Archivos para mayo, 2012

Querido lector,

Permíteme que hoy abuse de tu paciencia y te cuente algo personal, desde la más absoluta inmodestia.

Un día, un primo mío que es un auténtico artista, me propuso colaborar con él en la elaboración de un guión para una película que quería dirigir, y le rondaba por la mente. Me esbozó su idea, basada en un caso real, e inmediatamente me sedujo. Le devolví algunas páginas, muchas ideas, y quiero creer, un pequeño impulso inicial para ese estupendo guión en el que está trabajando, que estoy seguro acabará convirtiéndose en una magnífica obra de arte.

Este pequeño relato que te ofrezco, nace inspirado en la historia y es consecuencia de aquellas semanas en la que exprimí mi escaso ingenio.

Ahora, meses después, una asociación cultural ha considerado interesante tenerlo en cuenta y me ha otorgado la categoría de finalista.

Desde aquí, doy las gracias de todo corazón, porque estos pequeños regalos que uno se encuentra, llenan de color el gris empedrado.

Y ya, sin dar más la lata, te invito a que descargues y leas “fundido en negro”.

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El dolor no entiende de edad, color de piel, raza o religión. El dolor te estruja y te retuerce como si fueras una hoja sacudida por el viento caprichoso, sin pararse a contemplarte. Te llega y te traspasa, helador o abrasador, sin piedad.

Es el más paritario y justo de los sentimientos.

Porque  alcanza por igual a hombres, mujeres y niños.

El más intenso y atroz, parecido a la propia muerte – que al fin y al cabo no es más que enfrentarse a la nada desnuda – dicen que es perder un hijo.

Yo no lo he padecido, pero me he enfrentado a los ojos de una madre devastada por el dolor, a sus ojos vacíos, secos y sin lágrimas, como si hubiera llorado ya todo lo llorable, y gritado todo lo gritable. La madre se aferraba al recuerdo nimio del hijo muerto, al último desayuno preparado, a la última caricia, al último beso… como si fueran rescoldos que soplara con desesperación para mantener viva la exigua llama del recuerdo.

Y sus ojos perdidos y su alma rota, se apoyan con lentitud en el transcurrir de una frase, en la que detalla la vida perdida prematuramente.

El dolor te estruja y te retuerce como si fueras una hoja sacudida por el viento caprichoso, sin pararse a contemplarte

El dolor calca el boceto de las Amarguras que los imagineros tallaron con maestría en la madera, los rostros desencajados de las madres dolientes condensan el sentimiento que les traspasa acerado.

La foto muestra a una madre de otro país consolando a una desconocida, porque el dolor es universal y no necesita fronteras ni trapos de colores para ondear.

El dolor calca el boceto de las Amarguras que los imagineros tallaron con maestría en la madera, los rostros desencajados de las madres dolientes condensan el sentimiento que les traspasa acerado.

La madre consolada es la de uno de los fallecidos en el accidente del avión militar español que se destrozó contra una montaña turca en 2004.

La madre consoladora es una mujer turca, madre sin duda, que hace suyo el dolor de la española, y que acaricia con sus manos agrietadas y curtidas por el trabajo a la doliente.

Ojalá fuésemos capaces de captar la esencia de este gesto, último, esencial, simple y primitivo. Hacer nuestro el dolor del otro, y ser capaces de entender y consolar.

No hay más.

Ni menos.

Sólo dos mujeres enfrentadas al abismo de una pérdida insustituible y mutiladora.

Y, para colmo de males, al dolor se unió la indignación, porque unos impresentables tenían tanta prisa por celebrar un funeral de Estado y enterrar a los soldados, que no les dolieron prendas para intercambiar cadáveres e identidades.

Ahora el gobierno indulta a los culpables.

En realidad esta última indignidad da igual, porque el dolor nunca abandonará a esa mujer que perdió al hijo.

Enlace: 9 años de rabia e indignación

La cara de Superman, para todos los que peinamos canas e incluso para algunos más jóvenes, es y será para siempre el del malogrado actor Christopher Reeve.

Hace unos años, Reeve sufrió un accidente montando a caballo y quedó paralizado de cuello para abajo. Sacando fuerza y entereza, se sobrepuso a la tragedia y Superman se convirtió entonces en el paradigma de la superación. Creó una fundación junto a su inseparable esposa y subvencionó la investigación de los accidentes medulares, incluso rodó un par de películas más y dirigió alguna otra. Reeve dedicó su vida a la consecución de un sueño: la cura de las lesiones de médula ósea.

Superar, sobre todo a nivel psicológico, un cambio tan brutal y trágico en la vida no es posible sin apoyo. Superman tuvo a su lado a su particular Lois Lane, su mujer, que en cierta ocasión, ante la insinuación del actor acerca del suicidio le dijo “yo te amo a ti, y seguiré haciéndolo siempre, y estaré a tu lado pase lo que pase”.

Jamás volvió a mencionarle el tema.

