El del cencerro, el de Laponia y el de los palos

Publicado: 21 febrero, 2012 en actualidad, opinión
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Me he conjurado conmigo mismo para evitar entrar al trapo de determinadas noticias, pero reconozco que he perdido: han agitado el paño rojo ante mí y he embestido como un miura desbocado. Hasta hace diez minutos tenía preparada una entrada – que espero mañana no degluta otra noticia que me hierva la sangre – con una historia preciosa y emotiva, pero el día me ha ido calentando y tengo que desahogarme.

Empiezo esta mañana, en la puerta de mi trabajo donde me encuentro a un abuelete agitando un cencerro – esto no es una metáfora, es literal – en supuesta defensa de nuestras condiciones laborales. No acabo de entender el símil con los cabestros, tal vez esté incitando a que le entremos al trapo cual toro bravo, o a lo mejor está simplemente recordando su infancia entre pastos verdes y vaquitas, ni idea, lo confieso. La cuestión es que en cierta forma, su extraña e irrespetuosa actitud hacia los que entrábamos a trabajar me ha molestado bastante.

Continúo por la tarde, escuchando a un idiota – no puede calificarse de otra forma – representante de la CEOE (la asociación de empresarios) vociferando ante sus oyentes que deberían quitar la prestación por desempleo a los parados que rechacen una primera oferta de trabajo “aunque sea en Laponia”. Verán, lo primero que se me pasó por la cabeza fue proferir un mal educado improperio, pero luego pensé que, como dice mi suegro, “no merece la pena hacer casos a medios días habiendo días enteros”. El discurso del empresario se califica por sí mismo.

Después, tras un día de trabajo, llego a casa y lejos de encontrarme al italiano que anuncia los Capuccinos, me topo con un alto responsable de la policía que ante la atónita mirada de la delegada del gobierno de Valencia habla de “no desvelar tácticas al enemigo” refiriéndose a adolescentes de instituto. Las imágenes de los policías antidisturbios empujando violentamente a niñas o aporreando diputados, periodistas, chavales y todo el que les pusiera por delante me retrotraen a épocas pasadas que afortunadamente no viví.

Estos tres ejemplos – el del cencerro, el de Laponia y el de los palos – son muestras vivientes de que estamos rodeados de mediocridad y poca inventiva, en estos tiempos oscuros nadie se trabaja ni las metáforas y la sensación que se me queda es que la imbecilidad ha obtenido el grado de normalidad.

Da la sensación de que extremistas de uno u otro signo van a aprovechar la confusión y el miedo que produce la incertidumbre en la que vivimos para armar ruido. Se comportan como los radicales que se esconden en la masa para provocar incidentes, tiran la piedra y esconden la mano.

Es la historia de siempre en la que el del cencerro, el de Laponia y el de los palos enturbian la imagen hasta distorsionarla y transformarla a su antojo.

Lo grave sería confundir esa distorsión con la realidad.

Enlaces:

Al menos 20 detenidos en los enfrentamientos entre estudiantes y policía en Valencia

La CEOE pide retirar la prestación a quien rechace un trabajo «aunque sea en Laponia»

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