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La imagen eterna del maravilloso cuento ¿infantil? “El Mago de Oz” es la sonrisa de Judy Garland, bailando y cantando abrazada a sus amigos, camino de Oz, por el camino de baldosas amarillas. La esperanza de que al final del camino – dorado pero plagado de obstáculos – encontrarán la recompensa, la solución a todos sus problemas, es la que les impele a caminar sin descanso hacia su destino.

La vida es un camino de baldosas amarillas, con la diferencia de que el final del recorrido es tan incierto que el propio viaje hacia él es lo que le da sentido.

A lo largo del camino encontramos dificultades y mi sensación es que cada vez tendemos más a eludirlas que a enfrentarlas con arrojo. Es más fácil sortear con un quiebro más o menos chapucero la puñalada trapera que nos lanza la vida que parar el golpe, o incluso coser la herida a posteriori. Eludir el conflicto no lleva más que a decepción y a acobardarnos hasta convertirnos en personas grises, en enanas marrones.

“La vida es un camino de baldosas amarillas, con la diferencia de que el final del recorrido es tan incierto que el propio viaje hacia él es lo que le da sentido.”

He leído un artículo antiguo pero impresionante. La historia de un niño adoptado, rechazado por sus padres adoptivos, que acabó en tragedia.

El chaval se suicidó.

Asumir un problema es difícil – el camino de baldosas amarillas se empina cruelmente – pero es lo que nos diferencia de las medusas que son seres que aparentemente vagan sin esperanza en un mar inmenso que es el principio y fin de sus anodinas vidas. No soy capaz de concebir “devolver” a un niño al que se supone que has decidido educar, proteger y querer, como si fuera un producto defectuoso. Probablemente aquí los defectuosos son los informes que otorgaron la idoneidad a los padres.

“Las cosas buenas no llueven del cielo ni suceden porque sí, hay que currárselas.”

En contraposición a este ejemplo existen multitud de finales felices en los que Dorothy llega a Oz y vuelve a casa. Como una pareja holandesa que vi en un reportaje que adoptó a un  niño brasileño. La dedicación y el amor que esos padres entregaban de una manera ilimitada, sin cotas ni condiciones, al pequeño, me conmovieron hasta la médula. Aquellos padres enfrentaron las dificultades – enormes – que tenía su hijo y asumieron que su obligación como padres era darle la oportunidad de superarlas.

Cada meandro del tortuoso – a veces – y largo camino que recorremos merecerá la pena si nos lo ganamos con coherencia. Las cosas buenas no llueven del cielo ni suceden porque sí, hay que currárselas.

Por eso, hay que imitar a Dorothy, mirar al arco iris, sonreír y cantar a pleno pulmón.

Al menos podremos exclamar “¡Qué nos quiten lo bailao!”

Artículo: Los sin esperanza de ser adoptados

Mi amigo Vicente es un hombre serio, de los que te cruzas por la calle y te saludan con un sonoro “Buenos días” aunque tú pretendas rehuir su mirada. Tiene un bigote poblado, de los de antes, que le hace parecer aún más serio y solemne. Es un hombre que habla normalmente sin levantar la voz y con un tono tan amable que cuando está enfadado contigo ni se nota. A lo mejor por eso mi amigo Vicente tuvo tantos problemas en su anterior trabajo. Le despidieron sin avisar, de repente, faltándole al respeto – que es lo que más le dolió a él – y tratándole como si no se hubiera dejado la piel en la empresa durante muchos años. Vicente se fue, con la cabeza bien alta y una herida que quizás jamás cicatrice. El tiempo pasó y Vicente encontró otro trabajo en el que tuvo éxitos tan grandes que una nación entera se rindió a sus pies. Vicente entra a un bar y todo el mundo quiere invitarle, saludarle, abrazarle o decirle que gracias a él se reconcilió con su idea de país, una marca exclusiva que algunos se habían atribuido indecentemente.

Ahora, cuando la gloria conseguida por Vicente se ha convertido en un recuerdo perenne en nuestros corazones, su antigua empresa ha decidido entregarle una insignia, como reconocimiento a toda su labor.

