Los tramposos

Publicado: 7 febrero, 2012 en actualidad, opinión
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El mundo – al menos el mundo civilizado en el que me ha tocado vivir – es enormemente contradictorio, lo son las personas, las actitudes, los medios de comunicación, los políticos… Un día nos levantamos con el pie de la coherencia y nos la cogemos con papel de fumar hasta el extremo de la aberración. Otro día flexibilizamos nuestro criterio y dejamos pasar las más gordas por el cedazo de nuestra crítica. Puede depender de la hora, de nuestro estado de ánimo, de nuestro subconsciente o simplemente de nuestro interés.

Miramos a los ojos a un chaval que trata de defender su inocencia ante trescientos periodistas – ha sido expuesto ante el mundo como un formidable tramposo – y nos atrevemos a juzgarle. Nos atrevemos a creernos con el derecho a opinar sobre cosas que desconocemos.

Desconocemos lo que cuesta levantarse a las tres de la mañana para que te extraigan sangre y la examinen buscando indicios de trampa.

“El mundo – al menos el mundo civilizado en el que me ha tocado vivir – es enormemente contradictorio”

Desconocemos lo que significa subir una rampa con una pendiente brutal simplemente a base de un plato de pasta mal sazonado. Y si se dejan las tripas en el esfuerzo, si chorrean dolor y sus expresiones se crispan por la dureza del reto y finalmente lo consiguen, la suben, la coronan y reciben el beso de dos guapas figurantes en el Circo Máximo, encima dudamos de su honradez.

Nos contradecimos al exigir espectáculo y emoción a unos hombres y no permitirles mejorar su rendimiento con medicinas. “Es por su salud” les decimos. Y casi les obligamos – les presionamos bestialmente para que sean héroes al precio que sea – a doparse.

 “la salvaguarda del posible culpable es la salvaguarda del derecho que tenemos todos a ser considerados inocentes”

Y cuando lo hacen nos escandalizamos como si no hubiéramos sido nosotros las furcias que les incitábamos a pecar.

O peor, cuando no lo hacen, cuando realmente son honrados y se defienden mirándonos a los ojos, no les creemos.

El ciclismo es un deporte duro, ingrato, que te machaca de tal manera física y psíquicamente que los mejores cuajan a una edad muy superior a la de cualquier otro deportista – treinta y tantos – .

No sé si Alberto Contador es un tramposo o un héroe.

Pero cuando me mira y me dice que es inocente tengo el deber, como mínimo, de dudar de su culpabilidad.

Porque la salvaguarda del posible culpable es la salvaguarda del derecho que tenemos todos a ser considerados inocentes mientras no se demuestre lo contrario, y si se leen la sentencia, comprobarán que es cualquier cosa salvo justa.

Por eso, mientras no me demuestren lo contrario, los tramposos somos nosotros.

 

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