Aunque Superman no consiguió ver su sueño cumplido – murió en 2004 como consecuencia de una complicación médica – la fundación creada consiguió reparar en ratones lesiones medulares.

Ahora, leo la noticia de que unos científicos han desarrollado un brazo mecánico que los tetrapléjicos pueden mover con el pensamiento. Una mujer ha conseguido por primera vez en su vida beber un vaso de agua sin ayuda.

La ciencia deja de ser ciencia para convertirse en ciencia ficción.

Y mientras en nuestras retinas, el hombre de la capa roja y la S en el pecho remonta el vuelo, asistimos a lo que quizá sea el principio del sueño.

Del sueño de Superman.

Enlaces:

Christopher Reeve en wikipedia

Utiliza su mente para mover un brazo artificial

Hace un par de días escuché una noticia que alimentó mi malestar, mi hartazgo y que apunté en la lista de “comentables” en alguna de mis entradas. Es la típica noticia de hipocresía y desvergüenza, protagonizada por una persona que supuestamente se dedica a predicar el bien – con la palabra y con el ejemplo – .

Hablo del obispo de Alcalá, cuyo discurso homófobo retransmitido a millones de personas por la cadena pública de televisión – la que subvencionamos con nuestros impuestos – dejó perplejos a propios y extraños. A raíz de este discurso – en el que el obispo comparaba a los gais con enfermos y otras estupideces que prefiero obviar – el sacerdote fue inmediatamente elevado al foco mediático. Así, nos hemos enterado de que hace años celebró una misa presidida por la bandera preconstitucional – la que sirvió como símbolo y escudo al genocida enterrado en el Valle de los Caídos en Su Bando – para conmemorar la muerte del dictador fascista que durante cuarenta años provocó la involución política, social y económica de España, a parte de decenas de miles de muertos. También se ha sabido que el Obispo perdió cinco millones de Euros especulando en la Bolsa con el dinero de su diócesis – comprando acciones de una empresa de Viagra, imagino que creía, el experto e inmaculado inversor,  que un producto que mantiene erecta el “arma del pecado” era un buen negocio -, y que para paliar el agujero que provocó con ello, bajó a la mitad los sueldos de los curas – esto es real -.

Mi idea inicial ante toda esta información era lanzarme de cabeza a despotricar de este fulano, hipócrita, cara dura y fascista, pero he decidido no hacerlo. No merece la pena.

Y entonces es cuando he visto el video del australiano de origen iraquí Emmanuel Kelly y me he reconciliado con las buenas historias.

Emmanuel tiene – eso cree – diecisiete años y fue abandonado en Irak junto a su hermano. Ambos tienen problemas físicos y fueron adoptados por una mujer australiana que les ha dado amor, una familia y sobre todo, esperanza.

Emmanuel se presentó al casting de un programa de talentos de la televisión y su actuación es hermosa, emocionante y toca la fibra sensible. Porque emociona comprobar que algunos seres humanos sí que merecen ser llamados hombres santos y no necesitan calzarse una mitra para ello. Porque lo que dignifica a las personas no es un puesto artificial creado para someter a otros con historias de vieja, sino el coraje, la valentía, la mirada limpia y la sonrisa del que ha superado una historia terrible y se enfrenta a la vida con normalidad.

Esos, y no otros, son los verdaderos héroes.

Enlace: Vídeo de la audición de Emmanuel Kelly

Esta mañana venía escuchando la radio y sinceramente me han dado ganas de arrancarla y lanzarla por la ventanilla – sin acritud -. Definitivamente volveré a desconectarme de las noticias para pasarme a la música clásica – aunque alguno de los compositores tuvieran vidas licenciosas, al menos están bien muertos -.

La lista de las tropelías de hoy incluye a un concejal, un juez y un consejero.

El concejal pertenece a un partido que por sus siglas – Partido Nacionalista de Lanzarote-Nueva Canarias (PNL-NC) – me da que es un invento para no dar ni golpe a costa de los contribuyentes. A los hechos me remito. Este buen hombre lleva ausente – sin renunciar a su cargo, por supuesto, en este país no dimite ni el tato – cuatro meses de su puesto de trabajo, ¿el motivo? Está cumpliendo su sueño, muy loable el amigo, de realizar una regata por el mundo. Como lo oyen. No sé si sigue cobrando su sueldo pero lo que sí hace este … “concejal” es pasar las facturas de su móvil (de más de 1000 euros al mes) al ayuntamiento. Claro, el pobre, tan lejos, tendrá que llamar a su mujer o a su querida o a quien se le antoje y “de gratis”.

Definitivamente volveré a desconectarme de las noticias para pasarme a la música clásica – aunque alguno de los compositores tuvieran vidas licenciosas, al menos están bien muertos -.

Sin comentarios – pon tú, amable y sufrido lector, los calificativos -.