Pero Vicente la ha rechazado.

Sin elevar la voz ha dicho que es doloroso que te llamen “inútil” y aunque ha pasado página, no ha podido olvidarlo. Estoy seguro de que en su decisión, difícil y dolorosa, ha pesado más que la gloriosa historia del oferente de la insignia, el saber que tiene que dormir con su conciencia todas las noches, que es una cuestión de compromiso con uno mismo, de decencia.

Vicente se apellida del Bosque y es el entrenador que llevó a la selección de fútbol de España a la conquista del Mundial. Su antigua empresa es el Real Madrid.

El ejemplo de Del Bosque – a pesar de llamarle “amigo” no tengo el placer de conocerle en persona – es una buena muestra de la caballerosidad y honestidad que hoy día echo en falta en nuestra sociedad. Usualmente se valoran los malos modos, los gritos descalificadores y se premia la falta de respeto. Cuando asisto con los ojos como platos a los despropósitos televisivos en los que el ventilador que esparce la mierda es atizado por personas que no solamente no tienen bagaje cultural – cosa que tiene fácil remedio: basta con leer un poco – sino que – y esto tiene mucha peor solución – además carecen de la más mínima decencia, el sentimiento que me invade es principalmente tristeza. Porque, para bien o para mal, nuestros hijos pasan muchas horas delante de la caja tonta – recomiendo ver supernanny donde realmente la psicóloga a quien tiene que educar es a los padres y  no a los hijos – y los valores que están aprendiendo son más bien la ausencia de los mismos. Poseer una escala de valores es fundamental para que el día de mañana sean capaces de calibrar sus acciones y gestionar sus respuestas a lo que les pasará en la vida y una respuesta templada, equilibrada y educada como la de mi amigo Vicente siempre ayuda a humanizar y adecentar un poco más el día a día, que falta nos hace.

Enlace:

“Si te dicen que eres un inútil te sentirías dolido”

La parábola del buen samaritano se utiliza en el evangelio cristiano para ejemplarizar, dando a entender finalmente que el ciudadano peor considerado en la Palestina del siglo I – el natural de Samaria – era en realidad el que tenía mejor corazón y más humanidad que el resto, supuestamente superiores en condición a él.

Una noticia escalofriante sucedida en China me ha dejado absolutamente anonadado: una niña de corta edad ha sido atropellada por dos vehículos y durante un buen rato yació moribunda ante la mirada indiferente de los transeúntes y los demás conductores. Por supuesto los vehículos que la arrollaron no se detuvieron a auxiliarla. ¿Cómo es posible que en una sociedad – que no es más que un conjunto de seres humanos que comparten leyes, valores y entorno común – supuestamente moderna, pueda suceder esta atrocidad?

Como no he querido dar crédito a que en China – ni en cualquier otra parte del mundo – puedan existir personas tan desalmadas e insensibles, he buceado un poco por los periódicos a ver si encontraba una razón de fondo.

Y la hay.

Se llama miedo.

Al parecer en China es bastante frecuente que los ciudadanos que auxilien a otros en apuros se vean metidos en líos, se duda de sus versiones, se les acusa incluso de haber provocado las lesiones, son denunciados por las familias de los propios auxiliados…

Entonces la pregunta no es por qué no ayudan sino cómo demonios se permite que esto sea así. El pueblo chino es peculiar, extraño – desde el punto de vista de un occidental como yo – y se encuentra viviendo una suerte de rara dicotomía social: capitalismo feroz a nivel económico – feroz quiere decir mano de obra barata maltratada y libre mercado – y comunismo a nivel político, es decir, un partido único, una superestructura ideológica sólida y monocromática.

En China han sucedido cosas tan extrañas como la feliz idea de permitir por ley un solo hijo por familia, norma que se estableció sin contar con la cultura popular y milenaria que dotaba a las mujeres de valor cero frente a los varones. Consecuencia 1: centenares de miles de niñas asesinadas o abandonadas al nacer. Consecuencia 2: centenares de miles de hombres sin oportunidad de encontrar una mujer y formar una familia – se habla incluso de raptos en países limítrofes – .

