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Pan y circo

Publicado: 27 abril, 2012 en actualidad, opinión
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Tal vez lo haya comentado por aquí, pero no me importa repetirme: la manifestación más multitudinaria – excluyendo la de protesta por el secuestro y posterior asesinato de Miguel Angel Blanco – celebrada en Sevilla, se produjo en el Verano de 1995, cuando el Sevilla fue descendido a Segunda División B por no cumplir con ciertos trámites administrativos.

Confieso que soy futbolero, que animo a mi equipo y que veo en la tele con pasión los partidos de la selección. No obstante, creo que cada vez más, el sistema “pan y circo” se impone.

Si hoy entramos en la Web de cualquier periódico, leeremos en gigantescos caracteres que el paro sube desorbitadamente y que la calificación de la deuda española está sólo dos escalones por encima del bono basura.

Veo la gráfica que muestra la evolución del paro y sólo puedo pensar que parece el perfil de una etapa de montaña de la Vuelta a España.

Busco la noticia más leída de las Webs de información general y en el número uno está la noticia que de verdad, pero de verdad de la buena, interesa: Guardiola deja el Barcelona el año que viene.

Los millones de aficionados culés tienen el corazón encogido, no por la prima de riesgo, ni por el paro, ni por el futuro, ni por la revolución política que tendremos que organizar para que la suicida Merkel no nos lance a la trituradora y nuestro paso por Europa sólo sean fragmentos chamuscados de Historia olvidada.

No. Nada de eso importa.

Solo importa el Circo, el espectáculo, el único, el inconfundible, el de los goles, el de los domingos por las tardes – últimamente el de todos los días a todas las horas -.

Importa el semblante cabizbajo de un hombre de 41 años que ha llevado a su equipo – el Barcelona – hacia cotas impensables cuando se sentó en el banquillo – 13 títulos en 4 temporadas, que se dice pronto -.

Y yo, como soy bastante proclive a dejarme arrastrar por las tendencias, me dejo llevar por este espíritu circense y me voy a la Feria de Sevilla a beber rebujito – ese invento del maligno que quita el calor y produce dolor de cabeza al día siguiente – olvidándome de todo.

Por cierto ¿Dónde está el pan? Yo aquí sólo veo circo.

Enlace: Guardiola deja el barsa

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Hasta hace una semana mi salvapantallas era la foto (recreación) de un Tsunami que amenazaba los rascacielos de una ciudad. La elegí porque me pareció interesante enfrentarme a diario con la visión artística de un posible futuro devastado y oscuro.

Hace poco me convencieron de la poca conveniencia de la imagen y ahora mi ordenador luce un precioso amanecer, fotografiado desde un satélite o transbordador espacial.

La metáfora del Tsunami futuro se hace cada vez más realista y la del amanecer esperanzador más onírico.

Leo un magnífico artículo del Nobel de economía, Krugman, y se me ponen los vellos como escarpias: “Europa se empeña en aplicar políticas que la acercan hacia el suicidio económico”.

El Tsunami se acerca.

Políticas restrictivas de contención del déficit provocan la caída en picado del consumo, de la activación de la economía. Repetimos los errores de la década de los treinta donde la solución fue la salida del patrón “oro”. Ahora la solución sería la salida del patrón “euro”, o la corrección del rumbo de las políticas de contención. La fiscalidad austera y los presupuestos restrictivos están demostrando que no sirven ni tan siquiera para generar confianza en los inversores, la prima de riesgo se dispara, el paro sube a niveles similares a los de la Gran Depresión en los Estados Unidos…

Un tsunami y de los gordos, vamos.

Buceo desesperadamente en la actualidad para ver si hay posibilidad de sobrevivir a la catástrofe y me tropiezo con la historia de Misaki Murakami, un adolescente japonés que lo perdió todo en el Tsunami de Japón; casa, amigos, recuerdos… No le quedó nada.

