El universo de las carpas ignorantes

Publicado: 15 abril, 2012 en Divulgación, opinión
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Ha caído en mis manos el libro “Hiperespacio”, cuyo autor es el físico teórico y gran divulgador estadounidense Michio Kaku. He leído tan sólo unas decenas de páginas y ya me tiene totalmente atrapado.

Kaku debe ser un curioso personaje, según el mismo cuenta, cuando era un adolescente construyó en su garaje un pequeño acelerador de partículas, capaz de producir un campo magnético 20.000 veces más potente que el de la Tierra. Consiguió detectar partículas de antimateria – al margen de desesperar a sus padres fundiendo en varias ocasiones la instalación eléctrica – .

Para ilustrar sus teorías, Kaku utiliza un lenguaje llano y ejemplos sencillos y muy visuales. Nos compara el universo en el que vivimos y nuestra ignorancia de los fenómenos que en él suceden, con un estanque de carpas. Los peces nadan y pasan su existencia en un limitado y acotado universo – el estanque – donde tratan de dar explicaciones a lo que sucede y no comprenden. Por ejemplo si los nenúfares que flotan en la superficie se agitan sacudidos por la lluvia – que las carpas no ven al estar bajo el agua – inventarán extrañas teorías, como que existen fuerzas desconocidas que impulsan a moverse a los nenúfares, fuerzas invisibles y misteriosas que les empujan. De la misma forma, los científicos han inventado fuerzas y desarrollado teorías para tratar de explicar los sucesos incomprensibles de la naturaleza – como por ejemplo que la luz sea capaz de viajar en el vacío sin necesidad de un medio físico -.

La teoría que defiende este fuera de serie del pensamiento físico teórico – o al menos lo poco que he logrado entender – es que existen más dimensiones, además de las cuatro que conocemos – espacio y tiempo – en las que vibran – digámoslo así – “las fuerzas de la naturaleza”. De manera que la luz se desplaza en el vacío porque vibra en una quinta dimensión.

Lo que más me ha llamado la atención – por ahora – del libro, ha sido la imagen de un universo de carpas que nadan sin parar ignorantes de su realidad, incapaces de entender que flotan en algo llamado agua que es lo que lo vincula todo – los nenúfares, las carpas, el movimiento ondulante de su mundo, las sacudidas de la lluvia … -.

La naturaleza humana nos impele a preguntarnos qué, cómo y sobre todo por qué.

Aunque en la mayoría de los casos nos limitamos a encogernos de hombros a aceptar las cosas tal cual y a tratar de adaptar una naturaleza que no comprendemos, para nuestro uso y disfrute. Eso es lo que hacemos los ingenieros, basándonos en principios elegantes y en teorías magníficamente desarrolladas por mentes preclaras, las utilizamos de una manera burda y limitadísima, ignorando la esencia, el porqué. Nuestra máxima sería “No importa si funciona”. Como definió el personaje Seldon Cooper en la serie “Big bang theory” somos los “umpa lumpa de la ciencia”.

En el fondo, la mayoría somos como carpas que disfrazamos nuestra ignorancia, que continuamos nadando sin parar, sin molestarnos en mirar hacia arriba, porque si observáramos la fina capa de la superficie que separa nuestro universo de otro nuevo y maravilloso, podríamos atrevernos a cuestionarnos la esencia de la realidad.

Y eso, en el fondo, no le interesa a nadie.

Es peligroso.

Enlace: Michio Kaku

 

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