El valor de la vida

Publicado: 8 marzo, 2012 en historias, opinión
Etiquetas:, , , , ,

En anteriores entradas he reflexionado acerca de nuestro papel en el mundo, de la herencia que dejaremos en él cuando ya no estemos, del valor de nuestras acciones, de la deuda contraída con los que antes que nosotros hollaron el mismo suelo que pisamos, de hacernos dignos de esa herencia preciada que es precisamente la vida…

El valor que nosotros mismo otorgamos a nuestra existencia es fácilmente ponderable por los actos que realizamos, y tenemos multitud de ejemplos de visiones absolutamente opuestas de lo que comento.

Hay personas que viven de una manera que ellos consideran estupenda y genial pero que objetivamente no es más que una fachada falsa que sostiene un vacío existencial brutal, si rascamos un poco la superficie deslumbrante, plagada de falsas sonrisas, trajes gratuitos, cocaína, dinero y favores ilegales, encontraremos un alma pobre, sucia y – en el fondo – solitaria.

Por el contrario hay seres humanos que cuando se levantan, se anudan la corbata, se calzan las botas, el uniforme, se ajustan la pistolera y se miran en el espejo, sólo encuentran sinceridad.

Sinceridad, compromiso, lealtad y honradez.

“El valor que nosotros mismo otorgamos a nuestra existencia es fácilmente ponderable por los actos que realizamos”

Y esos valores están tan incrustados en su alma, en su esencia vital, que no dudan en jugarse la propia vida para salvar a otro, sea quien sea.

Un guardia civil participa en el rescate de una patera. Están cerca de la costa, pero las aguas aún tienen al menos diez metros de profundidad. Es de noche, la oscuridad es casi total, el mar está en calma,  a pesar de ello, la frágil embarcación, atestada de inmigrantes asustados y ateridos de frío, se mece peligrosamente cuando van subiendo, uno a uno, por la escala de cuerda que los agentes de salvamento marítimo han colocado. Hay sobre todo mujeres, algunas de ellas embarazadas, y niños. Entonces, una ola breve, pero lo suficientemente fuerte, golpea el casco de la patera, que se separa un par de metros de la embarcación de la guardia civil. Una de las embarazadas pierde pie y cae, arrastrando a su hijo pequeño, al que tenía agarrado de la mano. Ninguno de los dos sabe nadar y se hunden como bloques de piedra en las negras aguas. El cabo Ferrón no se lo piensa y se lanza a rescatarlos. Bucea en la negrura de la mar, y guiado por las burbujas consigue agarrar a la mujer. Mientras sube con ella, se encuentra con el niño y logra salvarles a ambos.

Ahora, Lydie, de 28 años ha dado a luz a una niña que se llamará Pilar como homenaje a la patrona de su héroe.

Este es el ejemplo que nos demuestra que el valor de la vida del cabo Ferrón es mucho mayor que el del funcionario corrupto o la banquera desalmada que reclama compensación multimillonaria por haber sido despedida por ladrona.

Y al igual que él, que por 1.600 euros al mes se juega  la vida en una acción humanitaria, nosotros deberíamos valorar la nuestra. Y no hace falta lanzarse al mar para rescatar a alguien, basta con ser coherentes y humanos, sobre todo humanos.

Solo con humanidad conseguiremos que esta locura en la que se ha convertido el mundo se aplaque un poco.

Enlaces:

Una inmigrante embarazada llama a su hija Pilar en agradecimiento a sus rescatadores 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s