Archivos para enero, 2012

Una buena por mil malas

Publicado: 30 enero, 2012 en Uncategorized

Declaraciones de un obispo retrógrado que compara el cuidado del marido con el de un niño pequeño, absoluciones éticamente cuestionables, jueces que lucharon contra los crímenes de la dictadura juzgados, ERES malgastados y convertidos en rayas de coca, enriquecimiento ilícito a costa de Reales nombres, millones de tragedias laborales, asesinatos de género…

Son mil malas noticias.

De las que te hacen desear ser noruego – incluso un buen salmón, porque al menos seré comido en una buena mesa – o cambiar de canal de la vida.

Noticias malas y aderezadas, alimentadas por los fanáticos de la destrucción, los mismos que aman el caos porque en sus aguas revueltas pescan a sus anchas.

Sin embargo siempre hay algo bueno tras tanto malo, esta extraña vida tiene la curiosa cualidad que hace que cuando crees que el nivel de oscuridad y desesperación es insoportable, se abre una inesperada ventana que deja entrar un soplo de aire fresco.

En este caso el soplo tiene nombre y apellidos, Georges Loinger “el pasador de niños”. Loinger tiene 101 años y da conferencias a estudiantes y periodistas, concede entrevistas y realiza un sinfín de actividades encaminadas a un solo fin: mantener la ventana abierta para que la casa esté bien ventilada.

“Esta extraña vida tiene la curiosa cualidad que hace que cuando crees que el nivel de oscuridad y desesperación es insoportable, se abre una inesperada ventana que deja entrar un soplo de aire fresco”

La ventana de la memoria.

Loinger salvó a más de 350 niños judíos evacuándolos a Suiza con un método tan simple como ingenioso; organizaba partidos de fútbol en la frontera franco-suiza y lanzaba la pelota al lado suizo, consiguiendo que los niños que corrían a por la pelota se salvaran.

Observando el anciano rostro de Loinger, mirando sus gafas redondas, uno puede imaginar que esos ojos vivaces han visto mucho. Demasiado, tal vez.

Pero cuando hace casi setenta años este hombre se encontró frente al horror, frente a la injusticia, en lugar de mirar hacia otro lado – que hubiera sido humano y comprensible – le plantó cara y se la jugó.

“Loinger salvó a más de 350 niños judíos evacuándolos a Suiza”

Se jugó la vida para conseguir que otros conservaran la suya.

Hoy día, nietos y bisnietos de aquellos que corrieron tras la pelota que pateaba Loinger pueden darle las gracias por estar vivos y ser testigos directos de la memoria.

Y como ellos, hoy nosotros nos maravillamos y celebramos esta buena noticia en mitad de las mil malas, la mejor de todas, que es que aún habrá esperanza mientras existan persona como Loinger que hicieron lo correcto, escogieron el camino difícil y afrontaron las dificultades con coraje y valentía.

Y al igual que aquellos niños sólo podemos decir una palabra: gracias.

“Yo vi todo el plan aniquilador de Hitler para los judíos”

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El otro día leí un tuit – el español no tiene la flexibilidad del inglés para inventar palabras y por ahora “gorjeo” no me parece apropiada para sustituir “tuit” – magnífico, publicado por @ifilosofia que decía “A veces esperamos demasiado de otras personas, sólo porque nosotros estaríamos dispuestos a hacer más por ellos”. Tras esta gran verdad se encierran auténticas lecciones de vida que a veces son un poco amargas. La afirmación tiene un aire un tanto pesimista porque anticipa la decepción de no ver colmadas las esperanzas puestas en los actos de otros. La gestión de esa esperanza ayuda a vivir mejor; no se trataría de convertirse en un pesimista redomado y no esperar nunca nada de nadie – como siempre en el término medio está la virtud – sino en combinar, en las dosis precisas, esperanza optimista con realismo pesimista – quien sea capaz de encontrar la cantidad exacta de ingredientes en el cóctel, habrá logrado sin duda ser un poco más feliz – .

“A veces esperamos demasiado de otras personas, sólo porque nosotros estaríamos dispuestos a hacer más por ellos”

Hace años, tal vez influenciado por mi yo pesimista, decidí que nunca iba a verme decepcionado por ningún amigo en relación al grado de compromiso para con nuestra amistad que podía esperar de él. Simplemente pensé que la amistad es como una estantería, hay quien llega a lo más alto y hay quien se queda en la primera balda. Si exiges los volúmenes de arriba a los que no alcanzan, te llevarás una desilusión. ¿Esto conlleva una pérdida de confianza? En absoluto, porque mi confianza se entrega acorde a mi esperanza – en función de la altura de “su estantería” -.

