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Primera parte de la historia: Año 2004, Tindyebwa un chaval Ruandés de 16 años, exniño soldado, padre fallecido de sida, madre y hermana desaparecidas, huye de la guerra gracias a una organización humanitaria y acaba durmiendo debajo de un puente en Londres.

Segunda parte de la historia: Año 2012, Tindyebwa es licenciado en Ciencias Políticas, tiene un postgrado en Derechos Humanos y recorre el mundo dando conferencias, denunciando los abusos – que son muchos – y defendiendo causas humanitarias.

¿Qué ha pasado en estos ocho años para que haya acontecido este milagro imposible?

Pues algo tan fortuito como maravilloso; en la vida de Tindyebwa se cruzó la generosidad de una familia británica que además de un gran corazón contaba con posibilidades económicas. Conmovidos por la historia del chaval, decidieron que pasara con ellos y su hija de 12 años la Navidad. El resto de la historia es tan simple como que aquel gesto de amor se convirtió en un compromiso de vida. Tindyebwa fue adoptado por el matrimonio y su destino cambió.

La madre – la de ahora, la otra, probablemente yace en cualquier fosa común del genocidio ruandés junto a su hija – es una conocida figura pública, absolutamente comprometida con la lucha por los derechos humanos y junto a su hijo viaja como embajadora de Ayuda en Acción. Eso ha hecho que Tindyebwa siguiera su ejemplo y ahora dedique su vida a lo mejor que sabe hacer; contar su historia y mirar a los que están en la situación en la que él estuvo con los ojos cargados de imágenes atroces de sangre y fuego, para decirles que aún hay esperanza. Que la salida no está en drogarse, coger un Kalashnikov y forrar de plomo a familias enteras. Que no tienen porqué someterse a los dictados del señor de la guerra de turno, normalmente educado en las mismas universidades europeas que Tindyebwa, para que sean marionetas ejecutoras que salvaguarden el expolio o la explotación de los países más devastados del planeta.

El compromiso de Tindyebwa se ha visto motivado y reforzado por el ejemplo de su madre y debería servirnos para comprender que las cosas no hay que aceptarlas como vienen, que siempre se puede luchar, con mejor o peor suerte, pero que a la postre lo único que importa es que actuemos sin rendirnos, con dignidad y coherencia.

Es lo único que importa.

Por cierto, la madre adoptiva del chaval se llama Emma Thompson y es una conocida actriz ganadora de dos Oscar, dos Globos de Oro y dos premios Bafta.

Enlace: “El reverso humanitario”

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Bruselas es la sede del parlamento europeo, la ciudad más aburrida de Europa según los turistas, repleta de funcionarios y políticos. También es la capital de Bélgica, un país con un nivel de vida alto y cuyos habitantes dan la imagen de ser un pueblo civilizado. De Bélgica conozco poco: el chocolate, el anterior rey, Balduino, porque estaba muy vinculado a mi ciudad de origen, Motril, donde falleció, y poco más. Siempre he considerado al belga un pueblo representativo del ideal del europeo y de la civilidad, no he estado en Bélgica pero puedo imaginar sus calles ordenadas, limpias y no demasiado ruidosas, con un tiempo gris que no invita a sentarse en las terrazas sino a compartir un café en el interior de un bar silencioso, como todos los de Europa central.

A pesar de todos estos tópicos, a principios del siglo XX los belgas fueron gobernados por un personaje cruel, genocida y déspota llamado Leopoldo II. Las ansias expansionistas y de riqueza de Leopoldo fueron tan grandes que se llevaron por delante la vida de diez millones de congoleños en cuarenta años – la mitad de la población del país – , unas cifras brutales y demoledoras que – al menos yo – desconocía por completo.

