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Trayvon Martin es – era – un adolescente de 17 años afroamericano – es decir, estadounidense de piel negra – que murió asesinado hace tres semanas en Orlando – sede del parque de atracciones Disneyland – en el estado de Florida.

Fue tiroteado por un hombre blanco, vigilante armado voluntario del barrio, que le percibió como una amenaza por pasear encapuchado bajo la lluvia, armado con una bolsa de gominolas y un móvil.

Es absolutamente desasosegante comprobar que el concepto de libertad del país más rico del mundo sea equivalente a tener libertad para apretar el gatillo

Ahora, ese sujeto de piel blanca y clara como el día, ha sido puesto en libertad sin cargos, ya saben: “este es el país de la libertad y todo el mundo es inocente mientras no se demuestre lo contrario”. ¿Todo el mundo? ¿O solamente los WASP? (Blancos Anglosajones y Protestantes)

¿Fue Trayvon considerado inocente por su impune asesino?

Es absolutamente desasosegante comprobar que el concepto de libertad del país más rico del mundo, que posee y gestiona un arsenal atómico suficiente para destruir el mundo varias veces, sea equivalente a tener libertad para apretar el gatillo – si eres blanco, claro -.

Que no vengan vendiendo la convivencia multirracial; eso sólo sucede en determinados ámbitos y en ciudades muy concretas. El problema del racismo es casi universal, no se circunscribe a un país de 300 millones de habitantes, pero en Estados Unidos se agrava cuando cualquier tarado mental puede tener acceso a las armas. Si además, las leyes y las autoridades alimentan el concepto extremo de “legítima defensa” pues acontecen casos como los del infortunado Trayvon.

Creo que quizá todo puede resumirse en la cortedad de miras de mentes cerradas que no comprenden que a lo mejor las cosas no son cómo parecen o, al menos, no cómo ellos las perciben – recomiendo la visión del video que enlazo, de treinta segundos – . Y una mente cerrada es presa fácil de los prejuicios, y los prejuicios provocan equivocaciones constantemente.

En algunos casos, sin posibilidad de rectificación.

Descanse en paz, Trayvon Martin.

Video: The Guardian’s 1986 ‘Points of view’ advert

Noticia: Aumentan las protestas en EE UU por la muerte de un adolescente negro

Nunca entenderé a los Estados Unidos de América, un país multicultural y diverso, tan vasto y amplio como para que bajo su mismo manto de barras estrellas hayan nacido personas tan diferentes como George Bush (padre o hijo, escojan ustedes) o Martin Luther King. La cuna del rock y del neocreacionismo, donde puedes matar a tiros a alguien que entre sin permiso en tu jardín (tu propiedad) sin que te pase nada, pero no se te ocurra hacer topless en tu piscina y que te vea tu vecino – incluso en algunos estados, el sexo oral está prohibido, de manera que si alguien te observa a través de la ventana de tu casa realizándolo, está en su derecho legal de denunciarte -.

Esto es Estados Unidos, un inmenso crisol de opiniones y corrientes divergentes, aunque sus ciudadanos,  sin embargo, tienen un mayor sentido de nación de lo que podamos tener los europeos jamás. No importa que hayan nacido en la América más profunda o en el Nueva York urbanita, el ciudadano americano se considera hermanado con sus compatriotas de una forma muy intensa que hemos podido comprobar muchas veces a través de su cine – la mayor arma propagandística que haya existido jamás -.

“En algunos estados el sexo oral está prohibido, de manera que si alguien te observa a través de la ventana de tu casa realizándolo, está en su derecho legal de denunciarte”

En este contexto de nación contradictoria, extrañamente hermanada y diversa a la vez, me topo de bruces en la prensa con una noticia que me ha impresionado. Trata sobre la publicación de un polémico manual – muy popular entre los cristianos evangélicos que educan a sus hijos en sus propios hogares – donde se enseñan las “buenas prácticas” del castigo físico a los hijos. Lo sorprendente es que la publicación del libro no es algo novedoso, sino que ha saltado a la palestra a raíz de la muerte de una niña a manos de sus padres, supuestamente inspirados por la lectura del macabro manual.

