¿Oportunismo o ética?

Publicado: 15 febrero, 2012 en actualidad, opinión
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Hace tiempo escribí acerca de la indignidad cometida – en mi opinión  – por el extinto programa de Tele 5 “La Noria” al haber entrevistado a cambio de una importante suma de dinero a la madre del menor condenado por el asesinato de Marta del Castillo.

La repercusión mediática de aquella entrevista fue bastante grande, sobre todo a raíz de un artículo publicado por el bloguero y periodista Pablo Herreros y una petición de firmas para que los anunciantes retiraran su publicidad del programa. El resto de la historia es bien conocida: todos los anunciantes fueron desapareciendo de la Noria hasta “obligar” a los directivos de la cadena de televisión a retirarlo, o al menos reconvertirlo en algo “distinto”.

Se debatió mucho aquellos días de si los anunciantes tomaron la decisión de negar su patrocinio por puro interés publicitario o por auténtico convencimiento ético. Yo creo que en parte, como todo en la vida, fue un poco de ambos motivos. Seguramente a los anunciantes no les gustaba ver su nombre asociado a un programa que pagaba a familiares de delincuentes y además aprovecharon el tirón publicitario de la polémica para alinearse junto a la ética y la defensa de los valores positivos.

Hoy he leído acerca de un caso semejante: el famoso óptico Alain Afflelou ha anunciado su veto a los patrocinios de Canal Plus como consecuencia de la parodia de los guiñoles franceses, en la que se insinuaba – más bien se voceaba– la implicación generalizada de los deportistas de éxito españoles en casos de dopaje. Afflelou conseguirá sin duda notoriedad mediática y una campaña de publicidad gratuita, sobre todo en territorio español donde tiene 250 tiendas.

 “La importancia de lo que sucede, o mejor, la importancia de su repercusión, se mide en el número de menciones en twitter”

En el mundo de la tecnología y la inmediatez, donde cualquiera de los millones de usuarios de las redes sociales se convierte en reportero, cualquier hecho, por muy estúpido y trivial que sea – como parodiar con monigotes a famosos deportistas – se engrandece. La importancia de lo que sucede, o mejor, la importancia de su repercusión, se mide en el número de menciones en twitter, noticias compartidas en Facebook o similar. Por eso, los avezados publicistas, o los propios empresarios, no dudan en reaccionar velozmente a una posible cascada de comentarios negativos a nivel mundial. Se trata del clásico renovarse o morir.

A día de hoy el dicho se ha reescrito y ya “no es importante que hablen de uno, aunque sea mal”, sino “que mi marca sea trending topic”.

Y es que, en realidad, el fondo del asunto no han cambiado, sólo las formas.

Enlaces:

El óptico Alain Afflelou retira su publicidad de Canal+ por la polémica de los guiñoles

Andrés Cortés: El precio de la indignidad

Pablo Herreros: Comunicación se llama el juego

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