“Siempre he considerado al belga un pueblo representativo del ideal del europeo y de la civilidad”

La foto del contexto histórico y social de finales del siglo XIX y principios del XX podría resumirse en la típica imagen sepia del cazador-explorador blanco, posando con una enorme escopeta junto a varios nativos negros, pisando con sus botas pulcras el cuerpo de algún león u otro trofeo similar. Son los años de los grandes descubrimientos africanos, los exploradores surcaban sus ríos, lagos y cataratas, los arqueólogos nos abrían los ojos ante las maravillas de Egipto – que luego expondrían con una amplia sonrisa en los museos Europeos – . El expolio fue tan salvaje que para ver gran parte de las obras egipcias hay que acudir a Londres, París o Berlín – lo de los frisos del Partenón griego merece un capítulo aparte -. En cuestión de geografía impuesta, los europeos, incluidos los belgas, no se quedaron cortos. Si echamos un vistazo al mapa de África comprobaremos que abundan las fronteras de líneas perfectas, es casi un puzle cuadriculado trazado con escuadra y cartabón. El reparto que de África hicieron las grandes  potencias mundiales de finales del XIX, que es lo mismo que decir “que hicieron los europeos”, – sin tener en cuenta las tribus, la historia o el contexto africano – fue en gran medida responsable entre otras cosas de la primera guerra mundial y de la guerra civil – y su consecuente genocidio – de Ruanda en los años noventa.

Fue a esta inmunda carrera de colonización, invasión y expolio del continente africano a la que quiso apuntarse como participante destacado el genocida Leopoldo II, el rey de los belgas.

“Las ansias expansionistas y de riqueza de Leopoldo fueron tan grandes que se llevaron por delante la vida de diez millones de congoleños en cuarenta años.”

Tal y como recoge la Web ikuska.com “La historia de la explotación de los recursos económicos del Congo mientras fue propiedad de Leopoldo II, es una de las historias más sangrientas de la historia contemporánea. Mientras en Europa se dedicaba a rodear su obra de un aureola de altruismo, defensa del libre comercio y lucha contra el comercio de esclavos, iba dictando normas por las que expropiaba a los pueblos congoleños de todas sus tierras y recursos e incitaba a su ejército privado a servirse de todo tipo de torturas, secuestros y asesinatos para someter a la población a los trabajos forzados que, en un brevísimo periodo de tiempo, le convertiría en uno de los hombres más ricos del mundo.

La historia de Leopoldo el rey genocida es uno de los episodios más oscuros y olvidados de una Europa que disfrazada de civilizadora no escondía más que pura ambición a costa de los legítimos dueños de África. Aunque tristemente no es ninguna novedad. Recomiendo la magnífica película “Diamante de sangre” donde una escena refleja a la perfección lo que ha significado la civilización occidental para los africanos. En determinado momento, el protagonista se cruza con un nativo que le dice con una mirada devastada por el dolor “Pido a Dios que además de los diamantes no encuentren petróleo en nuestro país”.

Algún día deberíamos ser honestos con la historia y devolver a la maravillosa gente del continente africano todo lo que le quitamos.

Enlaces:

El fantasma del rey Leopoldo

Leopoldo II

El reparto de África

Leyendo el estremecedor reportaje de Jon Sistiaga sobre las barbaridades que les hacen a los albinos en algunos lugares de Africa no he podido evitar acordarme de mi entrada “Azar” y en lo injusta que es la lotería de la vida.

Observo crecer a mis sobrinos, rodeados de cariño, de atenciones y de oportunidades y me juro a mí mismo que trataré de conseguir que esos niños sean conscientes de que lo que tienen no lo tienen por derecho, si no por puro azar, intentaré explicarles que han de hacerse dignos de las venturas que la Vida ha tenido a bien ofrecerles y que deben valorarlas y apreciarlas.

Si todos -los que tenemos la obligación de serlo- fuésemos conscientes del privilegio del que disfrutamos en determinados momentos, tal vez desarrollaríamos la capacidad de  ponernos en la piel del otro y mirar con ojo ajeno el mundo que nos rodea.

Si desmenuzamos los detalles alrededor de una persona que vive en la calle, por ejemplo, nos sorprenderemos de la cantidad de cosas en común que tenemos con ella. Alguna vez hubo una esposa y unos hijos, un trabajo, un préstamo o una hipoteca, un deseo de prosperar… Y por alguna extraña razón, azarosa en muchos casos, todo el techado se viene abajo sepultándonos, hundiéndonos en la indiferencia de los transeúntes que vuelven la mirada y arrugan la nariz ante el olor.

Creo que me repito cuando digo que la vida es muchísimo más sencilla de lo que nos empeñamos con verdadero ahínco en complicar.

Todo se reduce a compartir sentimientos, afectos, experiencias y a crecer como personas a lo largo de los años.

