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Nunca me he considerado ejemplo de nada, soy un tipo normal, con un trabajo normal, una familia normal, que en sus ratos libres escribe para expresarse y desfogarse un poco. En mi trato con las personas, procuro ser respetuoso con todos, independientemente de su condición social, raza o sexo. Mi actitud en casa es la que siempre he entendido como normal; participo en las tareas domésticas, con un reparto más o menos equitativo.

No he comprendido nunca el machismo, no concibo la discriminación aunque haya diferencias,  – porque diferencias las hay, para empezar tengo la teoría de que las mujeres en general son mucho más listas que los hombres – porque todos somos diferentes y únicos.

Las actitudes discriminatorias en general y machistas en particular, obedecen a una reacción agresiva ante el miedo al diferente, e históricamente, los hombres – como género, no como generalidad – , cargados de fuerza física sometieron a las mujeres precisamente haciendo uso de ella. La mayoría de las sociedades eran estructuras patriarcales donde anidaba el desprecio a la mujer, que se concebían simplemente como recipientes de horneado de nuevos bebés. A lo largo de los siglos, las religiones mayoritarias, mejor dicho, sus dirigentes, ahondaron en la diferencia entre hombres y mujeres de una manera vil y canalla, y la gente se dejó convencer, incluidas las mujeres, de que los hombres eran superiores.

En la sociedad occidental del siglo XXI sobre el papel no existe esa diferencia – lo que por supuesto en ocasiones es pura pose de falso progresismo – pero a diario compruebo que como si fuera algo atávico, algunos machos – en el sentido de macho de la especie humana – recuperan el machismo histórico y lo vomitan como una mala resaca. El caso más reciente de vómito son  las declaraciones del Expresidente de los españoles en el exterior José Manuel Castelao, cuando dijo “en un contexto personal” que “las leyes están para violarlas como a las mujeres”.

Y el hombre se quedó tan pancho.

No sé si el individuo en cuestión ha sentido en sus carnes una penetración no deseada – a lo mejor sí, y le va la marcha, es posible – pero estoy convencido de que ser forzado a tener sexo debe de ser una de las experiencias más duras y traumáticas, y ni siquiera bromeando tomando unas cañas con los amigotes deberían decirse esas cosas. Menos aun ostentando un cargo público de responsabilidad.

Al margen de ser una metedura de pata descomunal, el que a un hombre se le pase por la cabeza semejante animalada deja bien a las claras su categoría personal. No es concebible, ni en broma, ni en contextos personales, ni en ningún otro.

Mi indignación se mezcla con mi estupor al leer la noticia del intento de asesinato con un tiro en la cabeza de una niña pakistaní de catorce años por defender la educación de las mujeres en su país. Malala Yusufzai se ha convertido en una joven defensora de los derechos de las niñas de su país, porque ha sido educada en el seno de una familia culta – sus padres son maestros – y no entiende porqué hay quien se empeña en que los niños puedan ir a la escuela y las niñas no.

La educación es una herramienta para salir de la miseria, para abrir los ojos a la vida, para entender que no es normal que te maltraten, que te humillen, que te utilicen, que te violen…

Hay millones de niñas como Malala en todo el mundo, y la única posibilidad de que salgan de sus infiernos es concienciar a las sociedades, empezar desde muy temprano a equiparar la educación de niños y niñas, para que se conviertan en adultos razonables, pensantes y coherentes, que luchen contra esas injusticias.

Para que desprecien frases como las de José Manuel Castelao y nos las dejen pasar con una sonrisa de complicidad.

Ya no.

“Las leyes son como las mujeres, están para violarlas”

Una niña que promueve la educación en Pakistán, acallada a tiros por los talibanes

Un milagro vestido de corto

Publicado: 12 febrero, 2012 en actualidad, opinión
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Los médicos no se ponen de acuerdo en si en el estado de coma el paciente puede escuchar o percibir lo que sucede a su alrededor. Mi abuelo me contaba que en una ocasión en la que se debatió entre la vida y la muerte, soñó que bailaba con su abuela, ya fallecida.