Hasta aquí la teoría.

¿Cuál es la realidad?

Pues básicamente que no se tienen en cuenta todas estas precauciones – al menos en mi caso – y no se contiene la confianza o la amistad que se entrega, independientemente de lo que suceda al final. Nunca he entendido la vida encorsetada y limitada y prefiero llevarme un palo a dejar de ser yo mismo. Evidentemente los palos me caen como si fueran los troncos que las madereras empujaban río Mississippi abajo en las películas.

Casi siempre las sorpresas agradables compensan a las desagradables: los amigos responden, apoyan, y soportan el peso de las confesiones o los desahogos, sin rechistar. Te miran con los ojos entrecerrados, asintiendo sin decir nada – no hace falta – y apuran la cerveza para poder pedir otras dos que ahoguen un poco las penas. Es por estos amigos, los de verdad, por los que merece la pena no cambiar y dejarse la piel siendo fiel a uno mismo. Si no fuera así ¿cómo íbamos luego a ser capaces de enfrentar sus miradas cargadas de sinceridad?

 “Es por estos amigos, los de verdad, por los que merece la pena no cambiar y dejarse la piel siendo fiel a uno mismo”

Esta práctica de sinceridad y reciprocidad también va dirigida al amigo más íntimo que uno puede tener: uno mismo. Es decir, hay que ser leal con nosotros mismos, con nuestros valores y nuestra propia ética. Por eso, cuando uno aplica esta máxima y es sincero, y se expone dando su opinión a tumba abierta, enfrentándose a amenazas o a improperios, no puede más que sentirse orgulloso de llevarlo a cabo, pese a quien pese.

Pero como todo en la vida es reversible e interpretable según nos duela, la acertada frase del inicio de esta entrada puede aplicarse también en sentido opuesto y perverso: “A veces, nuestra incapacidad de hacer algo por los demás, nos convierte en inquisidores permanentes de su generosidad ya que no podemos entenderla.

A esos pobres de miras y espíritu les dedico hoy estas letras.

Recomiendo:

Leer los comentarios (incluido el primero que aparece oculto) de esta noticia “Noticia 20 minutos

La villanía es la cualidad – si es que se le puede llamar así – más traicionera, la que asoma en el momento más inoportuno. Cuando alguien construye una imagen, una fachada más o menos próxima a la realidad, tarda años en cultivarla, pulirla, broncearla y hacerla parecer creíble. La imagen se pule en el trabajo, con los amigos… Sin embargo esta labor de hormiguita, si no se corresponde con la realidad de quien somos, es muy frágil y se puede desmoronar en un instante en el que la villanía nos da una puñalada por la espalda y sale a flote, anteponiéndose a nuestra cuidada – y falsa – imagen de héroe.

Eso es lo que le ha pasado al Capitán del barco hundido a 200 metros de la costa italiana por una imprudencia suya. No contento con cometer un error garrafal – acercar peligrosamente un barco de 112.000 toneladas a los arrecifes de una isla – por puro exhibicionismo y soberbia, comete la villanía de escapar en un bote salvavidas olvidando todas sus obligaciones – entre ellas coordinar la puesta a salvo de los pasajeros y la tripulación – .

A este villano en España ya se le ha colocado a la altura de un espantajo cómico, en twitter por ejemplo, ayer se convirtió en Trending Topic (Tema del momento) la etiqueta #MeCaí EnUna Lancha que es la excusa que ha utilizado el capitán para justificar su espantada.

“La villanía es la cualidad – si es que se le puede llamar así – más traicionera, la que asoma en el momento más inoportuno.”

Como no hay ying sin yang, el polo opuesto del Capitán Villano ha sido el pasajero Guiseppe Girolamo que, sin dudarlo un segundo, cedió su sitio en un bote salvavidas a un niño que buscaba a sus padres. Ahora Girolamo está desaparecido y se ha convertido en un héroe nacional en Italia.

También hubo miembros de la tripulación que poniendo en riesgo sus vidas se esforzaron por ayudar a los pasajeros, evitando muchas más muertes.