Ahora, la casualidad ha querido que uno de sus más preciados recuerdos haya sido encontrado, su balón, firmado por todos los compañeros de su clase, ha aparecido en las costas de Alaska. Y en breve el matrimonio americano que lo tiene, viajará a Japón para entregárselo personalmente a Misaki.

Esta historia me invita a creer que no todo está perdido.

Y lo que más necesito ahora mismo en mi vida es creer.

Enlaces:

Un balón de fútbol de Japón perdido tras el tsunami aparece en Alaska

El suicidio económico de Europa

Mi madre es monárquica hasta la médula. Tanto, que hubo una época en la que el 5 de enero día del cumpleaños del Rey Juan Carlos, le enviaba un telegrama felicitándole. Cada nochebuena en mi casa se ve y se escucha el discurso del monarca, sí o sí. Este fervor materno, ha condicionado, creo, mi juicio de tal manera, que Juan Carlos de Borbón y Borbón – tataranieto de la hija de un rey absolutista y despótico, apodado “el deseado”, que abolió la constitución más avanzada de su época – me cae fenomenal.

Pero para pensar con claridad hay que dejar a un lado los sentimientos y valorar los hechos objetivos.

Los hechos son que España está en un momento económico, y por tanto histórico, crítico, al borde de la bancarrota, que el Gobierno está aplicando la política de recorte brutal – a mi juicio equivocada – que le impone Alemania, recortando servicios, restringiendo derechos y limitando acceso a prestaciones hasta ahora incuestionables – medicinas, sanidad, educación -. Y en este contexto de hechos preocupantes, en el que los privilegiados somos los que tenemos que levantarnos a las 7:00 para ir a trabajar, el Rey se accidenta en una cacería de elefantes.

Pues qué quieren que les diga, a mí me suena a tomadura de pelo que el jefe del Estado – la persona que me representa, la cara visible del país que pasa por esos momentos tan duros – aparezca retratado sonriente junto a un elefante muerto. Objetivamente, si yo fuera ciudadano de un país extranjero, digamos, Dinamarca, por ejemplo, pensaría, “Hay que ver, qué bien se lo pasa el rey de este país tercermundista mientras su gente no tiene ni para comprar medicinas”.

Y eso no me gusta.

Por otro lado, está la lógica del siglo XXI. Es absolutamente ilógico que una persona, llámese Felipe o Froilán, por el hecho de ser el hijo de alguien tenga derecho a ser el jefe del Estado.

Absurdo.

Algunos argumentarán que es más barato mantener una monarquía que una república. Al margen de que lo dudo, me es indiferente. No hablamos de coste, sino de sentido común. El sentido común me dice que tengo que tener derecho a elegir al jefe del Estado, que no se me puede imponer. Al margen de actitudes históricas democráticas realizadas por Juan Carlos.

Luego está el corazón, claro, ese que me dice que en 36 años de reinado, es la primera vez que este hombre se acerca a una cámara y con gesto avergonzado pide perdón. A ti, a mí, a todos, “Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir”, y que quieren que les diga, yo quiero mucho a mi madre, y será su gen monárquico, pero el hombre, con 74 años, y esa cara de pena, me ha llegado al alma.

La coherencia y la incoherencia forman parte de la vida, reconozco que en este asunto peco de ambas, pero ni quiero ni puedo remediarlo.

Por eso, cual barón Ashler,  si me giro a la izquierda grito“¡Viva la república!” y si me vuelvo hacia la derecha lanzo un “¡Viva el Rey!”

El Rey: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”

Ha caído en mis manos el libro “Hiperespacio”, cuyo autor es el físico teórico y gran divulgador estadounidense Michio Kaku. He leído tan sólo unas decenas de páginas y ya me tiene totalmente atrapado.

Kaku debe ser un curioso personaje, según el mismo cuenta, cuando era un adolescente construyó en su garaje un pequeño acelerador de partículas, capaz de producir un campo magnético 20.000 veces más potente que el de la Tierra. Consiguió detectar partículas de antimateria – al margen de desesperar a sus padres fundiendo en varias ocasiones la instalación eléctrica – .

