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El concepto que los ciudadanos tienen de la política es según las encuestas el peor de los últimos años, los políticos son poco valorados y la creencia generalizada es que en política entra lo peor de cada casa; vagos, maleantes, chorizos o incompetentes que ante su inutilidad no ven más salida que la política.

No niego que la sabiduría popular emite en múltiples ocasiones juicios cargados precisamente de eso, de sabiduría. Pero otras veces incluir en el mismo saco a todos los componentes de un gremio – en este caso los políticos – no es justo.

Desde luego es absolutamente imposible permanecer impasible ante las burlas que algunos de los mal llamados servidores públicos nos regalan. Nos roban, se jactan de ello y encima te llaman tonto con total tranquilidad. Estos son los que manchan la digna profesión del que ha elegido representarnos y gestionar de manera honrada la responsabilidad y el dinero que hemos puesto en sus manos.

“los políticos son poco valorados y la creencia generalizada es que en política entra lo peor de cada casa”

No es operativo juntarnos todos en una plaza donde quepamos unos cuantos millones de ciudadanos con derecho a voto y decidamos a mano alzada qué hacemos con el país. Para eso se inventó un sistema – con sus ventajas e inconvenientes –  en el que delegamos en unos cuantos cientos de personas que se toman la molestia de dedicarse a la política.

En las últimas elecciones andaluzas un ciudadano expresó su desafección con sus representantes de una manera peculiar; en lugar de introducir un voto en la urna, metió en el sobre 50 euros y una nota en la que explicaba que era el pago en concepto de adelanto por el futuro robo que cualquiera de los posibles gobernantes electos cometería.

Tiene gracia, aunque sea en el fondo sea un poco triste.

“No es operativo juntarnos todos en una plaza donde quepamos unos cuantos millones de ciudadanos con derecho a voto y decidamos a mano alzada qué hacemos con el país.”

Es un botón de muestra de que a pesar de todos los escándalos, de que los sueldos bajen y los precios suban, de que se perdone la deuda a los defraudadores a la Hacienda Pública – es decir a todos nosotros -, de que los mensajes cambien y las caras permanezcan, del hartazgo y la desilusión, del miedo al incierto futuro… – podría seguir hasta el mes que viene -, la gente sigue conservando su sentido del humor.

Y más vale que acudamos a la sonrisa para sentarnos en la orilla a observar el tsunami que se cierne sobre nosotros.

Por lo menos nos reiremos, ¡Qué demonios!

Enlace: Un votante introduce 50 euros en lugar de la papeleta del voto

Trileros

Publicado: 5 marzo, 2012 en actualidad, opinión
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Los trileros consiguen sorprender en sus puestos callejeros a su audiencia utilizando principalmente una táctica muy sencilla: la de la distracción. Mientras estamos pendientes de los cubiletes que se mueven veloces en sus manos, pasando la bolita de uno a otro, sucede algo, un pequeño gesto, un codazo, un empujón, o una sonrisa, propiciados por los cómplices que rodean a la víctima, haciéndose pasar por transeúntes que como nosotros asisten con curiosidad al espectáculo. Es en ese medio segundo en el que desviamos la mirada, cuando recurren a su indiscutible habilidad manual para darnos el cambiazo. En ese momento estamos perdidos.

La táctica de desviar la atención es tan antigua como la humanidad, la utilizan los políticos, las personalidades públicas o cualquiera que quiera colarnos la bolita mientras miramos a otro lado.La utilizó Alfonso Guerra cuando presentó su dimisión – casualidad – el día después del inicio de la respuesta de Estados Unidos contra Irak en la primera Guerra del Golfo, allá por el 91.La utilizaron los franceses en 1.796 en su guerra contra Austria, cuando invadieron Italia – invasión de tremendo éxito, por cierto, liderada por el joven general Bonaparte –.

Se puede decir que es una táctica usual y extendida.

Ahora leo un tanto sorprendido que se incrementa la tensión entre el Reino Unido y Argentina por la disputa histórica que arrastran ambos países desde 1.833 en relación a las islas Malvinas/Falkland. Últimamente ha habido extraños movimientos militares por ambas partes que no sé en qué desembocará. Ahora un general británico, echando más leña al fuego, dice que si Argentina invadiera las Malvinas, Gran Bretaña no tendría a penas posibilidades de defenderlas.