Es decir, la idiosincrasia del pueblo chino es peculiar y cualquier medida o ley hay que calibrarla mucho antes de llevarla a cabo. Si los buenos samaritanos se sienten amenazados hasta tal punto que prefieren la indignidad de ver como una niña muere ante sus ojos sin mover un dedo, que las autoridades – tan dadas como hemos visto a promulgar leyes globales de comportamiento – hagan algo, pero por favor que no permitan que esto vuelva a suceder.

Es sumamente difícil extirpar las taras mentales, sobre todo las asociadas al miedo, pero es necesario que si los chinos quieren entrar en el siglo XXI – y no lo olvidemos, para bien o para mal, ellos van a ser los amos del siglo XXI en todos los sentidos – sin que el resto del mundo les consideremos una amenaza,  empiecen a hacerlo.

No es soportable asistir a un espectáculo en el que se pone de manifiesto hasta dónde puede llegar la brutalidad del alma humana, aunque sea por puro miedo.

Enlaces:

Polémica en China por la indiferencia ciudadana tras el atropello de una niña

Isaac Newton fue diputado en el Parlamento de Inglaterra y solamente intervino una vez. Se levantó bajo la mirada atenta y el silencio expectante de los demás miembros, ansiosos por escuchar las primeras – y a la postre, únicas – palabras del genio. Newton se aclaró la garganta y dijo: “Perdón, ¿podría alguien cerrar aquella ventana? Hay corriente de aire y se me puede caer la peluca”.

Esta anécdota es real y quizá represente otro de los grandes descubrimientos de Sir Newton: no merece la pena abrir la boca si no se tiene nada que decir.

Si la mayoría de nosotros aplicáramos esta máxima, estoy convencido de que el mundo sería un lugar mejor – o como mínimo menos ruidoso – . Claro que, por ejemplo, inventos como twitter perderían un poco de su esencia, porque es imposible decir o tuitear frases durante todo el día sin caer en alguna imbecilidad o banalidad – y que conste que soy un activo tuitero – . A la máxima newtoniana podría añadirse la frase de Mark Twain: “Es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente.”, cosa que algunos se empeñan – o nos empeñamos – en hacer constantemente – despejar las dudas sobre su imbecilidad, me refiero -. Ni que decir tiene que defiendo la libertad de expresión y la oratoria a capa y espada, pero es como cualquier actividad del ser humano, en exceso deja de ser útil y se convierte en una molestia.

El caso de un blog o página web es similar, cuando te comprometes a contar algo casi a diario, es difícil salvar todos los textos, estoy seguro de que mis lectores habrán detectado más de una estupidez vertida en esta página – y las que quedan – .

La prudencia y el silencio hoy día no se valoran, al contrario, parecen ser considerados defectos más que virtudes, es usual – está incluso bien visto – desnudarse mediáticamente –  a veces incluso literalmente – contando intimidades, mostrando imágenes familiares o personales. Pero yo me pregunto ¿es necesario que yo me entere de que mi vecino se comió un estofado en cierto mesón de la sierra y le sentó fatal y estuvo todo el día a base de manzanilla y almax? ¿Me aporta algo? ¿No sería incluso beneficioso para mí llegar a viejo sin saber que mi prima la del pueblo perdió su virginidad a los dieciséis en un Toyota Corolla?

Últimamente hay imaginativas campañas publicitarias para prevenir la falta de precaución – sobre todo por parte de los más jóvenes – a la hora de facilitar teléfonos, datos, información o cualquier otra cosa que consideren mostrable en las redes sociales. Aunque a veces no hay que asociar la falta de cuidado solamente a los jóvenes, me viene a la memoria la anécdota de la mujer del flamante nuevo máximo responsable del servicio secreto inglés – el MI6 – que ni corta ni perezosa publicó orgullosísima el nuevo puesto de su marido, junto a sus fotos en bañador, su dirección, los nombres  de sus hijos, los datos de sus amigos e incluso una extraña historia con nazis de por medio. Toda una demostración de que la discreción de Newton no le venía por nacionalidad – también hay ingleses bocazas- .

