Archivos para junio, 2012

Anteayer, pocas horas antes de la Semifinal de la Eurocopa jugada por España, recibí un email con este sugerente título. En el correo lanzaban, a modo de frases impactantes, una serie de consignas con el fin – infiero – de despertar conciencias adormecidas. El autor trazaba un paralelismo entre la importancia que se le da a los triunfos de la Selección en la Eurocopa y la que le damos a los problemas reales del país (paro, hundimiento bancario, rescate, etc).

A pesar de mi casi total adhesión a muchas de las opiniones vertidas en el correo, creo que ante una posterior revisión crítica, se comprueba que su redactor, había caído en algo en lo que usualmente todos caemos: mezclar churras con merinas.

No creo que alegrarse de que once tipos en pantalón corto ganen un torneo deportivo representando a España tenga mucho que ver con la prima de riesgo, las políticas suicidas y austeras, o el propio paro.

Si bien es cierto que desde que el hombre es hombre los poderosos han tratado de desviar la atención de lo realmente importante con fuegos de artificio (el Circo Romano por ejemplo) para que el pueblo no se quejara mucho, no lo es menos que en esta sociedad actual la información nos llega – incluso aunque nos neguemos  a ello –  a través de decenas de medios que nos informan puntual e insistentemente de la cruda realidad.

Incluso hay aplicaciones móviles que actualizan la prima de riesgo al minuto.

A mí, y no me avergüenzo de ello, me encanta el fútbol. Disfruto con las victorias de la selección, animo, me enfado, sufro y grito los goles. Ello no me invalida – opino – para tener criterio, para saber que esos jóvenes millonarios no van a pagar la hipoteca por mí, que el Gobierno no va a dejar de subir el IVA porque gane la Roja, ni que es necesaria una movilización – algo, lo que sea – para que de una puñetera vez los de arriba reaccionen.

Correos como el que he recibido ahondan en lo que siempre he detestado: la demagogia. Y no olvidemos que la demagogia es el arma de los imbéciles, de los que carecen de argumentos para convencernos. La serena reflexión, o incluso la agitada reflexión, requiere de perspectiva, de templanza a la hora de emitir opiniones, de intentar convencer, porque atacar algo, lo que sea, para defender otra cosa, no me parece de recibo.

Y un sentimiento, aunque sea inmaduro, efímero y fútil, no puede ridiculizarse o despreciarse, y mucho menos a las personas – millones – que lo comparten.

El mundo es lo suficientemente heterogéneo como para que se cumpla la frase del torero “hay gente pa to”, o incluso para que los mismos que saltamos enfundados en la camiseta con la estrella dorada, salgamos a la calle a reclamar nuestros derechos.

Al fin y al cabo lo único que se necesita para cantar un gol de Iniesta es lo mismo que se necesita para corear una consigna contra los abusos de los políticos: pasión, y de eso en este país, tenemos para dar y regalar.

En 1922, Howard Carter asomado a un pequeño agujero, iluminó con la luz de un candil la tumba esplendorosa e intacta de un faraón menor – que pasó por la historia sin pena ni gloria -. El anonimato de Tutankhamon preservó su tumba y sus ingentes tesoros a salvo de los ladrones y el saqueo y permitió el fabuloso hallazgo. Asombrado e impactado por la visión del tesoro, el arqueólogo inglés exclamó “Veo cosas maravillosas”.

Ahora, 90 años después, algunos seguimos esperando ese resquicio de luz temblorosa que ilumine cosas maravillosas. A nivel global el tesoro sigue tan enterrado que ni se huele, nos hablan de rescate, de riesgo, de bancarrota global, de caída del euro, de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.

No sé, tal vez sea así, pero ¿no tendrán un poquito de responsabilidad aquellos que nos daban una hipoteca con sólo presentar en sus oficinas bancarias la tapa de un yogur? ¿los que nos incitaban a ampliar la hipoteca para comprarnos un coche de alta gama? ¿los que nos convencían de que éramos solventes, de que éramos capaces de endeudarnos al 80% de nuestros ingresos?

Hace unos días, al fin, el Gobierno (con mayúsculas, pues son los que rigen nuestro destino) se decidió a admitir que necesitamos la ayuda de Europa. Oficialmente han solicitado un máximo de 100.000 millones de euros para ”recapitalizar el sistema financiero español”, o sea, para insuflar algo de aire al enfermo agonizante – tengamos en cuenta que el rescate de Grecia supuso 240.000 millones -.