Para ilustrar sus teorías, Kaku utiliza un lenguaje llano y ejemplos sencillos y muy visuales. Nos compara el universo en el que vivimos y nuestra ignorancia de los fenómenos que en él suceden, con un estanque de carpas. Los peces nadan y pasan su existencia en un limitado y acotado universo – el estanque – donde tratan de dar explicaciones a lo que sucede y no comprenden. Por ejemplo si los nenúfares que flotan en la superficie se agitan sacudidos por la lluvia – que las carpas no ven al estar bajo el agua – inventarán extrañas teorías, como que existen fuerzas desconocidas que impulsan a moverse a los nenúfares, fuerzas invisibles y misteriosas que les empujan. De la misma forma, los científicos han inventado fuerzas y desarrollado teorías para tratar de explicar los sucesos incomprensibles de la naturaleza – como por ejemplo que la luz sea capaz de viajar en el vacío sin necesidad de un medio físico -.

La teoría que defiende este fuera de serie del pensamiento físico teórico – o al menos lo poco que he logrado entender – es que existen más dimensiones, además de las cuatro que conocemos – espacio y tiempo – en las que vibran – digámoslo así – “las fuerzas de la naturaleza”. De manera que la luz se desplaza en el vacío porque vibra en una quinta dimensión.

Lo que más me ha llamado la atención – por ahora – del libro, ha sido la imagen de un universo de carpas que nadan sin parar ignorantes de su realidad, incapaces de entender que flotan en algo llamado agua que es lo que lo vincula todo – los nenúfares, las carpas, el movimiento ondulante de su mundo, las sacudidas de la lluvia … -.

La naturaleza humana nos impele a preguntarnos qué, cómo y sobre todo por qué.

Aunque en la mayoría de los casos nos limitamos a encogernos de hombros a aceptar las cosas tal cual y a tratar de adaptar una naturaleza que no comprendemos, para nuestro uso y disfrute. Eso es lo que hacemos los ingenieros, basándonos en principios elegantes y en teorías magníficamente desarrolladas por mentes preclaras, las utilizamos de una manera burda y limitadísima, ignorando la esencia, el porqué. Nuestra máxima sería “No importa si funciona”. Como definió el personaje Seldon Cooper en la serie “Big bang theory” somos los “umpa lumpa de la ciencia”.

En el fondo, la mayoría somos como carpas que disfrazamos nuestra ignorancia, que continuamos nadando sin parar, sin molestarnos en mirar hacia arriba, porque si observáramos la fina capa de la superficie que separa nuestro universo de otro nuevo y maravilloso, podríamos atrevernos a cuestionarnos la esencia de la realidad.

Y eso, en el fondo, no le interesa a nadie.

Es peligroso.

Enlace: Michio Kaku

 

¡No jodas!

Publicado: 12 abril, 2012 en actualidad, opinión
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El FMI (fondo monetario internacional) advierte del riesgo de que “la gente viva más de lo esperado”. Viniendo de un organismo económico, entiendo que hablan del riesgo que tiene para la economía mundial que la esperanza de vida se alargue – en los países desarrollados, porque me imagino que les importará un pimiento que la esperanza de vida en algunos países de Africa no llegue a 50 años -. Supongo que esto parte de un estudio, en el que se mezclarán – aventuro – varios parámetros, como esperanza de vida, coste sanitario de mantener vivo a un anciano, el coste de atenderle, etc. Todo muy bonito con una gráfica de colores, números muy grandes, y publicado en las redes sociales.

La directora del FMI se llama Christine Lagarde y tiene 56 años, es decir, podemos considerar que aún nos sirve, que produce, que no es un viejo deshecho que haya que tirar por un barranco – no se me ocurre mejor ni más barato método para deshacerse de los viejos que ya no nos valen para nada – . Nos quedan algunos años de Christine, pero que vaya preparando ya la maleta que ya mismo le damos boleto.

