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Familias ejemplares

Publicado: 29 diciembre, 2011 en actualidad, opinión
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No, no voy a hablar del duque y su regio suegro – para eso ya están los periódicos – sino de otros asuntos familiares que aunque no son Reales si muy pero que muy reales. Me refiero a dos en concreto, por un lado la familia formada por Carlos Fabra y su mujer. El expresidente de la diputación de Castellón llamado también “el hombre más afortunado de España” – ha ganado la lotería numerosas veces como si de un tramposo personaje de Regreso al Futuro se tratara – extiende su buena suerte a su cónyuge. Su mujer ha sido nombrada vicepresidenta de la referida Diputación – da la sensación de que allí los cargos se heredan – y cobrará 4.200 € mensuales.

Es curioso como los miembros del mismo partido que se ha negado a suprimir las diputaciones – el PP por si andan despistados – , a diferencia de su contrincante, sean los que recogen los ingentes frutos que les van regalando estas instituciones. Las diputaciones suponen gastos enormes que no repercuten en la misma medida en la que los consumen, aportando riqueza a la provincia. Se supone que son los “ayuntamientos de los ayuntamientos”, que aglutina en un órgano único y centralizado a las pequeñas poblaciones que no disponen de corporación propia – no me malinterpreten, la idea de partida es buena -, no obstante, tengo la certeza de que no sirven para nada. Al final – y lo cuento con conocimiento de causa – suponen un sobrecoste innecesario que – repito – no revierte en beneficio de nadie, salvo en los propios funcionarios, empleados y diputados. Durante varios años – creo que esto ya lo he contado anteriormente – he asistido con pavor a la indecencia de algunos trabajadores pertenecientes a la Diputación de Sevilla: no sólo no daban ni golpe, sino que además se pavoneaban de ello.

Estas sí que son las “reformas” – al nuevo ministro de Hacienda, Montoro, no le gusta la palabra “recorte” – necesarias para ajustar el gasto: evitar el dispendio desmedido y absurdo de instituciones obsoletas.

En fin.

La otra familia a la que quería nombrar hoy, el día después del de los inocentes, estuvo liderada por un caudillo sanguinario, fascista, con aires de semidios y encumbrado por el Nacional Catolicismo de mediados del siglo pasado: Francisco Franco Bahamonde.

¿Una historia olvidada? ¡Qué más quisiera yo! Hoy mismo me he enterado de que Franco sigue siendo presidente de honor de la diputación de Lugo, ya que anteayer fue rechazada – merced a la abstención del PP – una moción para revocar el nombramiento. Sería grotesco sino hubiera detrás una historia de fosas comunes, asesinatos en masa, campos de concentración y exilio.

La alargada sombra de la Dictadura sigue oscureciendo la democracia con estupideces como esta.

Espero al menos no tener que soportar ver más veces a la nieta del asesino bailando – y cobrando – en la televisión pública, sí, esa que pagamos todos.

Eso sí que sería para sublevarse.

Enlaces:

Memoria

La abstención del PP impide que se retiren las distinciones a Franco en Lugo

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Mi viaje fin de curso de octavo – no tengo muy claro si hoy día octavo equivale a segundo o tercero de ESO – fue un tanto extravagante. Fuimos a “Madrid y alrededores” y la visita organizada por mis profesores dejó de lado sitios tan fundamentales como el Museo del Prado, pero no olvidó el parque de atracciones o el museo de cera. A mí, la verdad, ver una réplica de un famoso a escala 1:1 – qué quieren que les diga – me trae al fresco. Mi única visita cultural en todo el viaje fue cuando en Toledo me empeñé, junto a un compañero que ahora es un extraordinario pintor, en ver el Entierro del Conde Orgaz del Greco.

Aunque el sitio más extraño, con diferencia, al que me llevaron mis profesores, fue al Valle de los Caídos. A mí los Caídos de pequeño me habían parecido unos entes sin rostro, que por alguna curiosa razón, habían “caído” por España. Ahora sé que se referían a una España “grande y libre” dominada por el fascismo en connivencia con la Iglesia Católica.

A mí el “grande y libre” se me atraganta porque imagino la plaza de Oriente y los miles de fanáticos alzando el brazo, en una mala imitación del fastuoso Tercer Reich de Hitler, rindiendo culto a un despiadado asesino.

Seguramente no soy objetivo, porque me he tragado casi en directo la transición, porque cuando murió, en su cama, el sanguinario dictador – el que me lo niegue que aporte pruebas de lo contrario -, yo tenía cuatro años y aunque no me enteraba de nada, algo en la atmósfera me impregnó el alma. En realidad, a medida que escribo, comprendo que no pretendo ser objetivo, porque ni puedo ni quiero. ¿Cómo ser objetivo cuando imagino las fosas comunes donde miles de inocentes fueron enterrados? ¿Cómo, si algunas fuentes aseguran que en los dieciocho años que duró la construcción del delirante monumento al fascismo católico en San Lorenzo del Escorial, murieron más de 27.000 personas?