Sospecho que tras estas declaraciones y las de la presidenta argentina, se esconden oscuras intenciones, elevar el tono del conflicto carece de sentido práctico y me temo que obedece a la clásica táctica del trilero, por una u otra parte – o por ambas – . El Reino Unido está sumido en una enorme crisis, como todos sabemos, ¿Qué mejor excusa para olvidar las medidas impopulares del gobierno, que unir a todos los británicos alrededor de las soflamas patrióticas para defender el terruño del Atlántico Sur? ¿Tal vez Cristina Fernández, por su parte, pretende hacer algo parecido?

Lo ignoro pero cosas peores se han visto.

Aquí lo importante es que aunque disfrutemos con la distracción – la Eurocopa, Mundiales, Nadal, etc… – tengamos claro cuál es el suelo que pisamos, la realidad que nos rodea y la crisis que amenaza con devorarnos. Podemos sonreír encandilados por la velocidad y la destreza del trilero, por la rubia del público que nos sonríe, pero no perdamos el foco, lo que está sucediendo – o al menos lo que nos afecta –  no está más allá de los cubiletes y sus manos, está justo ahí, en el tapete sucio de cuadros, donde tapa y destapa la bolita que no podemos perder de vista o lo perderemos todo.

Recomendado: Un general advierte de lo fácil que sería perder las Malvinas

Mientras escribo esto, los datos parecen confirman la aplastante mayoría del PP en las elecciones de esta noche, por lo que Mariano Rajoy es el nuevo presidente electo del gobierno de España. No sé si esto será mejor, peor o no sabe no contesta, sólo sé que necesitamos que alguien tome de una – piiiiiiiiiiii – vez las riendas del carro, el timón del barco, o cualquier otra desafortunada metáfora. Como según lo que se cuenta en los telediarios, vamos cuesta abajo y sin frenos, necesitamos al héroe de sombrero ladeado, chupa de cuero y látigo, que salte de la diligencia desbocada y controle a los caballos para que se detengan con suavidad. No quiero ser agorero, pero el chiringuito se quema y estamos todos dentro, ¿alguien tiene un extintor?

Ahora a los mandos del cacharro – vamos, de España –, que tiene una pinta horrorosa, soltando aceite, haciendo ruido y echando humo negro, negrísimo, por el tubo de escape, se encuentra Mariano, el del puro y la sorna gallega, el de la retranca y las respuestas que sé que está vocalizando – el sonido me llega al cerebro – pero que no significan nada.

“necesitamos al héroe de sombrero ladeado, chupa de cuero y látigo, que salte de la diligencia desbocada y controle a los caballos”

El jueves le preguntaban en una entrevista ¿Va a modificar la ley anti tabaco? Una pregunta que yo considero sencilla, sin matices, de un asunto que no es precisamente el más importante de los que, desde esta mañana, se desayunará durante cuatro años – con suerte para él –. Pues ni esa contestó con un rotundo “sí” o “no”, qué va, abusó del “depende”, el “quizá”, del “no es tan sencillo”, coño, Mariano, es tan fácil como decir lo que vas a hacer, campeón.

No digo que lo vaya a hacer peor que los que han salido – eso, sinceramente, es casi físicamente imposible – pero a mí por lo menos me gustaría saber qué me espera en los próximos meses o años. Igual es que soy un impaciente y sólo tengo que esperar a los decretos que caerán de todas las formas posibles sobre nuestras cabezas y según los gustos – lluvia de mayo, lluvia ácida, tormenta…etc. -.

Sí, es eso.

Mi impaciencia me hace desear que un partido diga claramente lo que va a hacer cuando gobierne, en la campaña electoral, ¡si es que no me entero de cómo funciona esto!

Parece fácil, me cuentan, se trata sólo de dejar que los acontecimientos fluyan – o revienten – y ya veremos cómo capeamos el temporal. Joder, que los planes de contingencia sólo los saben hacer los alemanes – su último plan lo han titulado “Salvemos nuestro pellejo, que bastante tenemos con esto y a Europa que le vayan preparando el responso” – , no podemos pedirle al olmo español peras alemanas.

Aunque tal vez deberíamos pedir al menos un poco de coherencia y sentido común, gabinetes de crisis, que tiren de gurús, que los hay, que se olviden de trabajar para asegurar su asiento y que apliquen las medidas necesarias, sino para superar, por lo menos para contener la sangría.

“tal vez deberíamos pedir al menos un poco de coherencia y sentido común”

Porque yo, que no sé nada de nada, tengo la impresión de que nos estamos desangrando y el líquido rojo y espeso cae por la alcantarilla mientras lo observo con ojos hipnotizados.

Madre mía, que Dios nos coja confesados.