Tierra de conquistadores

Publicado: 24 febrero, 2012 en opinión
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Anoche vi en televisión un reportaje sobre negocios que iban bien a pesar de la crisis, incluso podría decirse que van mejor gracias a ella. Todos estaban relacionados con la misma temática: la videncia, adivinación, rituales, etc… En uno de los casos, el dueño de la empresa poseía varias tiendas de venta al público de elementos y complementos de todo tipo relacionados con estos temas: cartas, péndulos, velas, piedras, soperas  – yo tampoco entendía para qué narices necesita un adivino una sopera, a menos que hierva en ella las entrañas de algún animal, para leer el futuro en ellas – y una innumerable cantidad de artilugios. El empresario llevaba diez años en el negocio y se jactaba – con mucha razón – de dar trabajo a más de doscientas familias. Cada una de sus cuatro o cinco tiendas podía facturar una media de 30.000 € mensuales – hagan el cálculo –. Pero – ahora viene lo mejor – el negocio principal de este señor no eran las tiendas, no, eran los pedidos que servían desde una vastísima nave industrial a toda Europa.

“Estos tiempos de incertidumbre y zozobra alientan a consumir cualquier tipo de elemento que pueda contribuir a mejorar nuestro estado de ánimo o nuestra percepción de la realidad.”

No critico a este buen hombre que ha sabido buscar un nicho de mercado, un filón, vamos, en un sector que se nutre de la necesidad y la desesperación. Él tenía muy claro que no cree en nada de esto pero que cada cual es libre de creer – muy cierto – en lo que le venga en gana.

Al parecer, estos tiempos de incertidumbre y zozobra alientan a consumir cualquier tipo de elemento que pueda contribuir a mejorar nuestro estado de ánimo o nuestra percepción de la realidad. La mente es poderosísima y como decía otro señor – con un negocio de videncia telefónica – si llama una persona preguntando si va a aprobar las oposiciones y le contestamos que sí, sin duda, las aprobará. ¿Efecto placebo al escuchar las palabras de ánimo? ¿Una posibilidad apoyada por un vaticinio se convierte en certeza, simplemente porque la actitud del interesado ante la predicción cambia por completo? Podría ser.

Independientemente del efecto positivo, inocuo o nocivo de las artes adivinatorias y similares, lo que yo quería recalcar, es que los tiempos duros empujan a la inventiva. La famosa frase “el hambre agudiza el ingenio” se hace carne en nuestra piel de toro cada día. Desde un antiguo operario que se pasa a la “adivinación” y la “santería” a un informático que diseña broches de tela. La crisis es una palabra griega – ¡que paradoja! – que significa renovación, cambio, y de ese se trata, de cambiar el modelo. El modelo de negocio o incluso el modelo de pensamiento. Olvidemos la comodidad – a ostias nos han demostrado los antidisturbios que se ha acabado – y empecemos a crear, a innovar, a emprender, a lanzarnos a las procelosas aguas del autoempleo, de la lucha, de la supervivencia.

Estoy convencido que aunque sea disfrazados de curanderos, de alguna manera el final de la crisis está en nosotros mismos y, sobre todo, en nuestra actitud ante la vida. Se acabó el “a verlas venir”, ahora hay que ir a por ellas.

Como bien cantaba Extremoduro, esta es una “Tierra de Conquistadores, no nos quedan más cojones”.

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