En resumidas cuentas el exceso de verborrea suele implicar un problema, así que no nos compliquemos hablando más de la cuenta, pero tampoco nos callemos como estatuas ante lo que sucede delante de nuestras narices, ya se sabe: en el equilibrio – más conocido como término medio – está la virtud.

Enlaces:

Anécdotas sobre Newton

La intimidad del jefe del MI6 en Facebook

He leído una interesante entrevista al escritor Santiago Posteguillo donde afirma sobre el protagonista de su nueva novela, el emperador Trajano, lo siguiente: “tuvo una gran capacidad de supervivencia en un entorno hostil. Respetaba a los subordinados. Era un gran militar, con agallas. Fue buen gobernante; en una época de gran crisis política, militar y económica supo sacar a Roma de ellas. Hizo política de empleo de manera quizá discutible, enviando a los parados de entonces a las legiones. Hoy habría sabido qué hacer”. En general, salvo lo de mandar a los parados a las legiones – a más de un avispado político ya se le habrá pasado por la cabeza – estoy bastante de acuerdo en que Trajano habría sabido qué hacer en estos tiempos de crisis.

Necesitamos – con urgencia – líderes que se aprieten los machos, cojan el toro por los cuernos y le echen imaginación y narices para sacarnos de esta. Porque, entre otras cosas, ellos nos metieron. Nos metieron cuando hicieron la vista gorda ante el brutal crecimiento de la construcción, sustentado principalmente por la creencia del falso valor de las cosas, llegando incluso a declarar en sus discursos que era bueno para España. Nos metieron cuando permitieron que el Banco de España mirara para otro lado cuando las entidades bancarias compraban hipotecas basura estadounidenses al mismo tiempo que incitaban a las familias a endeudarse sin pudor.

Ahora toca apechugar.

Han creado una Unión Europea que a todas luces es cualquier cosa menos una unión real. Distintas políticas económicas, distintas normas o distintas reglas de juego no pueden cohesionar un grupo de países que lo único que comparten es la moneda y el miedo a que tengamos que pagar entre todos el error de unos pocos.

El rescate a los bancos se justifica diciendo que sería peor que cayeran porque los usuarios se verían perjudicados. ¿Esto es realmente así? ¿No será peor mantener las carísimas estructuras de entidades que no son capaces de gestionar eficazmente nuestros ahorros? ¿No es un poco tener la cara más dura que el cemento armado acudir a las ayudas públicas cuando se hunden y no acordarse de nadie cuando ganaban millones de euros en operaciones arriesgadas a cuyas consecuencias se enfrentan ahora?

 No soy economista y realmente no entiendo casi nada de lo que pasa, sólo escucho a los expertos que hablan de recortes, de sacrificio, de aguantar el tirón con sueldos ridículos – que por cierto ya llevábamos aguantando en época de bonanza – y empleo precario y lo que me dan ganas es de salir a la calle y gritar que lo aguante su puta madre – perdón – .

No sé cuál es la solución, ni cuál es la mejor medida para combatir la crisis que el miedo a la propia crisis acentúa. Lo único que sé es que necesitamos que algún político se plante, deje de decir lo que quieren oír sus votantes para mantener el culo en el asiento y sea honesto, sincero, valiente y sobre todo imaginativo, para conseguir que salgamos de esta con vida.

No me hagan tener que gritar ¡Que vuelva Trajano!

Enlaces:

Trajano sabría cómo solucionar la crisis actual

Tenía varios temas en la recámara para empezar hoy calentito, disparando a diestro y siniestro. Uno de ellos versaba sobre un político nacionalista con apellido de eslogan de pilas de conejito que no tiene mejores cosas que hacer que decir sandeces sobre subsidiados alcohólicos de cierta región – no quiero dar pistas – en la que casualmente nací. Ayer publiqué un comentario a la entrada de otro blog (El Mariscal Bocanegra) que abordaba este asunto y argumenté que es mejor no hablar del tema para no darles bombo y acertadamente me rebatieron diciendo que “de alguna forma u otra habrá que dejarles claro que tampoco vamos a estar callados”. En cualquier caso, ya se ha hablado demasiado de este discurso que apesta a topicazo y demagogia derechona.