Algunos doctores insisten en que a las personas en ese estado de suspensión vital hay que hablarles, animarles y hacerles saber que estamos ahí, apoyando y enviando vibraciones positivas para su curación. El estado de ánimo es indudablemente un pilar fundamental en la evolución de los pacientes. No digo que los optimistas se curen siempre ni que los pesimistas no lo hagan, pero sí influye positivamente la actitud frente a la enfermedad. Hay numerosos estudios que lo demuestran y apoyan las tesis de que la mente es un poderosísimo instrumento para controlar los procesos fisiológicos.

“Algunos doctores insisten en que a las personas en estado de suspensión vital hay que hablarles, animarles y hacerles saber que estamos ahí”

Toda esta parrafada pseudocientífica viene a colación de una bonita historia que me han contado hoy. El desesperado padre de una niña italiana que llevaba en coma dos semanas acudió al último recurso que se le ocurrió para buscar el milagro. Al parecer Giada de 12 años es fan del futbolista Alessandro del Piero y el padre, aferrándose a Dios sabe qué absurda esperanza, contactó con él, rogándole su intervención. El astro italiano, sin dudarlo, grabó un video con un mensaje de ánimo para su pequeña fan y se lo envió a la familia.

Y aquí viene lo increíble.

Justo después de que a la convaleciente Guiada le pusieran el video, despertó.

¿Casualidad? Probablemente. Sin embargo

¿Por qué no creer que la fe de la familia en que la voz de su ídolo podía de alguna manera hacer reaccionar a la chica “provocó” el feliz desenlace? ¿Y si Guiada en su inconsciencia percibió las vibraciones positivas, el deseo de recuperación por parte de sus padres, e incluso el de Del Piero? No creo que sea absurdo que un conjunto intenso de buenos deseos generen, de alguna manera que la ciencia aún desconoce, algún tipo de energía capaz de activar algo en el cerebro.

La cuestión objetiva es que la niña ha despertado de un coma que parecía irreversible y sus padres, que ya hablan de milagro, sólo saben que han recuperado a si hija.

“No creo que sea absurdo que un conjunto intenso de buenos deseos generen, de alguna manera que la ciencia aún desconoce, algún tipo de energía capaz de activar algo en el cerebro.”

Tal vez por procesos fisiológicos, mentales y físicos que no conocemos o, como ellos afirman, los milagros existen.

Sea como sea, este tipo de historias son las que hacen soportables el resto de malas noticias que nos sacuden día sí y día también. Hacerse eco de ellas, para que se nos instale, al menos por un instante, una sonrisa en el rostro, no es una opción, sino una obligación.

La voz de Del Piero despierta del coma a una niña de 12 años

Lo peor que hay en la vida es la ignorancia, porque la ignorancia permite crear seres humanos dóciles, imbuidos de miedo y supersticiones, incapaces de razonar para superar los propios terrores. He utilizado deliberadamente la palabra “crear” porque de alguna manera esas personas son moldeadas por terceros que los utilizan para sus propios fines, generalmente crematísticos. Importante aclarar que “ignorante” no significa iletrado, porque si algo he aprendido a lo largo de mi vida es que hay personas que apenas saben leer o escribir su propio nombre, con más sabiduría a sus espaldas que una decena de catedráticos de universidad.

El ignorante es crédulo, no contrasta, no duda, da por sentado las verdades que le hacen creer sin cuestionarlas, en definitiva es pobre de espíritu. Y estoy convencido de que se recrean en esta ausencia de saber, porque se escudan tras su parapeto de leyendas absurdas o creencias demenciales para mantener su vida a salvo… ¿a salvo de qué? ¿qué vida?

Una niña de siete años ha sido sacrificada en la India para mejorar la cosecha.

No es una broma, es una noticia real, cruda y brutal que como tú, he leído con los ojos abiertos como platos.

Joder.

Es que me quedo tan anonadado que se me acaban las palabras y lo peor es que en lugar de rebuscar posibles soluciones, se me agolpan en la mente otras noticias similares; niños violados en Africa porque así se cura el sida, Albinos asesinados para espantar a los malos espíritus… no sigo porque me estoy poniendo enfermo.