Pero estas palabras son absurdas si nos asomamos al abismo existencial al que se enfrentan los perdedores de la Lotería del Azar.

¿Es imaginable el inmenso dolor de una madre que ve morir a su hijo de hambre? ¿O la desesperación de un ciudadano de Kabul? ¿O la esperanza que puede tener en el futuro un niño sahariano de doce años que vuelve al campo de refugiados en el desierto tras sus últimas -para siempre- vacaciones en España con una familia de acogida?

¿Es éticamente exigible algún tipo de compromiso a estas personas que se limitan a luchar a diario para seguir viviendo? La exigencia debe hacerse a cada uno de nosotros, a nuestro inmovilismo mental… no nos comportemos como enanas marrones, sacudamos un poco – no pidamos milagros – nuestras conciencias y hagamos algo, por pequeño e insignificante que nos pueda parecer.

El qué y el cómo ayudemos a luchar contra el Azar está en cada uno de nosotros.

Referencia : Blancos de la magia negra – Jon Sistiaga

Azar

Publicado: 10 agosto, 2011 en actualidad, opinión
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Día cero en Madrid: un bebé blanco y sonrosado nace en un hospital público, atendido por varias enfermeras, una matrona y un ginecólogo.

Día cero en Mogadisho: un bebé de piel negra nace en una chabola, atendido por su abuela y algunas mujeres del entorno familiar.

A los tres días de vida, el primer bebé duerme en su cuna, mimado y querido por un numeroso grupo de adultos que se desviven para que crezca sano, confortable y feliz.

A los tres días de vida, el segundo bebé viaja en el regazo de su madre durante casi veinte días, bajo un sol abrasador, pasando hambre, hacia un campamento de refugiados donde se hacinan cien mil personas. Es su última esperanza.

La historia del primer bebé es bien conocida por todos, crecerá, se formará, tomará sus propias decisiones acerca de su destino y cuando sea adulto será lo que quiera ser si aprovecha las incontables oportunidades que le brinda la sociedad. Esperanza de vida: 80 años.

El segundo bebé con suerte será atendido antes de morir de inanición por un médico occidental que trabaja para una ONG y sobrevivirá. Probablemente tenga secuelas de por vida por la malnutrición de su madre durante el embarazo y los días de penuria sufridos. Esperanza de vida : 48 años.

Si el segundo bebé consigue crecer y llegar a la adolescencia, si es hombre – si es mujer casi seguro que será violada y esclavizada o entregada por sus padres a un hombre que la maltratará de por vida -, cuando sea consciente de la vida que le espera, tratará de eludir a la guerrilla para no convertirse en un niño-soldado, cruzará el desierto caminando con los ahorros que haya podido reunir e intentará conseguir una plaza en una patera que zarpe de Marruecos hacia Europa. Si no se ahoga y no le intercepta la Guardia Civil llegará a las costas españolas donde huirá como un zorro acosado por los perros hacia el interior. Con suerte llegará a una ciudad como Sevilla y se plantará delante de ti en un semáforo con una sonrisa de oreja a oreja para tratar de conseguir unos euros.

El azar le ha llevado hasta ese momento, hasta ti, hasta el blanco que se ha dejado llevar por el oleaje favorable de una vida llena de oportunidades y riqueza.

¿Qué vas a hacer? ¿Ni siquiera devolverle la sonrisa aunque no le des nada? ¿No dignarte ni a mirarle? Deberías ver tu reflejo bien alimentado en esos ojos enrojecidos por la falta de sueño que te miran risueños.

¿Qué hacemos? ¿Subimos la ventanilla para que ni siquiera nos toque y la música ahogue su saludo?

La próxima vez que te quejes por tener que levantarte a las 7:00 para ir a trabajar, piensa un poco, sé consciente de la suerte que el Azar ha querido regalarte y disfruta de ella con moderación.

¿Quién ha dicho que la merezcamos?

Intermón Oxfam – Emergencia en el cuerno de África: http://www.intermonoxfam.org/es/page.asp?id=2291

NOTA:
Querido lector
he cambiado la ubicación del Blog, por favor, accede directamente a

www.acortescaballero.com.

Gracias y disculpa las molestias.

Un saludo,

Andrés Cortés