Ya en serio. Me parece absolutamente delirante tratar de justificar los problemas de la economía mundial a base de decir – con perdón – sandeces. Recuerden que estos que nos enriquecen con sus sabias opiniones son los mismos que no previeron la que se nos venía encima. Que incluso estuvieron implicados en la destrucción – ya no me cabe ninguna duda de ello – del sistema capitalista, que al igual que el comunismo, se está demostrando no sirve. A lo mejor hay que volver al trueque, a “vender” tiempo, como están haciendo ya en algunos sitios, al mercadeo sin monedas, intercambiando bienes y servicios sin que el precio esté sostenido por una falacia, una mentira colosal que cada día enriquece a unos mucho y empobrece a otros todavía más.

Al igual que de las cenizas renace el ave fénix, tal vez de las que queden de este monstruo  llamado “mercado” que se alimenta del hundimiento de países, especulando con su bancarrota, renazca un sistema sino perfecto, al menos más justo. Un sistema que de valor a las cosas que lo tienen y no a las que otros dicen que lo tiene.

Independientemente de que ignoro el final de esta historia y la solución a la crisis, tengo la sensación de que hemos entrado en una carrera de caballos desbocados en la que cada cual compite por decir la burrada más gorda.

Sería interesante que estas personas, de las que dependen decisiones que aunque nos parezcan estratosféricas nos afectan en el día a día a los ciudadanos de a pie, se ganaran el sueldo, de siete cifras en la mayoría de los casos, y arreglaran este desaguisado, como sea, pero lo antes posible.

De lo contrario podría salir a la luz alguien que tuviera una ocurrencia, no sé, por ejemplo, exterminar a los retrasados, los gitanos, los homosexuales o los judíos, ¡ah! ¿Qué eso ya ha pasado?

¡No jodas!

Enlace : El FMI pide bajar pensiones por “el riesgo de que la gente viva más de lo esperado”

Los consumidores de televisión estamos históricamente mal acostumbrados a creernos gran parte de lo que vemos, al igual que es difícil cuestionar lo que leemos en un libro impreso. Parece que el papel, o la imagen del informativo, revisten de credibilidad a lo que recibimos como una noticia cierta. En ocasiones – cada vez  más frecuentes – las noticias se tergiversan, se arriman las sardinas a las ascuas interesadas o simplemente se manipulan las historias hasta deformar la realidad con el prisma conveniente.

Recuerdo – ahí va una pequeña historia de “abuelo cebolleta” – una vez, hace milenios, que pasé una noche entera haciendo cola para conseguir una entrada para un partido de fútbol – era joven y osado, no me juzguen, por favor – y en determinado momento, la cantidad de gente era muy grande, convirtiéndose la cola en un ente desorganizado y bullicioso. Pocas horas antes de que abrieran las taquillas, sin que sucediera nada – al menos yo no lo percibí – fuera de lo normal, la policía comenzó a cargar contra nosotros, convirtiendo con brutal efectividad, una turba descontrolada en una cola perfectamente alineada y compacta. Las ostias fueron tremendamente efectivas, desde luego, dolorosas pero efectivas. Al llegar a casa, molido, derrengado y sin entradas – más tarde por un azar del destino, las conseguí – vi la noticia en la televisión. La locutora, impertérrita, leyó: “La policía ha canalizado las colas”.

“las noticias se tergiversan, se arriman las sardinas a las ascuas interesadas o simplemente se manipulan las historias hasta deformar la realidad con el prisma conveniente”

Pues eso. Que demasiadas veces, acabamos dando por ciertas, informaciones falaces, mediatizadas, politizadas o interesadas. A veces interesa cargar contra la policía, otras veces no, a veces hay que conseguir que la opinión pública se manifieste a favor de una futura ley, otras veces en contra…

Ahora el Consejero de Interior de la Generalitat plantea la posibilidad de “restringir el derecho de reunión” para “luchar contra el vandalismo”.