Otro asunto que también me ha tentado ha sido el de la exconsejera de la CAM (Caja de Ahorros del Mediterráneo), despedida por incompetente – iba a añadir “ladrona” pero el tema está bajo investigación – que blindó su contrato de manera que se aseguró una pensión vitalicia – es decir para toda la vida como los sueldos Nescafé – de 30.000 euros al mes – yo, confieso, hay días que no los gano  – . También descarté hablar de esto por motivos de salud, la bilis que iba a destilar la entrada podía provocarme una úlcera.

Al final he preferido hablar del científico judío Shechtman, flamante ganador del premio Nobel de Química por su descubrimiento – hace treinta años – de los cuasicristales. Durante buena parte de este tiempo Shechtman sufrió las mofas y los desprecios de algunos colegas que le tacharon de “cuasi científico” e idiota. ¿Y todo por qué? Porque su descubrimiento, que establece la existencia en los cristales, de estructuras – diferentes entre sí y he ahí el matiz revolucionario – que los conformarían. Es decir, la teoría significaría la existencia de configuraciones estructurales formadas por “ladrillos” todos diferentes entre sí, lo cual es una amenaza ya que “el descubrimiento de estas formas aperiódicas en la naturaleza ha producido un cambio de paradigma en los campos de la cristalografía”. En definitiva, supone resquebrajar los plácidos conceptos de la simetría en la naturaleza y por ende en los cerebros cuadriculados de determinados científicos.

Los cuasicristales son sólo un ejemplo de que la naturaleza – en el más amplio sentido de la palabra – es caos ordenado, es cambio, es repetición sin patrón, es azar…

Y esto quizá entronque con la existencia de conceptos no lógicos como el alma, el amor, etc. En mi opinión, lo que realmente nos está diciendo el descubrimiento de Shechtman es que el mundo, en el fondo, es tan imprevisible que está lleno de posibilidades infinitas, que cada uno de los momentos que vivimos son irrepetibles, únicos, y como tales deberíamos otorgarles la condición de sublimes y disfrutarlos como si fueran el último. Porque, de hecho lo son, puesto que jamás se repetirán.

El conjunto de nuestras vivencias son cuasicristales que conforman el cristal total al que llamamos vida y tal vez no deberíamos afanarnos en conseguir que encajaran como piezas perfectas de un puzle sino conformarnos – que no es poco – con pulirlas de manera que observadas con la perspectiva del tiempo podamos decir que las vivimos de la mejor manera posible.

Enlaces:

De las burlas al premio Nobel

Shechtman gana el Nobel 

Hoy os ofrezco un relato breve que escribí hace un par de días rememorando una antigua broma de juventud con cierta carga de paranoia.

Podéis descargarlo completo en el enlace de más abajo.

Espero que os guste.

Andrés.

La sensación

“Alex caminaba presuroso con las manos en los bolsillos, el otoño había llegado y el día comenzaba a declinar, cediendo el turno a la noche emergente. El viento frío removía los montones de hojas secas que inundaban las aceras, dotándolas de una efímera y caótica vida, zarandeándolas aleatoriamente. 

Alex miraba las puntas de sus zapatillas gastadas con la cabeza gacha, ignorando las ramas de los árboles que se inclinaban a su paso como si le rindieran pleitesía. Vista desde lejos, su figura grisácea y encogida parecía un elemento más de la ventosa tarde.

La calle estaba casi desierta y eran pocos los peatones que se exponían a las inclemencias del tiempo, de repente, como reforzando esta idea, comenzó a llover. Las gotas empezaron siendo pequeñas manchas oscuras en los huecos grises de acera que las hojas dejaban entrever y acabaron convirtiéndose en gruesos goterones que azotaban su rostro, empujados por el viento.

La figura se encogió un poco más y apretó el paso, ya de por sí vivo.

El pelo negro y largo del muchacho empezó a pegarse, húmedo, en la frente, la cara y el cuello, dándole un aspecto aún más descuidado. Alex guiñaba los ojos tratando de evitar el agua que ya era un torrente.

Comenzó a correr y entonces volvió a tener aquella sensación.

La sensación.”

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