidor de viagra llamado Berlusconi – no es considerado por el tal Babini algo denigrante, humillante o criticable “es mucho peor ser homosexual” nos dice. ¿Está diciendo que es mucho peor amar a otra persona del mismo sexo? ¿Este señor no es de los que predica el reparto indiscriminado de amor? ¿El problema es cuando ya incluimos el sexo como parte de ese amor?

Podría decir que si expulsaran a todos los homosexuales de la iglesia católica, monseñor Babini se quedaría solo, pero no lo diré, porque eso sería especular sin tener datos fehacientes. No sería justo dar por cierto que necesariamente un grupo de hombres conviviendo juntos, reprimiendo el natural deseo sexual, se vean abocados a tener relaciones entre ellos. Dios me libre. En realidad, ni siquiera sería de mi incumbencia si eso sucediera así.

Lo que no me parece de recibo es la defensa feroz por parte de un miembro – insisto, uno – de la Iglesia, de un individuo misógino, machista, que se escuda en una supuesta masculinidad para otorgar a las mujeres la única utilidad que ser usadas para el sexo.

Tampoco entraría a valorar esa actitud íntima y personal de Berlusconi si no hubiera sido él mismo el que cantara a los cuatro vientos sus supuestas hazañas sexuales, sin ningún tipo de pudor y con elevadas dosis de mal gusto, con esas chicas – algunas de ellas menores de edad – .

Para acabar, exponer sólo un dato: hace poco se ha revisado la ley que en España permite mantener relaciones consentidas con una menor a partir de los trece años… a mí me parece una edad demasiado vulnerable y manipulable como para considerar que una chica tiene capacidad para decidir si quiere mantener relaciones sexuales, pero es una opinión personal, y sería objeto de un debate distinto.

Por cierto, está circulando por la red un rumor absolutamente falso que dice que en el Vaticano la ley permite que la edad de consentimiento sexual sea doce años. Es totalmente falso, el Vaticano se rige por las leyes italianas para temas no canónigos y, a día de hoy, esa edad es de 14 años.

Imagino que nunca será necesaria aplicarla.

Recomendado:

 Los obispos italianos critican ‘la cultura venenosa’ de sus políticos

Edad de consentimiento sexual

Abro la portada de un periódico digital y lo primero que llama mi atención es la foto de una chica semidesnuda, un segundo después leo un titular cinematográfico. Más abajo, en la misma web veo el sugerente rostro de una famosa actriz hollywoodiense también con escasa ropa. La noticia: una investigación federal sobre un supuesto robo de fotos íntimas y personales. Por último, me fijo en la noticia sobre una tienda de Barcelona que vende chapas con motivos racistas, sexistas y clasistas, con el pretexto de que son recuerdos para los turistas.

¿Todo vale para atraer clientes? En el caso del periódico serio de tirada millonaria mediante imágenes con implícito contenido sexual y en el de la humilde tienda – organizando un escándalo monumental a costa de vender una imagen turbia de una gran ciudad – parece ser que tienen muy clara la respuesta.

¿Lo importante es por tanto el fin último? Es decir, aumentar las ventas/lectores/visitas.

Yo mismo, si hubiera puesto la imagen de una de estas bellezas anglosajonas en lugar de las chapitas, probablemente hubiera duplicado el número de visitas… pero ¿es honesto jugar a esto?

La cultura y la comunicación en el siglo XXI se basan en conceptos esencialmente visuales, pero ¿dónde dejamos la ética? El panorama actual de las estrategias comerciales parece indicar que vender a toda costa está por encima de cualquier otra consideración. Incluso el que un gran periódico frivolice el contenido de una noticia seria, presentándola con una portada llamativa o que se ensucie la imagen de una ciudad creando una noticia – un escándalo – que genere publicidad gratuita para una tienda a modo de reclamo – vender las chapas es lo de menos – para el resto de sus productos.

En Estados Unidos están unos cuantos de años luz por delante de nosotros en relación a la publicidad comparativa – de hecho en España tiene ciertos límites – entre marcas. Recomiendo los anuncios CocaCola vs Pepsi, algunos son auténticas obras de arte que destilan originalidad.

A modo de conclusión y por no seguir divagando, simplemente decir que creo que merece la pena aplicar un poco de ética para promocionarse, al final terminará siendo más beneficioso que las estrategias agresivas, especialmente a largo plazo.

Y, ojo, no he tocado ni de refilón el tema de las televisiones y sus contenidos basura… eso, como decía el juglar, señores, es otra historia.

Recomiendo:

Las “chapas incívicas” vuelven a las librerías

Coke vs Pepsi