No es lícito juzgar a una nación entera – tal y como comento, enorme y repleta de infinidad de matices – por el comportamiento de algunos de sus ciudadanos, pero no deja de llamarme la atención la perversa obsesión de la opinión pública norteamericana, o sus legisladores, con temas como el sexo y su laxitud frente a otros asuntos como la violencia, por ejemplo. Todavía recuerdo espantado una de las escenas más brutales que he visto de la guerra – aún en marcha aunque no en el foco mediático – de Irak: unos soldados estadounidenses entraban en una casa – que no era más que una única habitación – y disparaban a quemarropa a todos sus habitantes, que estaban tumbados, tapados con mantas. Pero lo que más me aterrorizó no fue la imagen, de por sí dura, de aquellos chiquillos estadounidenses asesinando civiles desarmados, sino la edición del telediario americano: pusieron pitidos para que los niños no oyeran los tacos que proferían los soldados.

“No deja de llamarme la atención la perversa obsesión de la opinión pública norteamericana, o sus legisladores, con temas como el sexo y su laxitud frente a otros como la violencia”

Esa es la doble moral, oscura y cavernaria, que me da miedo del país, autodenominado de la libertad. Aunque supongo que se refieren a la libertad de partirle la cara como mejor te parezca a un niño o de pegarle un tiro a cualquiera que trate de robarte, eso sí, mátale educadamente y no se te ocurra cometer la osadía de enseñarle una teta o insultarle mientras lo haces, estarías cometiendo un delito.

Enlaces:

Un polémico manual pone a prueba los límites del castigo físico en EE UU

Mañana a esta hora Troy Davis estará muerto.

Troy Davis es un preso negro – odio la palabra de color ¿de qué color? – condenado a muerte en Estados Unidos por matar – supuestamente –  a un policía en 1989.

Los datos demuestran que la pena de muerte no reduce el índice de criminalidad. El criminal nunca piensa que le van a detener, por lo que no es una medida disuasoria.

Los números también indican que – en Estados Unidos en concreto – el sistema judicial está montado de forma que favorece a quien puede permitirse un buen abogado. El porcentaje de personas sin recursos económicos, pertenecientes a minorías étnicas, a los que a menudo se les aplica juicios injustos, en los que se plantean dudas sobre la culpabilidad de los condenados, u otras irregularidades, es abrumadoramente alto.

Otro dato: desde que Davis fue condenado, noventa (90) personas condenadas a muerte han sido excarceladas al demostrarse su inocencia, en la mayoría de los casos tras penosos procesos que han durado años y han costado cientos de miles de dólares a sus familias.

Pero todo esto sólo serían argumentos objetivos para estar en contra de la pena de muerte, un sistema manifiestamente ineficaz de lucha contra la criminalidad, en cualquier caso, sinceramente, no me importa si este hombre es inocente o culpable – siete de los nueve testigos se ha retractado – porque estoy absolutamente en contra de la pena de muerte.

Sin necesidad de razonamientos numéricos, sin datos aplastantes que apoyen su abolición… porque estar en contra de la pena de muerte es estarlo incluso cuando el acusado es culpable.

Sí.

Culpable.

Culpable de matar y violar a una niña, por poner un ejemplo muy duro.

Creo que la vida es el bien más precioso que tiene un ser humano y no me considero capaz de decidir objetivamente que una persona deba dejar de vivir.

Y claro, si demagógicamente me preguntan ¿Y si le hacen algo a un hijo tuyo?

La respuesta es obvia… pero eso no sería justicia, si no venganza.

No es cierto que todas las personas puedan reinsertarse o recuperarse para volver a convivir en sociedad después de cometer una atrocidad, eso sería el País de las Maravillas de Alicia… pero eso no quiere decir que tengamos que erigirnos en jueces supremos decidiendo si debe continuar o no respirando.

Al menos así lo veo yo.

¿Cadena perpetua? No tengo respuesta para eso.

Lo que sí tengo claro es que el ojo por ojo sólo desemboca en una espiral de venganza institucionalizada que convierte al sistema en un ejecutor aséptico.