Los héroes y los villanos no se hacen, nacen, y a lo mejor no hay que enfrentarse a un naufragio para que vean la luz, basta con encontrarse en una situación donde hay que tomar partido por el bien de otro o por el de uno mismo. El instinto de supervivencia nos empujará en algunos casos a poner tierra de por medio y a saltar a la lancha salvadora, pero en ocasiones despertará en nosotros el vaquero que se enfrenta a la muerte con la sonrisa torcida, sabiendo que no habrá recompensa ni palabras de agradecimiento. Miraremos a los ojos al niño, resoplaremos, nos quitaremos el chaleco salvavidas, le ayudaremos a subir a la lancha y veremos sonrientes como se aleja hacia la salvación.

“Los héroes y los villanos no se hacen, nacen, y a lo mejor no hay que enfrentarse a un naufragio para que vean la luz”

Luego, tal vez, si hay suerte, mucha suerte, tengamos nuestro premio en forma de cerveza al sol compartida con los amigos, para reírse de la historia.

En el caso de Girolamo no ha sido así, pero… ¿se podría pedir un final mejor?

Enlaces

El capitán del ‘Costa Concordia’ admite que el naufragio fue un error suyo

La historia de Giuseppe Girolamo

Este fin de semana ha sido intelectualmente intenso, agotador.

Al margen de la infinita energía de mis sobrinos que parecen no cansarse nunca, me he enfrascado en varios debates más o menos broncos a través de la red. Ahora, cuando el Domingo muere de manera triste y anodina para dar paso a un nuevo Lunes, mis sentimientos son básicamente grises. Me invade una suerte de dominguitis elevada a la décima potencia que imagino es producto de la mezcla de cansancio físico y emocional – ver dos veces la película de los Pitufos puede acabar con cualquiera -. Sin embargo este Domingo es un tanto especial porque tengo un runrún que no deja de roerme el cerebro y es exactamente la misma sensación que cuando tengo una bronca con alguien querido; cuando acaba no hay vencedores ni vencidos, sólo una especie de desasosiego indefinido, de lamento por no poder accionar la palanca de la máquina del tiempo y retroceder para impedir la inútil trifulca.

Ahora me siento igual.

Siempre he intentado defender sin dobleces ni aristas, mis ideas y opiniones, tratando de evitar en la medida de lo posible la falta de respeto hacia mi “contrario”. A pesar de ello, reconozco que – más veces de las que desearía – en ocasiones me dejo llevar por el apasionamiento y la vehemencia, no bien entendida por algunos como una forma de expresión contundente sino como una forma de ataque, y eso me granjea algunas dificultades, afortunadamente concretadas hasta el día de hoy solamente en palabras más o menos mal olientes. Las palabras, al fin y al cabo, no hacen daño, sólo molestan en algunos casos. Además, no ofende el que quiere sino el que puede.

Deliberadamente estoy siendo lo suficientemente vago en mi narración de lo acontecido como para que solamente los implicados, si tienen a bien leerme – cosa que dudo – sepan de lo que estoy hablando, si lo están haciendo, les animo a que opinen, hasta ahora – y no veo por qué iba a día de hoy a cambiar mi criterio – no he censurado ni uno solo de los comentarios que me habéis hecho, todos han sido publicados tal cual me llegan.

Para los curiosos, añadiré que básicamente se trata de una historia que viene de lejos, en el que hay dos posiciones enfrentadas y dicho enfrentamiento afecta directamente a terceros – entre ellos yo -. Yo, como “tercero” afectado me he limitado a expresar mi opinión. Claro, aquí nadie es imparcial – empezando por mí – y cualquier cosa es tomada como una alabanza por unos y como un ataque por otros.

Meterse en estos berenjenales al final, me deja exhausto y deprimido, porque ni voy a cambiar las cosas, ni voy a convencer ni a Tirios ni a Troyanos, ni lo pretendo, la verdad.

Lo que pasa es que como luego duermo conmigo mismo, a estas alturas de la película – cuarenta tacos de metraje – ya no me callo determinadas cosas y siempre digo lo que pienso – insisto, tratando de no ofender a nadie – . Y por ese lado, estupendo, genial, “ha hablado la voz del Super Tacañón”; pero por otro, viendo la mezquindad y el estilo barriobajero de algunas réplicas – entiendo que cree el ladrón que todos son de su condición – me pregunto “¿sirve de algo tanta historia?”. Casi seguro que no, que no sirve de nada, pero al menos sé que me miraré al espejo y no podré reprocharme que dejé de decir con honestidad lo que creía justo, que no lancé “mi verdad” – obviamente cuando uno opina da su versión de las cosas condicionada por sus experiencias únicas y personales – con toda la honradez de la que fui capaz. Así que cuando me lluevan las hostias – que me lloverán – las recibiré con la misma cara de idiota que se me pone cada vez que comprendo que no siempre merece la pena decir lo que se piensa.

