El fin del mundo según Evo

Publicado: 2 agosto, 2012 en actualidad, opinión
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Creo haber hablado alguna vez de mi profesor de Física en segundo de carrera, un tipo duro, serio, educado y rígido. Vicente Martín del Río, alias Manglano (no me pregunten por qué),  fue uno de mis mejores profesores en la carrera. Manglano llegaba el primer día de clase serio como un ajo, callado, con la mirada dura, los labios apretados. Su presencia imponía silencio y respeto, sin que le fuera necesario alzar la voz. Nos soltaba un discurso que casi era una bronca, en el que desgranaba sus normas, su estilo, en el que nos advertía de que él no toleraba la falta de educación ni de respeto, nos decía que era un profesor exigente, y que al primero que exigía era a sí mismo, y que siempre cumpliría las reglas del juego.

Algunos compañeros le insultaban y despotricaban de él a sus espaldas, y yo nunca pude entenderlo, porque Vicente era de los pocos que veías venir, de los que no te doraban la píldora, de los que te hablaban con claridad meridiana, rayando la crudeza. Nunca te sorprendía, sin dobleces, sin las falsas promesas de los falsos profesores “colegas”.

Dios nos guarde de los falsos, porque de los honestos, aunque sean duros, ya me guardo yo.

Los políticos demagogos son como los profesores colegas, te dicen siempre lo que quieres oír, te alaban, te comprenden, se ponen en tu lugar, te apoyan, sienten tus fracasos… y luego, cuando más confiado estás, cuando de verdad has creído sus palabras, has creído que trabajan para ti, que piensan en tu bienestar, ¡ZAS! Sueltan el estacazo, en todos los morros, rompiendo tus labios abiertos en una sonrisa.

Y de esas traiciones es difícil recuperarse.

La demagogia se alimenta de ignorancia y penurias, y de eso, en Bolivia hay toneladas. Evo Morales, el controvertido presidente del país, se empeña en anunciar medidas de dudoso calado económico, o mejor dicho, de dudoso beneficio a medio y largo plazo, para su país, pero que resuenan como el gong estridente de un agorero. Ataviado con sus jerséis de vivos colores y su sonrisa, el presidente ensalza las ventajas de las nacionalizaciones. Pero nacionalizar empresas tiene acerados matices, ¿quién se atreverá a apostar por invertir en Bolivia temiendo una futura expropiación? Está claro que las empresas no son almas caritativas, pero el tejido económico de un país que históricamente ha dependido del cultivo de la coca, para su posterior exportación, o de las inversiones extranjeras, no va a mejorar si no permite la generación de confianza, sobre todo de los posibles inversores.

Compartir beneficios que redunden en Bolivia no implica cerrar radicalmente la puerta a que las empresas sean privadas, en el término medio está la virtud.

Pero los demagogos, sobre todo los que se autoproclaman como enviado por los pobres, no entienden de términos medios, sólo viven su propia megalomanía ilusoria, su propia historia inventada por ellos mismos, con un final feliz imposible.

Ahora, el buen Evo, anuncia que el fin del mundo de los Mayas, el 21 de diciembre de 2012, no va a significar otra cosa que la prohibición de consumir Coca-Cola en su país.

A lo mejor los Mayas lo sabían hace milenios o quizás simplemente, ellos prefirieran la Pepsi.

Enlace: Bolivia anuncia una nueva era sin capitalismo ni Coca-Cola

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