El hombre que pudo cambiar el mundo

Publicado: 5 marzo, 2012 en historias
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Richard Buckminster Fuller fue en un ingeniero que nació en las postrimerías del siglo XIX en Estados Unidos y al que debemos algunos inventos y conceptos que revolucionaron el siglo XX. La arquitectura le debe el diseño de la cúpula geodésica que es la forma demostrada más eficiente para la construcción de cúpulas – de hecho es el sistema que se utiliza hoy día – . La ecología más vanguardista reconoce que tal vez las ideas y conceptos que encierran su dymaxion – una suerte de casa autosuficiente y energéticamente eficiente – sean las que salven a la humanidad de devorar como una plaga de langostas los recursos naturales. También acuñó el término sinergia tan utilizado en la actualidad para remarcar los refuerzos positivos que implican los proyectos en común de cualquier ámbito.

Pero Fuller no comenzó su proyecto esencial de vida hasta que no tenía 32 años. Hasta ese momento su vida consistió en saltos de un proyecto fallido a otro, fundó una empresa que fracasó, trabajó de operador de radio en la marina, de empaquetador de carne, de operario, fue expulsado dos veces de Harvard, en definitiva y en palabras propias era “un inconformista inadaptado”. Inmerso en aquella vorágine de fracasos y búsquedas infructuosas de rumbo vital que le sumergieron prácticamente en la ruina,  sobrevino la tragedia que marcó un brutal punto de inflexión en su vida: la muerte por enfermedad de su hija Alexandra.

Fuller estuvo al borde del suicidio y el jugueteó con el alcoholismo hasta que un día decidió elegir la vida y la esperanza en lugar de la muerte. Se dedicó en cuerpo y alma a un único proyecto; determinar si un solo hombre es capaz de cambiar el mundo. Elaboró los diseños y las ideas que he comentado más arriba, dando conferencias y seminarios a lo largo y ancho del mundo.

Independientemente de si su experimento tuvo éxito, lo que es indiscutible es que Fuller influyó de alguna manera en las siguientes generaciones de arquitectos, sociólogos, antropólogos, ingenieros y ecologistas. Y algunos de sus proyectos – calificados en su día de utópicos por la comunidad científica – se están volviendo a revisar para ser llevados a cabo.

Fuller fue sobre todo un ejemplo de inquietud y ansia por conocer – que es el matiz que define la línea que separa una persona inteligente de un genio -. También nos enseñó que por muchos palos y cornadas que nos de la vida, podemos rehacernos y continuar luchando para mejorar, nosotros mismos y la realidad que nos rodea. Que no hay que rendirse y aceptar las cosas como se nos imponen, que se pueden cambiar, redefinir, adaptar y mejorar.

La resignación es el bebedizo con el que los que manejan el cotarro pretenden idiotizarnos, porque no les interesa que cuestionemos el estatus quo. Les acojona que seamos capaces de interpretar por nosotros mismos lo que sucede y , peor todavía, si no nos gusta, que nos planteemos cambiarlo.

Enlaces:

Wikipedia: Fuller

La casa dymaxion

La cúpula geodésica

 

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