Defecto de forma

Publicado: 26 diciembre, 2011 en actualidad
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Miguel Montes Neiro tiene 60 años de los que lleva 36 (¡treinta y seis!) en prisión, la mayoría de ellos en prisión preventiva. Algunos de los delitos por los que ha sido condenado conllevaban una pena de cárcel menor que la acumulada en este encierro preventivo. El objeto de la prisión preventiva es evitar que un posible culpable deambule libremente por las calles, donde podría cometer algún delito más, por ser un peligro para la sociedad.

Miguel jamás ha cometido un delito de sangre, su primer ingreso en prisión fue por negarse a realizar el servicio militar en 1966, ha cumplido cárcel por delitos como deserción militar, contra la salud pública, robo, quebrantamiento de condena, contra la seguridad del tráfico y falsificación de documento público, entre otros. Miguel es una persona – o lo fue, porque ahora sufre una grave enfermedad – inquieta, rebelde, que no se somete a la autoridad, impulsivo y lo más grave: no fue capaz de medir el daño que sobre sí mismo tuvieron sus actos.

Todos estos calificativos – absolutamente subjetivos por mi parte – no son suficientes para que un ser humano merezca estar entre rejas durante treinta y seis largos años. A cualquiera le vienen a la mente delincuentes que jamás han pisado una cárcel o que lo han hecho casi anecdóticamente a pesar de haber asesinado o robado inmensas cantidades de dinero.

Este caso es escandaloso e hiriente y remueve las entrañas de cualquiera. No es tolerable que el mismo sistema judicial que permite que asesinos condenados pasen unos cuantos meses en una casa juvenil o que otorga potestad a un juez para cambiar a su antojo – para que el nene pudiera salir en un procesión de Semana Santa – el régimen de visitas de un padre divorciado, sea extremadamente duro e inflexible con el caso de este pobre hombre.

El remate que ya es el colmo de la desvergüenza ha sido la reciente negación de la salida de prisión de Miguel por parte de la Audiencia de Granada – a pesar de que el último Consejo de Ministros del Gobierno saliente le indultó el pasado 16 de diciembre – por un defecto de forma.

La consecuencia de este absurdo empeño por cogérsela con papel de fumar ha sido que Miguel no ha podido pasar las Navidades con su familia, sigue en la cárcel de Albolote (Granada) esperando que a alguien le dé por aplicar de una buena vez el sentido común a este caso delirante de injusticia.

Luego escucho los ecos del juicio de los trajes, de los sastres y de los ladrones con corbata de seda – que por supuesto no han pagado ellos sino todos nosotros – y me hierve la sangre y me dan ganas de acercarme al juzgado y preguntarle al juez, que estos días de fiesta estará calentito en su casa, con su familia, comiendo turrón y pavo, que en qué demonios está pensando, que si es que el cava le ha matado todas la neuronas y es incapaz de entender que este hombre se muere y que al menos le permita hacerlo rodeado por los suyos, arropado por su familia y no por las frías rejas, un jergón de mala muerte y una pared gris llena de pintadas obscenas y marcas – que ya no caben – que miden el paso del tiempo infinito.

Un tiempo que ya le están robando a Miguel hace demasiado.

Esperemos no tener que lamentarlo cuando ya sea demasiado tarde.

Enlaces:

46 años en prisión provisional

El preso más antiguo sigue en la cárcel pese al indulto

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