Recomiendo ver la película “Pena de muerte” donde no se pone en duda la culpabilidad del reo condenado, es culpable y además un monstruo, un ser despreciable. Pero a través de los ojos de una monja que trata de reconfortarle en sus últimos instantes, asistimos a un proceso tan frío y aséptico, tan deshumanizado, que nos hace comprender que los verdaderos monstruos son los ejecutores del procedimiento.

Al fin y al cabo estamos poniendo fin a una vida humana.

Y ahora… quedan poco más de veinticuatro horas para que Troy Davis deje de existir.

Referencias:

Una polémica ejecución en Georgia agita Estados Unidos

Muerte por discriminación. Informe de Amnistía internacional.

Troy Davis: Culpable hasta que se demuestre lo contrario

Los historiadores eligen determinados acontecimientos – a posteriori evidentemente – que marcan cambios de ciclo o era. Así, por ejemplo, el 14 de Julio de 1789 cuando el pueblo de París asaltó la prisión de la Bastilla se acababa de fraguar el inicio de la Era Moderna. De la misma manera, desde mi punto de vista, lo que aconteció el 11 de Septiembre de 2001 en Nueva York con el atentado de las torres gemelas fue el verdadero inicio del Siglo XXI, de una nueva  era – ¿espacial? ¿post moderna? ¿tercer milenaria?  – en la historia de la humanidad. Generalmente,  además, los sucesos de la Historia con mayúsculas tienen consecuencias – inmediatas o no – en los que acontecen posteriormente. Así, los atentados del 11S pueden incluso considerarse como el embrión culpable de la actual crisis económica y por lo tanto de nuestro futuro a medio y, me atrevería incluso a decir, a largo plazo.

Me explicaré.

Los terribles atentados sumieron en una depresión colectiva a los Estados Unidos, el consumo se resintió, las bolsas colapsaron y la actividad económica se frenó en seco al estamparse la sociedad americana de manera brutal contra el muro de la realidad, que no era otra que la vulnerabilidad del país más grande y poderoso – o eso creían – del mundo. Era imposible, pero un puñado de fanáticos había conseguido llevar a cabo una matanza en suelo estadounidense. Y en directo, delante de millones de espectadores, lo cual multiplicó el efecto psicológico. De manera que ante semejante panorama, las autoridades políticas y económicas del país decidieron que había que detener como fuera toda la bola de nieve que arrastraba la economía de manera imparable. Por aquel entonces Alan Greenspan presidía la Reserva Federal (Banco Central) de los EEUU y entre él y George W. Bush diseñaron la estrategia que reactivara la economía. Una de las medidas adoptadas fue una gran bajada de los tipos de interés. El dinero era tan barato que los bancos se animaron a prestarlo e incitaron a las familias a endeudarse – era muy fácil devolverlo después – más y más. Se formalizaron millones de hipotecas que luego se llamarían basura (subprime en inglés) con una cláusula muy especial: si alguien no podía pagar – cosa impensable por aquel entonces – podría saldar su deuda con la entrega de la vivienda.  Años después, cuando los tipos subieron y el pago de la deuda se hizo imposible para las familias, el sonido más terrorífico que oirían los banqueros sería el clin-clin de los llaveros cayendo en masa sobre sus mesas de caoba. Para aumentar el nivel de inflamabilidad del sistema financiero, los Bancos Europeos compraron gran parte de aquellas deudas, es decir, se convirtieron en acreedores de los norteamericanos hipotecados. El ingrediente que remató la situación fue que  grupos inversores emplearon el dinero de los fondos de pensiones de cientos de miles de clientes para hacer lo mismo que los europeos: comprar mierda que luego no podrían colocar en ningún sitio.

Y la bola de nieve creció y creció y todo el sistema tan bonito que habíamos montado se desmoronó (esta frase creo haberla usado en otra entrada) como un castillo de naipes… Y ahora seguimos – y seguiremos al menos varios años más – pagando las consecuencias.

Resulta fascinante – no por hermoso, si no por terrible – asistir a las caídas de las fichas del dominó de la historia que sucesivamente desembocan en la caída de otras fichas… lo malo es cuando estamos debajo y los acontecimientos nos aplastan.

Enlaces de interés :

Los atentados del 11-S

La Crisis de las subprime