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Futuro

Publicado: 1 enero, 2012 en opinión, Personal
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Esa es la primera palabra que he querido teclear al sentarme delante del portátil por primera vez este nuevo año. Porque el futuro está ahí, en algunos casos cerniéndose sobre nosotros como una sombra amenazadora, pero en realidad sólo es cuestión de percepción o de perspectiva.

Me cuentan en la radio que los periódicos se hacen eco de las peticiones del nuevo “querido líder” de Corea del Norte en forma de salvajada, “debéis ser los escudos humanos del líder”. Viniendo del amo supremo del cuarto ejército más potente del mundo – el más peligroso por su situación geoestratégica y la posesión de armamento nuclear – da un poco de repelús.

También me hablan de que la economía va a ir a peor y que este año va a ser todavía más duro – lo dice Merkel, lo dice la onubense ministra de empleo: “nos han dejado un país en la ruina social y económica” – .

Sin embargo, hoy quiero refugiarme calentito en mi candidez, en mi optimismo infundado, y escuchar a otros. Escuchar la voz maravillosa, prístina, limpia y pura, de una cantante de dieciséis años, Andrea Motis, que utiliza su talento con la maestría de un genio. Esta mañana he sido abrazado por la melodía del jazz, del blues o de un villancico, cantados por ella.

Hoy quiero perderme en la imagen – vivida anoche – de una niña de dos años y medio, comiéndose por primera vez las uvas, sonriendo feliz mientras gritaba “¡Feliz año nuevo!”.

O dejarme arrullar por la optimista entrada de un locutor de radio, que esta mañana ha arrancado su programa recordándome que esto va a ir a mejor porque siempre lo ha hecho, que el futuro será mejor porque todos los futuros de la humanidad han sido siempre mejores, y que ahora somos conscientes del dolor, porque somos una humanidad mejor, que se preocupa de la ausencia de felicidad en el resto.

Y mi futuro abandonaba la forma de una sombra negra, de garras retorcidas, y se tornaba alegría, esperanza y felicidad.

Porque lo mejor del futuro es que por mucho que nos empeñemos – por mucho que se empeñen – en lo contrario, es un papel en blanco lleno de maravillosas posibilidades. Luchemos por llenarlo de frases de tinta de colores que nos regalen el alma. Esforcémonos por moldearlo a nuestro antojo, porque siempre ha sido así: el futuro lo escribo yo, lo escribes tú, y que no te nieguen esa capacidad, porque te estarán  mintiendo deliberadamente para que te escondas en tu miedo y poder manipularte a su antojo.

No nos controlan y ese es su verdadero miedo: que lo descubramos.

El futuro es nuestro, abramos nuestras manos y agarrémoslo con fuerza.

Recomedado: Vídeo de Andrea Motis

El 2011 – ¡ya era hora! – llega a su fin.

Es tiempo de hacer balance, aunque a veces no apetezca echar la vista atrás para recordar. Ha sido un año duro, estresante, lleno de un sordo rumor que continuamente nos recordaba que el tsunami se cernía sobre nosotros imparable.

En mi caso no puedo quejarme y cruzo los dedos: mantengo el trabajo, la salud bien, el amor muy bien y bueno, de dinero, mejor no hablar.

El 2012 se presenta como un año lleno de incertidumbre pero también de proyectos ilusionantes, uno de ellos con total probabilidad me quitará parte de tiempo, por lo que me espaciaré un poco más a la hora de publicar – pido perdón por anticipado – aunque trataré de seguir molestándote y obligándote a enlazar con estas líneas, si no a diario, casi, no lo dudes.

Dentro de las cosas buenas que me han pasado en 2011 está este pequeño y modesto proyecto que mi corta imaginación bautizó como acortescaballero.com y en el que ahora te encuentras. Gracias por estar ahí, por cierto.

Como casi colofón al 2011 que acaba, te invito a leer o a releer, según el caso, la entrada más leída de todas, la que más veces ha sido compartida y una de las que más orgulloso me siento.

Se llama Azar.

Leer Azar.

