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Payasos

Publicado: 15 marzo, 2012 en actualidad, opinión
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Dos hombres encorbatados bromean, bueno, en realidad, mirando la foto parece que sólo uno de los dos se divierte: el que simula estrangular al otro. El estrangulado mira a su estrangulador con una falsa sonrisa y cara de pocos amigos, quizá pensando “¿le meto o no le meto?”, tal vez por un segundo recordó quién es, de dónde viene y se sintió como un paleto del sur de Europa, humillado y sometido a bromas estúpidas por el vecino rico del Norte. El estrangulado es feo, bajito y calvo, español de pura cepa, vamos. Le falta la boina y el bocata de chorizo para sentirse más idiota todavía bajo las manos del bromista, un hombre con aire recio, pelo blanco, nariz aguileña y gafas.

El del pelo blanco es oriundo de Luxemburgo, un país pequeño  – poco más de medio millón de habitantes –  y muy rico – 68.000 € de PIB per cápita. También es presidente del Eurogrupo, lo que viene a ser el presidente de turno de la unión europea y por tanto el portavoz temporal de Europa, es decir, es la persona que habla diciendo lo que le dicta Angela Merkel – esa suerte de gurú del suicidio económico – .

Y por lo que se ve en la foto, tiene la gracia donde las avispas.

De Guindos – ese es el nombre del ministro español de economía estrangulado – tiene que lidiar con una bestia económica que se lo tragará en unos meses y escupirá sus huesos si no espabila – aunque viendo la cara de idiota que se le queda cuando su compañero de parlamento le gasta la broma, me da la sensación de que durará poco, no parece un hombre de acción dura. La broma de Juncker – no es un vendedor de termos de baño, sino el primer ministro de Luxemburgo – parece premonitoria, parece querer decir “esto es lo que os espera chaval, os vamos a estrangular, vamos a impedir que podáis respirar, os vamos a obligar a recortar hasta del aire, tendréis que recaudar de debajo de las piedras” y De Guindos parece entender la indirecta, porque la cara que tiene es además de todo lo anterior, de puro susto.

Esta instantánea debería ganar un premio porque ha captado un instante sublime en el que dos políticos representan como mimos callejeros una escena que bien podría titularse “imaginando el futuro”.

Lo más lamentable de este gesto, que se podría quedar en una anécdota tonta y sin gracia, es que ha sido interpretado por dos de los responsables de salir de este desaguisado llamado Europa en crisis.

Y a mí, en vez de risa, me da grima.

Al menos podrían haber tenido la decencia de hacer el idiota en una barbacoa privada y no delante de las cámaras, que para payasos ya tenemos el circo.

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Conceptos básicos para entender (y poder escribir) esta entrada:

  • Agencia de calificación: Empresa dedicada – entre otras lucrativas tareas – a valorar y puntuar el riesgo financiero-económico de entidades (países, comunidades autónomas, otras empresas, etc.). Ejemplo: Standar and Poor’s, Moody’s.
  • Deuda soberana: Préstamo que los países piden (emiten) a cambio de devolverlo con intereses al cabo de un tiempo.
  • Prima de riesgo: Valor que las agencias de calificación dan a la capacidad de los países de devolver la deuda soberana emitida. La referencia es la prima alemana – debido a que Alemania es el país que supuestamente más posibilidades tiene de poder devolver la deuda en el tiempo establecido – . Ejemplo: si España tiene la prima de riesgo al 400 quiere decir que la capacidad de devolver su deuda que las agencias de calificación le otorgan es cuatrocientas veces – a groso modo – peor que la de Alemania.
  • Hipoteca basura (o subprime): Préstamo de alto riesgo que realiza un banco sin las debidas garantías de devolución.

Ahora hablemos de lobos que hacen de pastores.

Nadie en su sano juicio pondría a un lobo a cuidar de sus ovejas, pues su naturaleza le empujaría a devorarlas. Algo parecido sucede con las agencias de calificación. Estas entidades tienen varios deméritos en su currículum como para que no nos dejemos llevar por su criterio.

Primero: Fueron incapaces de detectar la quiebra de Lehman Brothers, una compañía de servicios financieros que gestionó las inversiones de millones de personas y arrastró en sus decisiones erráticas a numerosos bancos del mundo. Fue el detonante de la actual crisis mundial. Lehman Brothers ostentaba la máxima calificación de garantía – la triple A – otorgada por las agencias de calificación. Ver entrada La nueva era.

Segundo: Las agencias de calificación son socias de los grandes bancos, es decir, son dueñas de los propios bancos afectados por sus propias calificaciones. El lobo que cuida las ovejas. Es demencial.

Tercero: Calificaron con la triple A los productos basura fabricados para camuflar las hipotecas basura o subprime que se convirtieron en papel mojado y provocaron que los bancos perdieran miles de millones dólares en cascada. Estas pérdidas fueron las causantes de los infames rescates del capital bancario privado a costa de dinero público.

