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Los obispos italianos critican la actitud licenciosa de Berlusconi con  las mujeres, sin embargo, su compañero de profesión, el Obispo Babini, dice que no está demostrado que se produjeran sus orgías y que en caso de que hubieran sucedido, es mucho peor la homosexualidad.

Hasta aquí la noticia.

He recibido cariñosas críticas por parte de una buena amiga por haber comentado una foto que Juan Pablo II se hizo con Pinochet, por lo que quizá no sea lo más inteligente por mi parte criticar a la Iglesia. Evidentemente no me considero lo suficientemente autorizado como para atreverme a criticar una institución tan vasta, que abarca desde el humilde cura que recorre las carreteras de los pueblos de El Salvador para celebrar misa, a un cardenal madrileño que viaja en Mercedes. No sería justo meter en el mismo saco a dos miembros tan distintos del grupo. Me limitaré a opinar sobre Babini y sus declaraciones homófobas.

No acabo de entender porqué algunos – insisto algunos – personajes ataviados de sotana están tan obsesionados con el sexo, más concretamente con las prácticas sexuales que ellos consideran “anormales”.

Entiendo que considerar a una mujer un mero objeto sexual con el que tener un orgasmo para a continuación gritar “que pase la siguiente” – eso es, al menos, lo que declara ufano este consumidor de viagra llamado Berlusconi – no es considerado por el tal Babini algo denigrante, humillante o criticable “es mucho peor ser homosexual” nos dice. ¿Está diciendo que es mucho peor amar a otra persona del mismo sexo? ¿Este señor no es de los que predica el reparto indiscriminado de amor? ¿El problema es cuando ya incluimos el sexo como parte de ese amor?

Podría decir que si expulsaran a todos los homosexuales de la iglesia católica, monseñor Babini se quedaría solo, pero no lo diré, porque eso sería especular sin tener datos fehacientes. No sería justo dar por cierto que necesariamente un grupo de hombres conviviendo juntos, reprimiendo el natural deseo sexual, se vean abocados a tener relaciones entre ellos. Dios me libre. En realidad, ni siquiera sería de mi incumbencia si eso sucediera así.

Lo que no me parece de recibo es la defensa feroz por parte de un miembro – insisto, uno – de la Iglesia, de un individuo misógino, machista, que se escuda en una supuesta masculinidad para otorgar a las mujeres la única utilidad que ser usadas para el sexo.

Tampoco entraría a valorar esa actitud íntima y personal de Berlusconi si no hubiera sido él mismo el que cantara a los cuatro vientos sus supuestas hazañas sexuales, sin ningún tipo de pudor y con elevadas dosis de mal gusto, con esas chicas – algunas de ellas menores de edad – .

Para acabar, exponer sólo un dato: hace poco se ha revisado la ley que en España permite mantener relaciones consentidas con una menor a partir de los trece años… a mí me parece una edad demasiado vulnerable y manipulable como para considerar que una chica tiene capacidad para decidir si quiere mantener relaciones sexuales, pero es una opinión personal, y sería objeto de un debate distinto.

Por cierto, está circulando por la red un rumor absolutamente falso que dice que en el Vaticano la ley permite que la edad de consentimiento sexual sea doce años. Es totalmente falso, el Vaticano se rige por las leyes italianas para temas no canónigos y, a día de hoy, esa edad es de 14 años.

Imagino que nunca será necesaria aplicarla.

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Edad de consentimiento sexual

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Hace tiempo comenté una foto en la que Barak Obana – actual adalid de la libertad y la democracia – saludaba afablemente a Muamar Gadaffi – actual ex-dictador demoníaco, símbolo de todos los males que asolan la Tierra – .

Estos días, de manera fortuita he tropezado con otra foto digna de mención. En ella dos personajes – ambos murieron plácidamente en sus camas – vestidos de blanco se saludan  amistosamente. El de la izquierda, embutido en uniforme plagado de botones dorados, luce un bigote bien arreglado y mira con cierto desafío al de la derecha. que, por su parte, muestra una sonrisa congelada que no sabemos si finalmente se tuerce en una mueca de desprecio – es todo lo que merece el de la izquierda – y viste un hábito blanquísimo.