El calendario astronómico más preciso de la historia de la humanidad es el que diseñaron los antiguos habitantes de Mesoamérica: los Mayas. El calendario maya supera en precisión al de los Egipcios y por supuesto al actual Gregoriano por el que nos guiamos. Además, tiene una particularidad, la fecha de sus previsiones astronómicas finaliza un día concreto. El 21 de diciembre de 2012. Algunos amantes de las profecías catastróficas alientan la idea de que los mayas vaticinaron el fin del mundo. Otros, más optimistas, sin dejar de mirar por el rabillo del ojo a esa fecha, apuntan la posibilidad de que los mayas anunciaran un fin de ciclo.

No sé si los mayas desarrollaron su impresionante civilización – tan contradictoria como para tener enormes conocimientos astronómicos pero no usar la rueda a pesar de conocerla – hasta límites tan increíbles como para predecir fines del mundo o de ciclo pero, la cuestión, es que vivimos tiempos extraños y desconocidos en los que suceden cosas que invitan a pensar que tal vez estaban en lo cierto.

El fin del mundo que conocemos tal y como lo conocemos, está al caer.

Los analistas – una multitud de articulistas y contertulios que como los voceros de la edad media lanzan sus profecías a diestro y siniestro – no dejan de decirlo: asistimos al fin de una era, la era en la que los países ricos alentaron el nacimiento y la prosperidad de una clase media acomodada y feliz, en la que los ciudadanos occidentales atábamos los perros con longanizas y los gestores de lo público – los políticos – derrochaban a manos llenas nuestro dinero realizando obras faraónicas inservibles o en la que los bancos nos concedían créditos presentando como aval la tapa de un yogurt.

Ese mundo está llegando a su fin.

De manera progresiva se está desmoronando el sistema ficticio que tan cuidadosamente inventamos para sostener nuestra ficticia riqueza – recomiendo ver el video Españistán – y el tiempo se está encargando de poner a cada uno en sus sitio – salvo a los ricos, que simplemente hacen lo que siempre han hecho, aumentar la brecha económica entre ellos y los demás -.

Al margen de esta montaña rusa de gráficos que son las terroríficas páginas salmón de los periódicos, sí que es cierto que suceden cosas extrañas que – sin dejar de ser curiosidades – pueden alimentar las calenturientas mentes de los fantasiosos amantes de las señales proféticas.

Por ejemplo, al parecer, un experimento en el CERN – el acelerador de partículas situado en Suiza – cuestiona la teoría de la relatividad de Einstein. Habrá quien se pregunte qué demonios tiene que ver eso con una señal del fin de los tiempos. Bueno, en realidad, el experimento podría significar, entre otras cosas, literalmente el fin del tiempo. Del tiempo tal y como lo concibió Einstein. Según su teoría, sería posible un hipotético viaje al futuro, pero gracias a la invariabilidad – ahora puesta en duda por el experimento – de la velocidad de la luz, sería absolutamente imposible un viaje al pasado, lo cual ahora pone en duda el resultado del experimento.

Por explicarlo de una forma simple, lo que ha sucedido en Suiza es que unas partículas – los neutrinos, que según cuentan los físicos, son invisibles y prácticamente indetectables – han viajado más rápido que la luz, lo que violaría la teoría de Einstein que tenía como sólida premisa  por encima de cualquier otra cosa, que la velocidad de la luz en el vacío era una constante universal, es decir, un valor máximo insuperable, fijo y eterno.

Pero sin entrar a explicar los intríngulis de las implicaciones del experimento, la principal consecuencia – de confirmarse su validez – es que incluso la constante más universal de todos los tiempos podría ser variable.

Lo cual podría interpretarse como un ejemplo del signo de estos tiempos: no hay nada fijo, todo está sujeto a cambio.

Tal vez mi abuela, como los mayas, sabía muy bien de qué hablaba cuando interpretaba las señales de los tiempos y mirándome con ojos acuosos me decía: “Es la fin del mundo Andresito”.

referencias:

Los mayas y el fin del mundo

Experimento neutrinos

Españistán