El precio del amor

Publicado: 7 noviembre, 2012 en actualidad, opinión
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Siempre he creído en el amor, y he tenido la inmensa suerte de experimentarlo, de darlo y recibirlo. Nunca he sido un idealista, pero considero que la vida es lo suficientemente complicada y está llena de problemas, como para cometer la estupidez de convertir las relaciones en otro problema más. Amar a alguien incondicionalmente está por encima de distancias, del físico, o de la orientación sexual. Si fuésemos capaces de abstraernos y rebajar al extremo más sencillo el amor, nos encontraríamos simplemente con dos personas que se quieren.

Ni más ni menos.

Luchar contra ello es absurdo.

En determinados países y en determinados contextos sociales y religiosos, ser homosexual es un grave problema tanto para la persona que lo declara como para su familia. En algunos países se castiga incluso con la muerte. Es comprensible que algunos padres se asusten, y quieran proteger a sus hijos. Lo que no soy capaz de entender es que las familias estén más preocupadas por el “qué dirán” que por la felicidad de sus hijos.

la vida es lo suficientemente complicada y está llena de problemas, como para cometer la estupidez de convertir las relaciones en otro problema más

Ya resulta difícil declararse homosexual en un país supuestamente tolerante y moderno como el nuestro, como para que la familia en lugar de un apoyo sea un obstáculo.

Leo una noticia curiosa y terrible a la vez; un millonario de Hong Kong ofrece 50 millones de euros al hombre que consiga conquistar y casarse con su hija lesbiana.

Siento pena por ambos, por él, por ser incapaz de aceptar la realidad y luche contra ella a costa de reducir a lo insignificante el deseo de ser feliz de su propia hija, y por ella, por tener que sufrir a un padre que no trata de entenderla.

En determinados países y en determinados contextos sociales y religiosos, ser homosexual es un grave problema tanto para la persona que lo declara como para su familia

Cuando una persona muy cercana a mí, a la que quiero muchísimo, me dijo que tenía una relación con alguien de su mismo sexo, lo que experimenté fue una honda preocupación por su felicidad, por si sería capaz de aguantar el peso de las miradas ignorantes y crueles ancladas en el siglo pasado que todavía se pasean – cada vez menos afortunadamente – por las plazas de España. Sin embargo, inmediatamente comprendí que la única mirada válida es la del verdadero amor, y que enfrentados a ella, todas las demás sobran.

El magnate asiático debería revisar sus prioridades y anteponer la felicidad de su hija a cualquier otra, especialmente a la suya propia.

No se puede poner precio al amor.

Enlace: Un magnate de Hong Kong ofrece 50 millones al hombre que se case con su hija lesbiana

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