Ante este aluvión de despropósitos y errores en cadena, cometidos por las agencias de calificación, que nos han situado sobre una tabla de surf en un mar lleno de tiburones ¿no deberíamos habernos rebelado diciendo basta? Lo tenían que haber hecho nuestros políticos, que para eso les hemos votado, para que se lo curren, se planten ante los abusos y nos saquen de esta. Lamentablemente los dirigentes de los países solventes – ¿quién lo es hoy día? – no movieron un músculo de sus pétreos rostros cuando vieron como las fichas de dominó caían arrastrándose unas a otras, no regularon, no adoptaron medidas, no se bajaron del tren del terror de la locura, porque creyeron que la bruja de calificación no les daría un escobazo, pero ahora, cuando tienen la cara roja de tanto sopapo, se encienden y se ofenden.

Ahora, queridos míos, quizá sea demasiado tarde y sólo quede gritar cuando veamos la silueta del lobo que nos dará una dentellada que no podremos esquivar.

Enlaces :

–          Lehman Brothers en Wikipedia

–          Las agencias de calificación amenazan ahora al núcleo duro y disciplinado de la eurozona

Bruselas es la sede del parlamento europeo, la ciudad más aburrida de Europa según los turistas, repleta de funcionarios y políticos. También es la capital de Bélgica, un país con un nivel de vida alto y cuyos habitantes dan la imagen de ser un pueblo civilizado. De Bélgica conozco poco: el chocolate, el anterior rey, Balduino, porque estaba muy vinculado a mi ciudad de origen, Motril, donde falleció, y poco más. Siempre he considerado al belga un pueblo representativo del ideal del europeo y de la civilidad, no he estado en Bélgica pero puedo imaginar sus calles ordenadas, limpias y no demasiado ruidosas, con un tiempo gris que no invita a sentarse en las terrazas sino a compartir un café en el interior de un bar silencioso, como todos los de Europa central.

A pesar de todos estos tópicos, a principios del siglo XX los belgas fueron gobernados por un personaje cruel, genocida y déspota llamado Leopoldo II. Las ansias expansionistas y de riqueza de Leopoldo fueron tan grandes que se llevaron por delante la vida de diez millones de congoleños en cuarenta años – la mitad de la población del país – , unas cifras brutales y demoledoras que – al menos yo – desconocía por completo.

“Siempre he considerado al belga un pueblo representativo del ideal del europeo y de la civilidad”

La foto del contexto histórico y social de finales del siglo XIX y principios del XX podría resumirse en la típica imagen sepia del cazador-explorador blanco, posando con una enorme escopeta junto a varios nativos negros, pisando con sus botas pulcras el cuerpo de algún león u otro trofeo similar. Son los años de los grandes descubrimientos africanos, los exploradores surcaban sus ríos, lagos y cataratas, los arqueólogos nos abrían los ojos ante las maravillas de Egipto – que luego expondrían con una amplia sonrisa en los museos Europeos – . El expolio fue tan salvaje que para ver gran parte de las obras egipcias hay que acudir a Londres, París o Berlín – lo de los frisos del Partenón griego merece un capítulo aparte -. En cuestión de geografía impuesta, los europeos, incluidos los belgas, no se quedaron cortos. Si echamos un vistazo al mapa de África comprobaremos que abundan las fronteras de líneas perfectas, es casi un puzle cuadriculado trazado con escuadra y cartabón. El reparto que de África hicieron las grandes  potencias mundiales de finales del XIX, que es lo mismo que decir “que hicieron los europeos”, – sin tener en cuenta las tribus, la historia o el contexto africano – fue en gran medida responsable entre otras cosas de la primera guerra mundial y de la guerra civil – y su consecuente genocidio – de Ruanda en los años noventa.

Fue a esta inmunda carrera de colonización, invasión y expolio del continente africano a la que quiso apuntarse como participante destacado el genocida Leopoldo II, el rey de los belgas.

“Las ansias expansionistas y de riqueza de Leopoldo fueron tan grandes que se llevaron por delante la vida de diez millones de congoleños en cuarenta años.”

Tal y como recoge la Web ikuska.com “La historia de la explotación de los recursos económicos del Congo mientras fue propiedad de Leopoldo II, es una de las historias más sangrientas de la historia contemporánea. Mientras en Europa se dedicaba a rodear su obra de un aureola de altruismo, defensa del libre comercio y lucha contra el comercio de esclavos, iba dictando normas por las que expropiaba a los pueblos congoleños de todas sus tierras y recursos e incitaba a su ejército privado a servirse de todo tipo de torturas, secuestros y asesinatos para someter a la población a los trabajos forzados que, en un brevísimo periodo de tiempo, le convertiría en uno de los hombres más ricos del mundo.

La historia de Leopoldo el rey genocida es uno de los episodios más oscuros y olvidados de una Europa que disfrazada de civilizadora no escondía más que pura ambición a costa de los legítimos dueños de África. Aunque tristemente no es ninguna novedad. Recomiendo la magnífica película “Diamante de sangre” donde una escena refleja a la perfección lo que ha significado la civilización occidental para los africanos. En determinado momento, el protagonista se cruza con un nativo que le dice con una mirada devastada por el dolor “Pido a Dios que además de los diamantes no encuentren petróleo en nuestro país”.

Algún día deberíamos ser honestos con la historia y devolver a la maravillosa gente del continente africano todo lo que le quitamos.

Enlaces:

El fantasma del rey Leopoldo

Leopoldo II

El reparto de África