El juez es el presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), un órgano cuyo funcionamiento no comprendo bien, cuyos miembros son nombrados por los partidos políticos – ¿dónde están Montesquieu y la separación de poderes, por los dioses? – y que de alguna manera actúa como regulador de la justicia. Bueno, pues el señor presidente se ha apuntado al carro de los #TengoLaCaraMasDuraQueElCementoArmado y ha pasado los gastos de cuatro viajes a Marbella, valorado en más de 6000 € – sin contar los 27.000 € del coste en escoltas -. Todo esto ha salido a la luz por la denuncia de uno de los vocales del Consejo. Sería de chiste sino fuese tan irritante. Y para colmo, el ínclito juez se permite refregarnos a los españolitos – a esos que andamos medio muertos de miedo por la que se nos viene encima, a los que nos levantamos a las siete de la mañana con el corazón encogido pensando si será hoy nuestro último día de trabajo, a los que estamos dispuestos a irnos a Perú si hace falta para traer el pan a nuestros hijos, a esos, sí, a esos currantes de mierda, esto no lo ha dicho el juez, lo digo yo – que los gastos que se le acusa de malversar “son una miseria”. Para colmo, ya son demasiados colmos colmados, pero es que esto no para, comentan la existencia en el CGPJ de la “semana Caribeña” que consiste en que los vocales – muy muy muy muy bien pagados – del organismo, se ausentan el Jueves y no vuelven hasta el Martes. En teoría para dedicarse a actividades judiciales en sus ciudades de origen. Y yo, claro, me lo creo.

Me repito: Sin comentarios – pon tú, amable y sufrido lector, los calificativos -.

El Consejero era – ha tenido la decencia de dimitir – el de Salud de la Junta de Extremadura, el buen doctor, no contento con su sueldo más que jugoso de su puesto de consejero de una administración pública, no lo olvidemos, se permite trabajar en una clínica privada al otro lado de la frontera, en Portugal.

¿Pero es que esta gente no ha escuchado nunca la frase “no sólo hay que serlo sino parecerlo”?

Podría seguir hasta que la bilis se nos derrame por las orejas, pero esto satura, empacha y hastía.

Creo que necesito tomarme una semana caribeña. Llamaré a algún juez para que me recomiende algún balneario.

Enlaces:

Un concejal de Lanzarote se ausenta cuatro meses del Ayuntamiento por un viaje al Caribe

Dívar, denunciado por malversación: “Los gastos están justificados y son una miseria”

Dimite el consejero extremeño de Salud por pasar consulta privada en Portugal

Isidro

Publicado: 6 mayo, 2012 en Personal
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Algunas veces un gesto, una palabra o una sonrisa evoca un recuerdo que teníamos enterrado entre brumas o en lo más hondo de las tripas, no porque fuera necesariamente malo, sino simplemente porque lo habíamos desterrado con el paso del tiempo.

Es curioso cómo suceden las cosas.

La vida es una sucesión de acontecimientos que van dejando su impronta, algunos de manera clara y otras de forma sutil. Estos últimos son los que se convierten en sordo compañero durante años, y de repente algo lo hace vibrar y se reaviva como los rescoldos aparentemente fríos de la chimenea.

Todo este preámbulo es solamente para contar que esto es precisamente lo que me ha sucedido a mí recientemente. Hace unos días, de pronto, no recuerdo cuál fue el detonante, me acordé de Isidro.

Isidro fue mi compañero de habitación hace siete años, cuando pasé unos días en el hospital ingresado. Era un hombre de unos setenta años, optimista, simpático, educado y la persona perfecta con la que compartir una habitación de hospital.

Isidro sabía escuchar discretamente y siempre tenía una palabra amable y de ánimo cuando los minutos eran horas y las horas días, en aquella eterna espera medicalizada.

Salí del hospital y él se quedó allí, esperando su turno para pasar por el quirófano.

Me tropecé con él, meses después, apagado y desmejorado, y me saludó con la sonrisa pegada a la cara como una mueca desdibujada.

No lo he vuelto a ver.

No sé si Isidro vive o murió. Ni siquiera sé su apellido, ni de dónde es, tampoco supe jamás a qué se dedicaba ni cuántos hijos tenia, ni nada de nada.

Sólo sé que su rostro agradable y su pelo blanco como la nieve acudieron a mí el otro día, y me sentí triste, por no haber tenido siquiera la inquietud de averiguar algo de aquel compañero de habitación que prestó su hombro para que un extraño – un hombre asustado – llorara sobre él.

Ojalá tenga la oportunidad de dejar las cosas en equilibrio y devolver lo que Isidro hizo por mí de alguna forma, confortando a alguien que sufre o ayudando de alguna manera modesta, sutil y olvidable, a cualquiera que lo necesite. Y dentro de unos años, el beso de un sobrino, o la lágrima fácil de una madre, puedan traer a la memoria el recuerdo del desconocido, anónimo y discreto compañero de habitación.

Gracias, Isidro.