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La democracia fue inventada en Atenas hace miles de años –  la de la Grecia de hoy día no resistiría ni una prueba del algodón mínima –y su raíz etimológica viene a significar el gobierno del pueblo. Los ciudadanos se reunían en plazas públicas donde se realizaban asambleas decisorias y se debatían propuestas de gobierno. Imagino que en los tiempos de Pericles los debates serían intensos, pero me resulta difícil creer que se pudiera dar la situación en la que algún proponente derrotado en una votación argumentara que la mayoría de ciudadanos que no hubieran asistido a la asamblea – hipotéticamente – le diesen la razón. Es decir, si una mayoría hace dejadez de su derecho a voto, sería estúpido utilizarla como contra-argumento de la decisión adoptada por los que sí han votado.

Hace unos días hemos escuchado al presidente del gobierno – por supuesto en declaraciones a unos cuantos miles de kilómetros de Madrid, parece que se le atraganta hablar en España – decir que la mayoría de ciudadanos que no asistieron a la manifestación de Madrid le legitiman y no están en contra de sus políticas. Esto sería lo mismo que si Rubalcaba dijese que la mayoría de no votantes del PP – incluyendo a los no votantes de ningún partido – apoyan al PSOE.

Es indigno de un representante público la utilización torticera de lo acaecido, a su antojo. Que miles de personas – otra cosa para escribir durante horas es el tratamiento informativo de la noticia y el baile de cifras en las televisiones controladas por la derecha recalcitrante – se manifiesten frente al Congreso de los Diputados y expresen su oposición a las medidas del gobierno es totalmente lícito, no supone agresión alguna contra el estado de derecho, sino que refuerza su madurez. No se trata de un ataque contra España sino precisamente de lo contrario; un toque de atención a los que la dirigen para que abran los ojos, para que dejen de mirar a otro lado y para que empiecen a contar con la gente para tomar sus decisiones.

De acuerdo con que la única herramienta – tal vez no la mejor – que tenemos son las elecciones generales, cada cuatro años, e ir a votar, pero para eso están las sesiones de control al gobierno, para que la oposición – respaldada por otro puñado de millones de votos – haga un uso digno de la confianza que le han otorgado.

Conozco algunos conflictos laborales en los que los representantes de los trabajadores, además de tirarse los trastos a la cabeza unos a otros y alimentar el ventilador de mierda – perdón mamá – continuamente, hacen un uso repugnante de las mayorías silenciosas. Debe ser una consigna entre los que ostentan algún tipo de responsabilidad: la manipulación a su antojo de las circunstancias.

El silencio puede significar muchas cosas: que van desde el acuerdo tácito hasta la oposición desmotivada. Que Rajoy sea amante de los silencios y los silentes – cada vez más se parece a un Don Tancredo inmóvil a ver si se pasa la crisis sola mientras él no mueve un dedo – no significa que los silentes le amemos a él.

Yo no fui a la manifestación de Madrid por múltiples razones, y ninguna de ellas era el aplauso al Gobierno y a su funesta gestión.

Estas actitudes que van desde la mentira más cínica hasta la condecoración al responsable de los perros de presa, disfrazados de agentes del orden público, que atacaron a los ciudadanos en Atocha, me aterran. Porque ese es el principio para justificar cualquier cosa, cualquier abuso, cualquier desprecio a los ciudadanos que, por si se olvidan, somos los que les hemos puesto allí.

Y si alguien quiere saber que significó mi silencio, que tenga la molestia de sentarse frente a mí y preguntarme, por favor, que no me interpreten.

Enlaces:

“Nos metieron piedras en la mochila”   

Mayoría silenciosa

Últimamente, por razones personales con las que – de momento – no voy a torturarles, me encuentro en una suerte de felicidad constante que me transporta por el devenir diario, de manera que este estado emocional amortigua los continuos envites de la realidad.

Soy una especie de paraguas por el que resbala la crisis, la deuda, el paro, los recortes, el IVA, el Gobierno, la Oposición, y un largo etcétera de problemas a los que parece me estoy inmunizando.

Esto ni muchísimo menos significa mi indiferencia, solamente implica una especie de extraña calma ante la avalancha de malas noticias, mi capacidad de relativizar se ha acrecentado de manera notable.