Y a mí, que soy muy torpe y no me entero de la misa la media, me da por pensar que a lo mejor todo esto forma parte de un plan para restringir derechos de los ciudadanos, y a lo mejor las imágenes de cuatro cafres reventando contenedores en Barcelona, con la cara tapada, se engrandecían interesadamente. A lo mejor bastaba una llamada al director de una cadena de televisión, o al editor de las noticias, que tampoco hay que irse tan arriba, y decirle que priorice las imágenes de los salvajes – que han sido una minoría muy minoritaria en una inmensa mayoría  pacífica – .

Ahora toca cuestionar la libertad de reunirse con quien te salga de las narices.

¿qué viene después? ¿la libertad de expresión? ¿cerrarán blogs donde se dice lo que a uno se le antoje? ¿cerrarán cuentas de twitter?

No defiendo la violencia en ningún caso, y hay que castigar a quién la ejerce, pero lo que no es de recibo es que se aproveche esa misma violencia que se critica y se utilice de excusa para recortar  libertades.

Y, por ahora, por un laaaaaaaaaaaaaargo periodo de tiempo, me temo que lo único que nos queda es el derecho al pataleo.

Que no nos lo quiten, por favor.

Enlace: Puig propone restringir el derecho de reunión en la lucha contra el vandalismo

El concepto que los ciudadanos tienen de la política es según las encuestas el peor de los últimos años, los políticos son poco valorados y la creencia generalizada es que en política entra lo peor de cada casa; vagos, maleantes, chorizos o incompetentes que ante su inutilidad no ven más salida que la política.

No niego que la sabiduría popular emite en múltiples ocasiones juicios cargados precisamente de eso, de sabiduría. Pero otras veces incluir en el mismo saco a todos los componentes de un gremio – en este caso los políticos – no es justo.

Desde luego es absolutamente imposible permanecer impasible ante las burlas que algunos de los mal llamados servidores públicos nos regalan. Nos roban, se jactan de ello y encima te llaman tonto con total tranquilidad. Estos son los que manchan la digna profesión del que ha elegido representarnos y gestionar de manera honrada la responsabilidad y el dinero que hemos puesto en sus manos.

“los políticos son poco valorados y la creencia generalizada es que en política entra lo peor de cada casa”

No es operativo juntarnos todos en una plaza donde quepamos unos cuantos millones de ciudadanos con derecho a voto y decidamos a mano alzada qué hacemos con el país. Para eso se inventó un sistema – con sus ventajas e inconvenientes –  en el que delegamos en unos cuantos cientos de personas que se toman la molestia de dedicarse a la política.

En las últimas elecciones andaluzas un ciudadano expresó su desafección con sus representantes de una manera peculiar; en lugar de introducir un voto en la urna, metió en el sobre 50 euros y una nota en la que explicaba que era el pago en concepto de adelanto por el futuro robo que cualquiera de los posibles gobernantes electos cometería.

Tiene gracia, aunque sea en el fondo sea un poco triste.

“No es operativo juntarnos todos en una plaza donde quepamos unos cuantos millones de ciudadanos con derecho a voto y decidamos a mano alzada qué hacemos con el país.”

Es un botón de muestra de que a pesar de todos los escándalos, de que los sueldos bajen y los precios suban, de que se perdone la deuda a los defraudadores a la Hacienda Pública – es decir a todos nosotros -, de que los mensajes cambien y las caras permanezcan, del hartazgo y la desilusión, del miedo al incierto futuro… – podría seguir hasta el mes que viene -, la gente sigue conservando su sentido del humor.

Y más vale que acudamos a la sonrisa para sentarnos en la orilla a observar el tsunami que se cierne sobre nosotros.

Por lo menos nos reiremos, ¡Qué demonios!

Enlace: Un votante introduce 50 euros en lugar de la papeleta del voto