Lo malo no son los intereses que tendrán que pagar nuestros hijos, no, lo malo son las condiciones – la letra pequeña – para recibir ese dinero: aumento del IVA, más impuestos, más flexibilización del mercado laboral, menos coberturas sociales, más copago sanitario…

Y yo, particular y egoístamente, lo que necesito es subirme al taburete de Carter, encender el candil de aceite y oliendo a mecha quemada, alargar el brazo e iluminar el agujero de las cosas maravillosas, quiero que me deslumbre el oro, la máscara funeraria más perfecta de la historia de la humanidad, las estatuillas, los frescos, las escenas pintadas por los más grandes artistas…

Y encuentro estas joyas en el video de mi sobrino Alvaro, de tres años, felicitando a mi prima por su cumpleaños – recordándole que le lleve “chuches” – o en la noticia más maravillosa que la vida me ha regalado hace unos días.

lo que necesito es subirme al taburete de Carter, encender el candil de aceite y oliendo a mecha quemada, alargar el brazo e iluminar el agujero de las cosas maravillosas

Si nos centramos en la espiral de pesimismo que nos rodea, seremos incapaces de aplicar con templanza las soluciones, porque las hay. Escuachando esta mañana en la radio a Alex Salou, autor del muy recomendable video Españistán y del libro Simiocracia, comprendemos que el miedo al rumor lo convierte en real. Cuando se rumoreó hace unos años que iba a haber escasez de productos básicos en los supermercados, el pánico provocó avalancha de compradores que fueron los causantes reales de la escasez rumoreada. Si ahora se instaura el miedo al corralito, un tropel de clientes angustiados sacando el dinero de los bancos provocará el cataclismo temido.

Por eso abogo por tratar de mantener viva la débil llama del candil esperanzador, el que ilumina el futuro lejano, muy lejano, pero lleno de esperanza.

Eso es lo que yo enseñaré a mi hija: el futuro existe, lo estamos conformando ahora, y si me asomo al agujero sólo puedo exclamar, “Veo cosas maravillosas”.

Enlaces:

 Video Españistan

Howard Carter

Un compañero de trabajo me llamó hace unos días para decirme que era incapaz de acabar de leer mi relato “fundido en negro” porque presagiaba algo trágico, y me preguntaba que por qué no escribía algo de humor, más alegre. Yo me reí mucho y le contesté que mi mujer siempre me pregunta cuando le enseño un nuevo relato “¿Quién muere en este?”. Mi amigo me decía que bastante drama, sufrimiento y dolor hay en la vida real – todo incontrolable – como para buscarlo deliberadamente en la lectura. Mi padre opina lo mismo y es un consumidor compulsivo de novelas baratas del Oeste y películas de acción. “Estoy de dramas hasta las narices” me espeta mientras aparcamos el cerebro en la nevera y disfrutamos de los mamporros de Chuck Norris.

Confieso que últimamente estoy aplicando esta depurada técnica de huida del drama real y trato de evitar las noticias, tanto en radio como en televisión. Las noticias parecen sacadas de una película de terror y negros vaticinios. En este contexto de huida personal, hoy he estado viendo un excelente documental sobre el sexo en la naturaleza y me he quedado asombrado con los insaciables bononos (una especie de chimpancés), ¿saben que arreglan todos sus conflictos practicando sexo? No distinguen ni género, ni vínculos afectivos, se dedican a tener sexo todos con todos sin parar, en cualquier momento y circunstancia.

A lo mejor si los dueños de nuestro destino económico y político aplicaran la técnica de los bononos en las cumbres de jefes de estado, encontrarían la solución a este despropósito llamado Europa.

Hablando un poco más en serio; los seres humanos tendemos a huir del dolor y del miedo, y esa es precisamente la clave de que nos escamoteen nuestra libertad.

Quienes históricamente han querido someter a cualquier grupo social, lo han hecho a través del miedo.

Generar miedo provoca control, porque el miedo es un arma poderosa al que difícilmente nos atrevemos a enfrentar; miedo a perder el trabajo, miedo a perder nuestros ahorros, miedo a perder la casa, miedo a perder estatus social…

Inyectar una cascada continua e intensa de noticias devastadoras y apocalípticas acerca del futuro nos provoca parálisis e inacción por culpa del miedo y somos más fácilmente controlables.

La noticia acontecida hace unos días en Canarias es el paradigma de lo que está sucediendo y de lo que debemos hacer. El conductor de un autobús sufrió un desmayo y un pasajero, en lugar de dedicarse a gritar aterrorizado como los demás, corrió hacia el volante y tras quinientos angustiosos metros, consiguió detenerlo.

El valiente se convirtió en un héroe y salvó la vida de sesenta personas.

Tal vez es eso lo que tenemos que hacer; rehacernos ante la visión terrorífica del autobús lanzado hacia el inevitable y mortal accidente, levantarnos sobreponiéndonos a nuestro miedo y tomar el control del volante, apretar con fuerza y sacar fuerza de donde no la hay, hasta detenernos sin peligro.

Cuando consigamos superar nuestro miedo, ya no podrán controlarnos – los de arriba, los especuladores, los ladrones – porque tendremos el volante bien agarrado y el autobús llegará a buen puerto.

Entonces habremos tomado el control.

Por cierto, al héroe de Canarias, como premio a su increíble hazaña, le han regalado tres bonos de transporte.

Sin comentarios.

Enlace: Salva a 70 personas que viajaban en autobús y le regalan 3 bonos