Sin embargo, a veces, una palabra, una frase, actúa como detonante y ¡ZAS! ¡En toda la boca! (que diría Seldon Cooper).

La frase la ha pronunciado, hace unos días, una diputada del PP – sueldo neto medio de 75.000 € – en una algarabía que se formó en el congreso – el máximo órgano de representación de los españoles – ante unas palabras del excelentísimo señor Presidente del Gobierno, don Mariano Rajoy Brey. El presidente arguyó que la medida de disminuir la prestación por desempleo tenía como objetivo incentivar a los parados a buscar empleo. Y la diputada del PP tuvo la magnífica ocurrencia de aplaudir el anuncio de Rajoy – el presidente de TODOS los españoles – con la genial e instructiva frase “’¡Qué se jodan!”.

Así, tajante, simple y a dolor, que se jodan, que se jodan los parados, los millones de imbéciles, parásitos y vagos redomados, cuyo único afán es recibir una prestación por – perdón mamá – tocarse los huevos viendo la tele.

Ahora, la indigna representante, elegida democráticamente con el voto de miles de ciudadanos, aduce que sus palabras iban dirigidas a la bancada contraria, es decir, al PSOE.

¿Esto cambia en algo las cosas?

Desde luego que no, ¿no es lo mismo insultar y despreciar a millones de españoles que sufren una auténtica tragedia diaria que a sus legítimos representantes?

¿Pero qué clase de redomada imbecilidad nos atribuye esta señora – por no llamarle otra cosa que me reservaré para mis juramentos en arameo en la intimidad – a los españoles?

Claro, sabiendo que es hija de Carlos Fabra, el de las gafas de sol, el que se parte de risa contando como le ha tocado la lotería más de siete veces –don Carlos, no me joda -, el presidente de la diputación de Castellón, el que ha construido – e inaugurado a bombo y platillo – un aeropuerto por el que no circulan aviones, a costa de decenas de miles de euros de nuestros bolsillos, el mismo aeropuerto que luce una estatua descomunal de él mismo – desde luego tiene el ego más hinchado que la burbuja inmobiliaria que él mismo supo aprovechar con pingües beneficios, enlosando las costas de su comunidad -, es normal imaginar que si la diputada tiene esas mimbres poco podemos esperar de su ética.

Y mi placidez espiritual y anímica, mi felicidad personal, no me impide detectar el olor a mierda cuando el viento me lo acerca.

Y aquí huele.

Huele mal porque estos poceros de la política – los mismos que consiguen que otros bajen al submundo lleno de inmundicia por ellos, para mantener su tren de vida y su desvergüenza – se encargan de airear la porquería ante nuestras atónitas narices.

Y lo hacen con frases de alto calado lingüístico y moral como la que da título a este artículo, frases dirigidas a todos nosotros, para hacer daño, para evidenciar su falta absoluta de escrúpulos y decencia.

Pero ¿saben qué? Que al final, creo, en mi infinita ingenuidad, que el que ríe el último ríe mejor y podremos responderles con su misma moneda.

¡Que se jodan ellos!

Enlace: El PSOE pide que la diputada Fabra dimita por decir “que se jodan”

Acabo de escuchar al abogado de Garzón decir que aún no se ha leído la sentencia en la que su defendido es condenado a once años de inhabilitación porque considera necesario leerla con sosiego y desapasionadamente.

Bonitas  palabras para ser capaz – o querer – utilizarlas.

No es mi caso.

No quiero sosiego ni renunciar a la pasión.

Quiero sentir este revoltijo en las tripas, esta indignación que sube por mi garganta y se extiende por mi sangre, que me la quema, que me pone de tan mala baba que tengo ganas de coger un saco de boxeo y pegarle fuego.

