Posts etiquetados ‘literatura’

Normalmente cuando escribo un artículo procuro no usar demasiados tacos – mi madre está al acecho para darme una colleja – y trato de usar sinónimos igualmente descriptivos pero no tan ofensivos. Así, el gilipollas se convierte en el obtuso, el cabrón en el desalmado, y el hijo de puta en el criminal. Sé que es lícito el uso de estas palabras desde el momento en el que la Real Academia de la Lengua las incluye en su diccionario, aunque esto es como todo, no son ni buenas ni malas, depende del uso que se les de.

Arturo Pérez Reverte (APR para abreviar) fue un reportero de guerra – siempre ha utilizado muy convenientemente esta pose del aventurero que ha visto morir a compañeros y ha asistido al horror de la guerra – , luego un presentador de un programa de casquería y morbo en televisión – nunca dejó de decir que no era de su gusto –, más tarde escritor de gran éxito – tengo varios de sus libros – y a día de hoy, Académico de la Lengua y columnista en el semanal del periódico ABC. Probablemente olvido decenas de méritos de su currículum, pero para hacerse una idea de los indiscutibles logros profesionales de APR es más que suficiente.

APR califica a la lectora y al que decidió publicar su carta como “tontos del culo”, “cantamañanas a los que se les hace el ojete agua de regaliz” o “gilipollas”.

Su visión crítica de la realidad coincide bastante con la mía, aunque discrepo bastante en el uso ofensivo y radical – en mi opinión – que habitualmente hace del lenguaje. APR no pone paños calientes a la hora de calificar a quien se le pase por la imaginación – políticos, escritores, periodistas, gente de la farándula, y ahora su última víctima, una persona anónima que ha publicado una carta quejándose del uso que se hace de la palabra “cáncer” – y dispara con munición gruesa.

La carta en cuestión ruega, con bastante educación, algo con lo que no estoy de acuerdo, que es que se deje de usar la palabra “cáncer” para describir situaciones negativas. La lectora que la envía comenta que perdió a su hermano hace años por culpa de la enfermedad.

APR, al igual que yo, no está de acuerdo con esta opinión, pero en lugar de exponerlo de una manera respetuosa desde la discrepancia, califica a la lectora y al que decidió publicar su carta como “tontos del culo”, “cantamañanas a los que se les hace el ojete agua de regaliz” o “gilipollas”.

No acabo de entender por qué ese afán de ofender, de hacer daño, de calificar de forma tan despreciativa a personas que podrán o no equivocarse, pero al fin y al cabo se merecen el mismo respeto que un académico de la lengua, afamado escritor y reportero.

No acabo de entender por qué ese afán de ofender, de hacer daño, de calificar de forma tan despreciativa a personas que podrán o no equivocarse, pero al fin y al cabo se merecen el mismo respeto que un académico de la lengua, afamado escritor y reportero.

Es probable que APR considere que llenar de mierda – mierda literaria – las páginas de su columna aumentan el número de lectores, ávidos tal vez de la sangre de una nueva víctima de la pluma afilada y viscosa del académico – .

A mi no me vale como excusa que te otorgue permisividad que hayas visto como le revientan el cráneo de un disparo a un niño en Sarajevo – lo siento por ti, amigo, haberte hecho contable – , o que estés de vuelta de todo – tropezarme con personas así me produce una honda tristeza – , porque como tú muchas veces escribes, te jodes, aprietas los dientes, te amarras los machos, y dejas al personal tranquilo con sus problemas, con sus opiniones, que bastante tienen con lo suyo como para aguantarte.

Y a estas alturas no sé si eres un cabrón o un gilipollas.

Enlaces:

El cáncer de la gilipollez (artículo de Arturo Pérez Reverte)

El cáncer de la gilipollez…y el gatillo fácil de Pérez-Reverte

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Querido lector,

Permíteme que hoy abuse de tu paciencia y te cuente algo personal, desde la más absoluta inmodestia.