 

Mira que cuando empecé este año a publicar entradas tenía el firme – lo juro – propósito de ser más positivo, menos cañero, no proferir los improperios que se agolpan en la boca de mi garganta, bajar el tono, no verter bilis de ninguna manera en mis escritos…

Todo esto aderezado con una bronca de mi madre – ¡que encima me confiesa que no se lee todas mis entradas!  – por utilizar insultos en ocasiones (pero es que madre no hay más que una)…

Viñeta del semanario El Jueves

Viñeta del semanario El Jueves

Pues bien, todo eso podría quedar en meros intentos por suavizar mis opiniones ante la siguiente noticia – cito textual el titular del periódico ABC – “Dinero de los parados andaluces acaba en fiestas y cocaína”.  Y el titular no es sensacionalista, es absolutamente cierto. La cuestión es que un Director General de Empleo de la Junta de Andalucía le dice a su chófer que cree empresas para recibir subvenciones que luego se repartirán entre ambos.

Alucinante, por no decir otra cosa – Mamá, te estoy haciendo caso – .

O sea, que mientras España se hunde, estos presuntos delincuentes se esnifan – presuntamente, lo dicen ellos mismos – nuestro dinero. El mío y el tuyo, querido lector – valga el epiceno para incluir a lectores y lectoras -, el que sudamos a diario, dándonos un madrugón, el que ganamos honradamente. Ese es el dinero que se están esnifando estos… – vaaaaale mamá – individuos.

Y ya, para rematar el enfado, para que vuelva a las andadas y me dedique a despotricar en lugar de hablar de literatura, de ciencia ficción o de mi libro –ese que estoy tratando de publicar -, me entero que el Aeropuerto – “dícese de un lugar en el que podrían despegar y aterrizar aviones” – de Castellón – ese que está plagado de malas hierbas y que parece un pueblo fantasma de una película mala del Oeste – se ha gastado más de 30 millones de euros – estos señores no se lo esnifan, pero se lo pulen (presuntamente) igualmente – en publicidad. ¿Para publicitar qué? ¿Los halcones que cazan pájaros que podrían molestar a los inexistentes aviones? ¿O la labor tediosa de los pobres guardas de seguridad que recorren en silencio y solos los miles de metros cuadrados de una terminal sin uso?  Pero, esperen, que aún hay más; que ahora resulta que han inaugurado en una rotonda del Aeropuerto Fantasma una estatua de 25 (veinticinco!!!) metros de altura “inspirada” – literal dicho por el escultor – en Carlos Fabra, el presidente (o ex presidente, ni me acuerdo ni quiero acordarme) de la diputación de Castellón. ¿Megalomanía o cachondez? ¿Se están desternillando a mi costa o es que yo soy muy mal pensado? Jolines, – sustituta de otra palabra, prohibida por mi madre – es que este hombre ha construido una estatua casi tan grande como el Cristo de Corcovado.

Y ante todo esto me pregunto con voz queda ¿qué hago? ¿Me lío a tiros y me quedo solo? ¿Grito hasta quedarme afónico? ¿Pataleo? ¿Les hago una transferencia para que me roben ya de manera directa?

No lo sé… ganas de hacer todas esas idioteces no me faltan… al final, de verdad, al nuevo año, sólo le pido una cosa: que los que manejan nuestro dinero se comporten con decencia y sentido común, que me da igual que sean rojos, azules, verdes o amarillos, pero que de una maldita vez la noticia sea de las buenas.