El de la izquierda fue un genocida, un usurpador golpista y un asesino despiadado. Despachó a miles de demócratas lanzándolos en mitad del océano, o de una cadena montañosa, desde un avión. Desató un régimen brutal y sanguinario en el que la tortura era la antesala de la muerte… No me resisto a detallarles una de las mayores crueldades que se cuentan de sus esbirros… si lo prefieren dejen de leer.

A los desdichados que la sufrieron se les sentaba en una olla y se les ataba. La olla se calentaba… en su interior se colocaba una rata viva… ¿Divertido, verdad?

¿Sabría el de la derecha cuando estrechó la mano al de la izquierda todas estas barbaridades?

Si no lo sabía, como jefe de Estado que fue, era un irresponsable por no informarse de la catadura moral – su trabajo consistía en juzgar la catadura moral de los demás – de con quién se reunía; si lo sabía, era un hipócrita redomado.

¿De qué hablarían cuando se sentaran a tomar el té? ¿Del bonito día soleado? ¿De lo grandiosa que está tras la restauración la fachada de la Catedral de Santiago de Chile? ¿De lo bien que quedan ellos dos plantados frente al altar donde se venera la imagen de un hombre que – según el de la derecha predica – dio la vida asesinado por enfrentarse a gente como ellos?

No pretendo dar lecciones de ética ni mucho menos de moral católica – para eso está el sucesor del tipo de la derecha – pero a veces, basta tropezarse con una vieja fotografía para que se le remuevan a uno las tripas y le den ganas de gritar bien alto que al menos no nos tomen por idiotas.

Menos mal que siempre nos quedará Ibai y su vuelta al cole.

Recomiendo:

La foto

Ibai vuelve al cole

En su reciente visita a España el papa Ratzinger criticó el relativismo moral y, francamente, no acabo de entender la osadía de alguien que pretende distinguir lo blanco de lo negro o lo bueno de malo, sin matices. Entiendo el relativismo como la capacidad de añadir distintos filtros de gris a las verdades absolutas.

Las verdades absolutas me dan miedo porque, entre otras cosas, se corre el riesgo de que se las apropien los que se creen poseedores de la misma, es decir,  los intolerantes que tratan de imponer la suya. Durante dos milenios la Iglesia Católica impuso su verdad a través de los mandobles que sus mercenarios repartían a diestro y siniestro a herejes e infieles a cambio de una plaza garantizada en el Cielo. No admitían debate o réplica, la Verdad Única y Absoluta estaba por encima de todo.

Equivocadamente o no,  aplico a diario el relativismo y creo que muy pocas acciones, actitudes o creencias sociales o religiosas pueden clasificarse de manera inamovible en buenas o malas. Claramente hay situaciones que – al menos para mí – no admiten matices, pero quizá también respondan a mi herencia cultural y educativa y no a la absolutidad de la bondad o maldad de la situación. ¿Quién se considera capaz de decidir qué es bueno o malo?

Las sociedades se organizan cuando un grupo de individuos se reúnen y delegan en unos pocos la función de legislar, es decir, establecer unas normas de convivencia que todos debemos cumplir. Pero ni siquiera las leyes son absolutas, por eso existen los jueces que se encargan de interpretar el literal de la ley.

Leo que un sector de la iglesia austriaca está planteando la supresión del celibato.

El celibato religioso tuvo su origen en el siglo IX con el reinado de Carlomagno y en principio fue una cuestión práctica para impedir que los bienes y propiedades de los miembros eclesiásticos tuvieran ningún tipo de heredero por vía directa

Creo que el celibato, a día de hoy, representa un problema, más que una ventaja, para la propia Iglesia Católica. El ser humano necesita relacionarse espiritual y físicamente con otros seres humanos y reprimir esa necesidad nos deshumaniza y nos priva de experiencias enriquecedoras y maravillosas. El argumento de la elección voluntaria del celibato es, como poco, cuestionable. Claro que siempre queda la posibilidad de esgrimir “si no te gustan las reglas de mi club, no entres en él

¿A alguno de ustedes le preguntaron si quería entrar?

A mí no.

Referencias: Revuelta contra el celibato en Austria