Un día, un primo mío que es un auténtico artista, me propuso colaborar con él en la elaboración de un guión para una película que quería dirigir, y le rondaba por la mente. Me esbozó su idea, basada en un caso real, e inmediatamente me sedujo. Le devolví algunas páginas, muchas ideas, y quiero creer, un pequeño impulso inicial para ese estupendo guión en el que está trabajando, que estoy seguro acabará convirtiéndose en una magnífica obra de arte.

Este pequeño relato que te ofrezco, nace inspirado en la historia y es consecuencia de aquellas semanas en la que exprimí mi escaso ingenio.

Ahora, meses después, una asociación cultural ha considerado interesante tenerlo en cuenta y me ha otorgado la categoría de finalista.

Desde aquí, doy las gracias de todo corazón, porque estos pequeños regalos que uno se encuentra, llenan de color el gris empedrado.

Y ya, sin dar más la lata, te invito a que descargues y leas “fundido en negro”.

El Domingo 2 de Octubre asistí, dentro del VI Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas, a una interesante mesa redonda en la que dos escritoras – Montse de Paz y Virginia Pérez de la Puente – de Fantasía Épica exponían diversas ideas y opiniones acerca del papel de la mujer en la literatura.

Escuchándolas, traté de hacer retrospectiva conmigo mismo y preguntarme si alguna vez había clasificado yo a los escritores que leía, por su sexo. He de confesar que no. Nunca me he planteado si aquello que he leído era o no diferente en función de si había sido creado por una mujer o por un hombre. Mi bagaje literario es mucho menos extenso de lo que hubiera deseado, pero he tratado de leer casi cualquier cosa que cayera en mis manos y la única clasificación que he realizado mentalmente ha consistido en decidir si me gustaba o no.

Escuchando las intervenciones de los asistentes y las participantes, realicé el ejercicio de encontrar, a posteriori, elementos diferenciadores según el sexo, de los libros que he leído. Pero no fui capaz. En mi lista de escritoras las hay más sensibles, descarnadamente realistas, crueles, irónicas, sangrientas, suaves, áridas, amenas, aburridas y un largo etcétera de adjetivos que lo único que hacen es describir a un creador, no a un sexo. A raíz de este ejercicio, traté también de hacer un listado de mis libros favoritos y comprobar cuántos de ellos habían sido escritos por mujeres y, la verdad, hay unos cuantos.

Por citar algunas de las escritoras con cuyos libros he disfrutado enormemente: Almudena Grandes, Ana María Matute, Matilde Asensi, Anne Rice, J.K. Rowling, Katherine Neville…

A lo mejor carezco de la sensibilidad o la capacidad de percepción necesaria para encontrar ese matiz femenino diferenciador, pero la verdad, pienso que no existe. Un narrador de historias es alguien que se calza la piel de personajes, ya sean, ancianos, niños, mujeres, hombres, ricos o pobres, tratando de imaginar y recrear sus sentimientos, ideas, pensamientos o miedos. Es lo fascinante de esta pasión por escribir, nos permite sentir y asomarnos al mundo a través de los ojos de personajes tan diferentes a nosotros – de otro sexo incluido – que – al menos en mi caso – nos enriquece el alma y nos ayuda a entender, o como mínimo interpretar, esta vida tan extraña.

Al final, lo que importa no es si los libros que cargamos en la mochila del recuerdo los han escrito hombres o mujeres, sino lo que nos han hecho sentir o pensar, ya que, en definitiva, son los mimbres que han trenzado nuestra personalidad y nuestra forma de entender el mundo.

Referencias:

VI Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas

Web de Virginia Pérez de la Puente

Montse de Paz

Leyendo la prensa de ayer constaté que es más aterrador ojear el suplemento de negocios de un periódico que ver acercarse un tornado… estoy tan saturado de malos augurios que mi entrada de hoy se limita a desear que tengamos una semana tranquila y a recomendar – con total falta de inmodestia –  la lectura de alguno de mis relatos – aunque probablemente no contribuyan a levantar demasiado el animo – . Son muy cortos, ayudan a evadirse unos minutillos y me dicen que se leen sin demasiado esfuerzo -.


Gracias por estar ahí.

Relatos.