Más Carondas y menos ombliguismo

Publicado: 12 diciembre, 2011 en Divulgación, historias, opinión
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A diario contemplo ejemplos en los que se reafirma mi teoría de que vivimos en una sociedad reglada por el ombliguismo. El ombliguismo consiste en la ignorancia deliberada de la existencia de los demás, de manera que nuestras acciones tienen un único propósito: realizar nuestra voluntad en todo lugar y momento, independientemente de las consecuencias sobre el resto de la humanidad, como si fuésemos el centro del universo, dedicándonos a adorar y contemplar con deleite nuestro propio ombligo.

La primera persona a la que oír utilizar ese término era de Dos Hermanas, yo apenas llevaba dos años en Sevilla – ya ha llovido desde entonces – y la frase textual que me dijo fue “Aquí hay mucho ombliguismo”.  A lo largo de los años he tenido que darle la razón en multitud de ocasiones, aunque yo extendería geográficamente la actitud al mundo entero  – de hecho, atribuirse la potestad del ombliguismo es en sí misma una actitud ombliguista -. Para mí, la expresión es extensiva no sólo a los que creen que su tierra, su historia o su experiencia son únicas, singulares y merecedoras de más atención y admiración que las de los demás, sino a la actitud egoísta y desprovista de cualquier afección o interés por los demás.

“El ombliguismo consiste en la ignorancia deliberada de la existencia de los demás”

Cuando alguien pasea con su perro y no recoge la mierda está practicándola, porque imagina dos cosas: que o bien se recoge sola o que alguien – un ente invisible que baja del cielo – lo hará por él.

Cuando una persona revienta la tranquilidad de un Sábado de madrugada con el sonido insoportablemente alto de los altavoces de su coche parece tener la creencia de que no hay nadie en la faz de la tierra salvo ella.

Cuando después de un estupendo día en la playa, una familia de domingueros – qué bello término – no recoge la basura y la deja allí, plantada en la arena, diciendo “Así damos trabajo a los barrenderos”, está llevando a cabo la exaltación del ombliguismo.

Carondas de Catania fue un legislador griego del siglo VI antes de Cristo, que murió porque fue coherente hasta las últimas consecuencias. Una de las leyes que redactó prohibía la entrada en la Asamblea con espada bajo pena de muerte. En cierta ocasión Carondas – bien por descuido o por las prisas – lo olvidó y entró armado. Cuando los miembros de la Asamblea le recriminaron su actitud, Carondas les replicó “He venido a hacer cumplir la ley” y se suicidó allí mismo.

El ejemplo de Carondas es la antítesis del ombliguismo, es el paradigma de una persona generosa hasta la muerte, que pensaba en el bien común antes que en su propia vida.

No hace falta llegar a ese extremo de coherencia mortal, pero espero que tampoco haya que viajar 2500 años al pasado para aprender a ponernos en la piel de los demás, a pensar un poco en el de enfrente y comprender que nuestro ombligo puede resultarnos muy atractivo a nosotros mismos, pero no es el único que existe.

“El ejemplo de Carondas es la antítesis del ombliguismo, es el paradigma de una persona generosa hasta la muerte, que pensaba en el bien común antes que en su propia vida.”

Enlace: El legislador más consecuente de la Historia.

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