“A mí el “grande y libre” se me atraganta porque imagino la plaza de Oriente y los miles de fanáticos alzando el brazo”

Las piedras majestuosas de la basílica –donde se apoya la cruz cristiana más alta del mundo – están cimentadas con la sangre y los huesos de los perdedores.

Ahora, que no me vendan que para que el Valle de los Caídos se convierta en un monumento nacional, símbolo de la reconciliación, o de la convivencia democrática, lo único que hay que hacer es trasladar los restos de Franco – cosa que por otra parte no va a suceder nunca, pues el Estado debe ceñirse a un acuerdo con la Iglesia, que tiene la última palabra sobre el traslado – .

Lo único que puede terminar con el amargo recuerdo de los que sufrieron en la guerra – que fueron de ambos bandos – es la muerte y el paso del tiempo.

Cuando no quede nadie que pueda recordar los ojos de espanto de su abuelo relatándole los horrores de la guerra, entonces quizá sea el momento de plantearse pasar página.

Y cuando eso suceda, por mí como si hacen una caldereta con los huesos del dictador, dinamitan la basílica y la convierten en un parque temático.

Esos sí, tendrá que ser un parque del Terror.

 Enlace: “El Valle de los Caídos solo podrá tener un significado democrático sin el cuerpo de Franco”

Hace unas semanas se produjo en un pueblo de Ávila un enfrentamiento entre vecinos, los que defendían recuperar los restos de fusilados republicanos de una tumba para trasladarlos a una fosa común y los que no. Confieso que me cuesta trabajo entender los argumentos de los primeros y trato de hacer el ejercicio de imaginar qué sentiría yo si mi abuelo estuviera enterrado en una cuneta junto a otras decenas de miles. No me considero una persona religiosa, pero reconozco que cuando mi abuelo murió – me encontraba fuera y no pude acudir a su entierro-, no fue hasta que no me presenté en el cementerio para decirle adiós cuando logré serenarme conmigo mismo.

Mi abuelo tuvo la suerte de luchar en el bando vencedor y en mi infancia la guerra (por supuesto la palabra “Civil” la añadí mucho más tarde) era una cosa abstracta en la que él no había pegado un sólo tiro (se encargaba de cablear las comunicaciones) y se le cayó una casa encima durante un bombardeo. Una abstracción histórica en la que los italianos cayeron como moscas en la vanguardia de cierta batalla que luego averigüé fue la de Guadalajara, recuerdo bien su cara de espanto al contar cómo los vio caer de cien en cien arrasados por las ráfagas de ametralladora.

De niño nunca llegué a plantearme quién era el bueno o el malo, tampoco me lo inculcaron, y con el tiempo formé mi propia opinión, supe del golpe de estado, de la dictadura de Franco… (un señor calvo y con bigote que murió cuando yo era un crío y que estaba en una urna de cristal). Ahora sé que fue un dictador frío y despiadado aliado con la Iglesia (la misma que ayer, en Madrid, recibió entre alabanzas a su líder con el dinero de todos) que aplastó a los vencidos durante cuarenta largos años.

Creo que lo mínimo que merecen las familias de los represaliados es dar una sepultura decente a sus muertos.

Un tío abuelo de mi mujer no tiene la suerte de poder ser enterrado, sus asesinos se encargaron de incinerarlo vivo en la plaza de toros de Badajoz, tenía dieciocho años y era agricultor.

El ayuntamiento de ese pueblo de Ávila quiere cometer la salvajada de recordar a sus fusilados repitiendo el acto ignominioso de lanzarlos a un hoyo anónimo, para que los huesos y cenizas de unos y otros se amontonen como basura que hay que enterrar para que no huela.

No puedo entenderlo.

No podremos hablar de cerrar capítulo, pasar página, mirar al futuro y demás convencionalismos, hasta que no apacigüemos el dolor – nunca remitirá del todo -, recordando, homenajeando o cincelando en una lápida el nombre de nuestro abuelo, de nuestro padre, de nuestro hermano… Entonces miraremos las letras rectas que conforman el único recuerdo de una vida arrancada por una guerra sangrienta y murmuraremos una plegaria, una poesía o un simple adiós.

Y los muertos, pero sobre todo los vivos, al fin, descansarán en paz.

 Referencias:

La masacre de Badajoz:  http://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_Badajoz

El alcalde de Poyales aviva el enfrentamiento: http://www.publico.es/especiales/memoriapublica/391149/el-alcalde-de-poyales-aviva-el-enfrentamiento

La batalla de Guadalajara: http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Guadalajara_(1937)