El juez Baltasar Garzón no es santo de mi devoción. Nunca he conseguido entender el  aparente – al menos para mi – y constante interés de este juez por estar en el candelero. Me ha dado la sensación de ser un poco vanidoso, algo estrella y con cierta necesidad de que hablen de él. Pero esto no es óbice para que le considere un juez honrado y valiente. Un juez que se enfrentó a sus excompañeros del PSOE, encarcelando a antiguos ministros socialistas y secretarios de estado por el caso de los GAL. Un juez que fue el único- el único del mundo – capaz de conseguir que Pinochet se acojonara, aunque fuera sólo un poquito, por unos meses, y que tuviera que intervenir la propia Dama de Hierro – Margaret Thatcher – personalmente para conseguir que el Gobierno del Reino Unido le montara deprisa y corriendo en un avión, para que el asesino chileno huyera con alevosía y nocturnidad. El mismo juez que ha condenado a multitud de etarras, narcotraficantes, delincuentes. El que se ha atrevido a no volver la vista, ni a arrugar la nariz, cuando salen a la luz los hedores putrefactos de las fosas comunes excavadas por los franquistas.

La hija de Garzón ha escrito una carta, como solamente una hija puede hacerlo, hablando de su padre, de su honradez, de sus principios, de sus valores, echando en cara a sus detractores y perseguidores su brindis con champán – estos no brindan con cava, que es catalán – . Y la carta es una pieza más del puzle de la indignidad que han conformado estos impresentables.

Pero esto no acaba aquí, ni mucho menos. Aún tenemos que soportar el caso de las fosas comunes del franquismo. Caso en el que el propio juez instructor de la causa asesora a la acusación y le ayuda a elaborar el escrito que presentan… atención, ¡al propio juez!

Es de locos.

Y para colmo, mi desasosiego y mi pasión se alimentan con un tuit, un maldito comentario de ciento cuarenta caracteres, de un sinvergüenza que dice literalmente “Mi enhorabuena a los jueces del caso de Garzón. Han hecho muy bien su trabajo, como siempre”.  El firmante se llama Paco Camps, antiguo presidente de la comunidad autónoma de Valencia, reciente absuelto por el caso Gürtel – que instruyó Garzón en su momento -. El nivel de cinismo de este señor es casi tan inconmensurable como la dureza de su faz. Ahora comprendo por qué tiene una eterna expresión de guasa.

Se está desternillando en nuestras narices.

Porque mientras los jueces que le intenten encausar sean suspendidos seguro que resuena en su mente aquella frase que le lanzó en un mitin en Valencia el actual presidente del gobierno: “!Paco, estamos contigo!”.

Enlaces:

Carta de la hija de Garzón “A los que brindarán hoy con champán”

Garzón dice adiós a la carrera judicial al ser condenado a 11 años de inhabilitación

Mientras escribo esto, los datos parecen confirman la aplastante mayoría del PP en las elecciones de esta noche, por lo que Mariano Rajoy es el nuevo presidente electo del gobierno de España. No sé si esto será mejor, peor o no sabe no contesta, sólo sé que necesitamos que alguien tome de una – piiiiiiiiiiii – vez las riendas del carro, el timón del barco, o cualquier otra desafortunada metáfora. Como según lo que se cuenta en los telediarios, vamos cuesta abajo y sin frenos, necesitamos al héroe de sombrero ladeado, chupa de cuero y látigo, que salte de la diligencia desbocada y controle a los caballos para que se detengan con suavidad. No quiero ser agorero, pero el chiringuito se quema y estamos todos dentro, ¿alguien tiene un extintor?

Ahora a los mandos del cacharro – vamos, de España –, que tiene una pinta horrorosa, soltando aceite, haciendo ruido y echando humo negro, negrísimo, por el tubo de escape, se encuentra Mariano, el del puro y la sorna gallega, el de la retranca y las respuestas que sé que está vocalizando – el sonido me llega al cerebro – pero que no significan nada.

“necesitamos al héroe de sombrero ladeado, chupa de cuero y látigo, que salte de la diligencia desbocada y controle a los caballos”

El jueves le preguntaban en una entrevista ¿Va a modificar la ley anti tabaco? Una pregunta que yo considero sencilla, sin matices, de un asunto que no es precisamente el más importante de los que, desde esta mañana, se desayunará durante cuatro años – con suerte para él –. Pues ni esa contestó con un rotundo “sí” o “no”, qué va, abusó del “depende”, el “quizá”, del “no es tan sencillo”, coño, Mariano, es tan fácil como decir lo que vas a hacer, campeón.

No digo que lo vaya a hacer peor que los que han salido – eso, sinceramente, es casi físicamente imposible – pero a mí por lo menos me gustaría saber qué me espera en los próximos meses o años. Igual es que soy un impaciente y sólo tengo que esperar a los decretos que caerán de todas las formas posibles sobre nuestras cabezas y según los gustos – lluvia de mayo, lluvia ácida, tormenta…etc. -.