Enlace: “Dinero de los parados andaluces acaba en fiestas y cocaína

Paul Krugman es premio Nobel de economía en 2008 y profesor de economía en Princeton, podríamos decir que no es sospechoso de no saber de economía. Pues bien, Krugman recomienda en un estupendo artículo, políticas expansivas que incentiven el gasto y no políticas austeras. Aboga por seguir los dictados de Keynes (el famoso economista de principios del primer tercio del siglo XX) que ya nos advertía hace 75 años: “La expansión, no la recesión, es el momento idóneo para la austeridad fiscal”, es decir, que cuando hay vacas flacas no debemos recortar sino todo lo contrario. O sea, justamente lo contrario que están aplicando todos los gobiernos europeos. Claro que, en Europa, podemos decir que naciones como Grecia o Irlanda están abocadas a imponer políticas de recortes brutales, empujadas por los mercados que las machacarán aún más si no las aplican.

Tal vez sí o tal vez no.

La experiencia de estos años está demostrando que la solución no está en la contención del déficit – Irlanda no levanta cabeza – sino en fijar el foco en el empleo. Hay que dinamizar la economía, es decir, hay que generar confianza y extender la creencia – apoyada por Krugman – de que gastando se fomenta el consumo y se incentiva la inversión. Piensen en esto: si un enfermo está grave ¿se curará si no fomentamos el gasto en las medicinas que necesita? ¿o lo mataremos del todo?

El brutal dispendio de tiempos pasadso ha tenido como consecuencia que las arcas estén ahora medio vacías, pero mantenerlas a ras no ayuda. Hagamos caso a Krugman, endeudémonos más – España no llega al sesenta por ciento de su PIB, aún hay margen – y reactivemos el consumo – salvemos al enfermo – .

Este país no crecerá si no se contrata, si no se alienta  a las PYMES y a los autónomos – reduzcámosles los impuestos a la principal fuente de empleo de España – .

El ya manido “Gasta menos, debe menos, desarrolla la economía” ya no se lo cree nadie.

Ni los mercados.

Y el problema no es que sigamos una u otra corriente, el problema es  que decidamos la corriente que seguir en función de la opinión de los mismos que han hundido el sistema, los que blindan sus jubilaciones a costa de nuestro dinero – no es un tópico , es literal -.

Por favor, por una vez, señores de ahí arriba, escuchen a los sabios; escuchen a Keynes o a Krugman y pongan un poco de seso en sus decisiones, porque para bien o para mal, de lo que decidan ustedes depende nuestro futuro.

Enlace: Keynes tenía razón

Lo peor que hay en la vida es la ignorancia, porque la ignorancia permite crear seres humanos dóciles, imbuidos de miedo y supersticiones, incapaces de razonar para superar los propios terrores. He utilizado deliberadamente la palabra “crear” porque de alguna manera esas personas son moldeadas por terceros que los utilizan para sus propios fines, generalmente crematísticos. Importante aclarar que “ignorante” no significa iletrado, porque si algo he aprendido a lo largo de mi vida es que hay personas que apenas saben leer o escribir su propio nombre, con más sabiduría a sus espaldas que una decena de catedráticos de universidad.

El ignorante es crédulo, no contrasta, no duda, da por sentado las verdades que le hacen creer sin cuestionarlas, en definitiva es pobre de espíritu. Y estoy convencido de que se recrean en esta ausencia de saber, porque se escudan tras su parapeto de leyendas absurdas o creencias demenciales para mantener su vida a salvo… ¿a salvo de qué? ¿qué vida?

Una niña de siete años ha sido sacrificada en la India para mejorar la cosecha.

No es una broma, es una noticia real, cruda y brutal que como tú, he leído con los ojos abiertos como platos.

Joder.

Es que me quedo tan anonadado que se me acaban las palabras y lo peor es que en lugar de rebuscar posibles soluciones, se me agolpan en la mente otras noticias similares; niños violados en Africa porque así se cura el sida, Albinos asesinados para espantar a los malos espíritus… no sigo porque me estoy poniendo enfermo.

¿Qué escribir ante esto?

Sólo queda rogar para que las autoridades del país en cuestión – en este caso la India – actúen con firmeza, pero sobre todo de cara al futuro, que trabajen con los niños – los futuros ignorantes refugiados en la superstición – que eduquen, que enseñen, que cuenten, que abran mentes, que hagan comprender que casi todo tiene una explicación racional y que casi todo, si se conocen sus causas, puede combatirse o revertirse.

Y no dejo de ver la mirada limpia, feliz y cálida de mi sobrina, nacida en un mundo diferente al de esa pobre chiquilla y en cierta forma me siento un poco culpable por haber contribuido a ensanchar la diferencia entre ambos mundos.

Enlaces:

Sacrifican a una niña de siete años en la India para mejorar las cosechas