¿Qué escribir ante esto?

Sólo queda rogar para que las autoridades del país en cuestión – en este caso la India – actúen con firmeza, pero sobre todo de cara al futuro, que trabajen con los niños – los futuros ignorantes refugiados en la superstición – que eduquen, que enseñen, que cuenten, que abran mentes, que hagan comprender que casi todo tiene una explicación racional y que casi todo, si se conocen sus causas, puede combatirse o revertirse.

Y no dejo de ver la mirada limpia, feliz y cálida de mi sobrina, nacida en un mundo diferente al de esa pobre chiquilla y en cierta forma me siento un poco culpable por haber contribuido a ensanchar la diferencia entre ambos mundos.

Enlaces:

Sacrifican a una niña de siete años en la India para mejorar las cosechas

 

La parábola del buen samaritano se utiliza en el evangelio cristiano para ejemplarizar, dando a entender finalmente que el ciudadano peor considerado en la Palestina del siglo I – el natural de Samaria – era en realidad el que tenía mejor corazón y más humanidad que el resto, supuestamente superiores en condición a él.

Una noticia escalofriante sucedida en China me ha dejado absolutamente anonadado: una niña de corta edad ha sido atropellada por dos vehículos y durante un buen rato yació moribunda ante la mirada indiferente de los transeúntes y los demás conductores. Por supuesto los vehículos que la arrollaron no se detuvieron a auxiliarla. ¿Cómo es posible que en una sociedad – que no es más que un conjunto de seres humanos que comparten leyes, valores y entorno común – supuestamente moderna, pueda suceder esta atrocidad?

Como no he querido dar crédito a que en China – ni en cualquier otra parte del mundo – puedan existir personas tan desalmadas e insensibles, he buceado un poco por los periódicos a ver si encontraba una razón de fondo.

Y la hay.

Se llama miedo.

Al parecer en China es bastante frecuente que los ciudadanos que auxilien a otros en apuros se vean metidos en líos, se duda de sus versiones, se les acusa incluso de haber provocado las lesiones, son denunciados por las familias de los propios auxiliados…

Entonces la pregunta no es por qué no ayudan sino cómo demonios se permite que esto sea así. El pueblo chino es peculiar, extraño – desde el punto de vista de un occidental como yo – y se encuentra viviendo una suerte de rara dicotomía social: capitalismo feroz a nivel económico – feroz quiere decir mano de obra barata maltratada y libre mercado – y comunismo a nivel político, es decir, un partido único, una superestructura ideológica sólida y monocromática.

En China han sucedido cosas tan extrañas como la feliz idea de permitir por ley un solo hijo por familia, norma que se estableció sin contar con la cultura popular y milenaria que dotaba a las mujeres de valor cero frente a los varones. Consecuencia 1: centenares de miles de niñas asesinadas o abandonadas al nacer. Consecuencia 2: centenares de miles de hombres sin oportunidad de encontrar una mujer y formar una familia – se habla incluso de raptos en países limítrofes – .

Es decir, la idiosincrasia del pueblo chino es peculiar y cualquier medida o ley hay que calibrarla mucho antes de llevarla a cabo. Si los buenos samaritanos se sienten amenazados hasta tal punto que prefieren la indignidad de ver como una niña muere ante sus ojos sin mover un dedo, que las autoridades – tan dadas como hemos visto a promulgar leyes globales de comportamiento – hagan algo, pero por favor que no permitan que esto vuelva a suceder.

Es sumamente difícil extirpar las taras mentales, sobre todo las asociadas al miedo, pero es necesario que si los chinos quieren entrar en el siglo XXI – y no lo olvidemos, para bien o para mal, ellos van a ser los amos del siglo XXI en todos los sentidos – sin que el resto del mundo les consideremos una amenaza,  empiecen a hacerlo.

No es soportable asistir a un espectáculo en el que se pone de manifiesto hasta dónde puede llegar la brutalidad del alma humana, aunque sea por puro miedo.

Enlaces:

Polémica en China por la indiferencia ciudadana tras el atropello de una niña