El hijo transparente

Publicado: 23 agosto, 2012 en actualidad, opinión, Personal
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Ayer, una mujer colombiana me relató la historia de su hijo. Nació con 24 semanas de gestación, un tamaño menor que el de un gatito, con la piel tan fina que se le podían ver los órganos y los huesecitos. “Mi hijo era transparente”, me cuenta el padre.

La madre relata orgullosa como solicitó a los médicos que – tras quince días de incubadora – se lo entregaran, “para criarlo yo”, ante la oposición de los médicos.

Construí una incubadora artificial, y mi hijo creció apoyado en mi pecho, cubierto de algodones, a base de leche y agua de espinacas”.

Un mes después, la madre se lo llevó al médico que no daba crédito ante el magnífico aspecto del bebé.

Ahora es un tiarrón de quince años, que come por siete y juega al fútbol.

Es esperanzador y motivador escuchar historias de este calibre, que le reconcilian a uno con la vida, con las ganas de luchar, con la fuerza de unos padres, y con la ilusión.

Seguramente la madre de Milton Hall también luchó por sacar adelante a su hijo, con peor suerte que mi conocida colombiana, pues acabó siendo un sin techo, enfermo mental, que vivía de la caridad de los vecinos de Michigan.

El uno de julio seis policías de esta ciudad – ante el peligro para sus vidas que supuso la actitud de Milton, borracho como una cuba, que les amenazó con un cuchillo – le descerrajaron cuarenta y seis disparos en cinco segundos.

Milton era un ser transparente para la policía.

Su existencia transcurría invisible ante la mirada de la gente, el típico sin techo maloliente, sucio y vociferante. Ante cuya visión desviamos la vista, arrugamos la nariz, y seguimos charlando por nuestros flamantes smartphones de cuatrocientos euros.

A lo peor ni siquiera podemos evitar creernos mejor que Milton, pensamos que algo habrá hecho mal para verse en esa situación: drogas, malas influencias, un padre maltratador, y un joven descarriado…

Nadie tiene derecho a juzgar a otro ser humano.

Tal vez Milton empezó a hacerse transparente en el colegio, tal vez su enfermedad mental le aisló de unos compañeros crueles, en una sociedad extremadamente competitiva – la primera vez que escuché la palabra “perdedor” como insulto fue en una película estadounidense -.

Los perdedores se van encerrando en sí mismos hasta ser completamente transparentes, y a lo peor no tienen la suerte de contar con una madre coraje, luchadora, una madre que les arrope entre algodones en su pecho, para que puedan sobrevivir.

Yo en breve tendré la oportunidad de arropar así a una personita, y evitaré que se convierta en transparente, estará feliz y llena de color, y el mundo será un lugar mejor porque estará ella.

Enlace: La policía de Michigan mata de 46 disparos a un ‘sin techo’ enfermo mental  

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