Sí, es eso.

Mi impaciencia me hace desear que un partido diga claramente lo que va a hacer cuando gobierne, en la campaña electoral, ¡si es que no me entero de cómo funciona esto!

Parece fácil, me cuentan, se trata sólo de dejar que los acontecimientos fluyan – o revienten – y ya veremos cómo capeamos el temporal. Joder, que los planes de contingencia sólo los saben hacer los alemanes – su último plan lo han titulado “Salvemos nuestro pellejo, que bastante tenemos con esto y a Europa que le vayan preparando el responso” – , no podemos pedirle al olmo español peras alemanas.

Aunque tal vez deberíamos pedir al menos un poco de coherencia y sentido común, gabinetes de crisis, que tiren de gurús, que los hay, que se olviden de trabajar para asegurar su asiento y que apliquen las medidas necesarias, sino para superar, por lo menos para contener la sangría.

“tal vez deberíamos pedir al menos un poco de coherencia y sentido común”

Porque yo, que no sé nada de nada, tengo la impresión de que nos estamos desangrando y el líquido rojo y espeso cae por la alcantarilla mientras lo observo con ojos hipnotizados.

Madre mía, que Dios nos coja confesados.

El título obedece a una frase muy utilizada en mi familia para hacer notar el riesgo que suponen determinados individuos debido a sus alocadas acciones y/o decisiones. No conviene acercarse a un mono con dos pistolas  porque probablemente te pegará un tiro, no obstante, si el mono tuviera el arma descargada no habría peligro y su inconsciencia – condición natural inherente a su condición de mono – no dejaría heridos o muertos, si no que provocaría sonrisas o burlas ante los “click” “click” fallidos de su gatillo. Lo jodido es cuando el mono tiene pistolas con balas infinitas.

El gobierno ha llegado a un acuerdo con la oposición – quizá hablar con propiedad sería decir “Zapatero ha llegado a un acuerdo con Rajoy” – para acotar el techo de déficit público mediante la reforma de la Constitución. Me confieso verdadero ignorante del Constitucionalismo pero a mi modesto entender – obviamente equivocado – reformar la Carta Magna es un proceso complicado, laborioso y requiere cierto tiempo de consulta o reflexión.

La reforma se ha hecho en tres días.

Esto demuestra dos cosas: la primera que si hay voluntad la Constitución se puede reformar cuando nos dé la gana y la segunda que había cierta urgencia por hacerlo – urgencia generada por intereses o deseos que desconozco – .

Hay defensores y detractores de la medida. Por un lado están los neoliberales extremos – los mismos, no lo olvidemos, que siguen defendiendo ante la locura de la crisis que “los mercados se autorregulan solos” – la defienden y le dan la bienvenida aduciendo que esto facilitará la salida de la crisis, generará confianza en los mercados – los que se comportan como maníaco depresivos sin control -. Por otro, los menos liberales la critican y argumentan que ya en 1936 Keynes se cargó el paradigma del déficit cero, una vez hubo estudiado la Gran Depresión Estadounidense, manifestando que en ciertas situaciones, en vez de ahorrar, el Estado debe incrementar los gastos para impulsar el empleo y los ingresos de las administraciones. Se trataría de políticas expansivas, gastar para crecer en tiempos de crisis, que deberían ir acompañadas de políticas restrictivas en tiempos de bonanza, ahorrar para cuando venga la crisis.

Personalmente me inclino por los segundos.

Endeudarse en extremo nunca es bueno pero en ocasiones, necesitamos un efecto dinamizador, un impulso del consumo y el ejemplo del gasto de la administración será seguido por todos – empresas y familias incluidas – para reactivar la economía.

Lo que necesitamos son estrategas a largo plazo que consoliden la reactivación del consumo, en definitiva de la economía, no monos con dos pistolas que, para más inri, después de acabar con todos nosotros, se dispararán en el pie.

NOTA:
Querido lector
he cambiado la ubicación del Blog, por favor, accede directamente a

www.acortescaballero.com.

Gracias y disculpa las molestias.

Un saludo,

Andrés Cortés