Archivos para diciembre, 2011

El 2011 – ¡ya era hora! – llega a su fin.

Es tiempo de hacer balance, aunque a veces no apetezca echar la vista atrás para recordar. Ha sido un año duro, estresante, lleno de un sordo rumor que continuamente nos recordaba que el tsunami se cernía sobre nosotros imparable.

En mi caso no puedo quejarme y cruzo los dedos: mantengo el trabajo, la salud bien, el amor muy bien y bueno, de dinero, mejor no hablar.

El 2012 se presenta como un año lleno de incertidumbre pero también de proyectos ilusionantes, uno de ellos con total probabilidad me quitará parte de tiempo, por lo que me espaciaré un poco más a la hora de publicar – pido perdón por anticipado – aunque trataré de seguir molestándote y obligándote a enlazar con estas líneas, si no a diario, casi, no lo dudes.

Dentro de las cosas buenas que me han pasado en 2011 está este pequeño y modesto proyecto que mi corta imaginación bautizó como acortescaballero.com y en el que ahora te encuentras. Gracias por estar ahí, por cierto.

Como casi colofón al 2011 que acaba, te invito a leer o a releer, según el caso, la entrada más leída de todas, la que más veces ha sido compartida y una de las que más orgulloso me siento.

Se llama Azar.

Leer Azar.

Anuncios

Familias ejemplares

Publicado: 29 diciembre, 2011 en actualidad, opinión
Etiquetas:, , , ,

No, no voy a hablar del duque y su regio suegro – para eso ya están los periódicos – sino de otros asuntos familiares que aunque no son Reales si muy pero que muy reales. Me refiero a dos en concreto, por un lado la familia formada por Carlos Fabra y su mujer. El expresidente de la diputación de Castellón llamado también “el hombre más afortunado de España” – ha ganado la lotería numerosas veces como si de un tramposo personaje de Regreso al Futuro se tratara – extiende su buena suerte a su cónyuge. Su mujer ha sido nombrada vicepresidenta de la referida Diputación – da la sensación de que allí los cargos se heredan – y cobrará 4.200 € mensuales.

Es curioso como los miembros del mismo partido que se ha negado a suprimir las diputaciones – el PP por si andan despistados – , a diferencia de su contrincante, sean los que recogen los ingentes frutos que les van regalando estas instituciones. Las diputaciones suponen gastos enormes que no repercuten en la misma medida en la que los consumen, aportando riqueza a la provincia. Se supone que son los “ayuntamientos de los ayuntamientos”, que aglutina en un órgano único y centralizado a las pequeñas poblaciones que no disponen de corporación propia – no me malinterpreten, la idea de partida es buena -, no obstante, tengo la certeza de que no sirven para nada. Al final – y lo cuento con conocimiento de causa – suponen un sobrecoste innecesario que – repito – no revierte en beneficio de nadie, salvo en los propios funcionarios, empleados y diputados. Durante varios años – creo que esto ya lo he contado anteriormente – he asistido con pavor a la indecencia de algunos trabajadores pertenecientes a la Diputación de Sevilla: no sólo no daban ni golpe, sino que además se pavoneaban de ello.

Estas sí que son las “reformas” – al nuevo ministro de Hacienda, Montoro, no le gusta la palabra “recorte” – necesarias para ajustar el gasto: evitar el dispendio desmedido y absurdo de instituciones obsoletas.

En fin.

La otra familia a la que quería nombrar hoy, el día después del de los inocentes, estuvo liderada por un caudillo sanguinario, fascista, con aires de semidios y encumbrado por el Nacional Catolicismo de mediados del siglo pasado: Francisco Franco Bahamonde.

¿Una historia olvidada? ¡Qué más quisiera yo! Hoy mismo me he enterado de que Franco sigue siendo presidente de honor de la diputación de Lugo, ya que anteayer fue rechazada – merced a la abstención del PP – una moción para revocar el nombramiento. Sería grotesco sino hubiera detrás una historia de fosas comunes, asesinatos en masa, campos de concentración y exilio.

La alargada sombra de la Dictadura sigue oscureciendo la democracia con estupideces como esta.

Espero al menos no tener que soportar ver más veces a la nieta del asesino bailando – y cobrando – en la televisión pública, sí, esa que pagamos todos.

Eso sí que sería para sublevarse.

Enlaces:

Memoria

La abstención del PP impide que se retiren las distinciones a Franco en Lugo

Querido lector,
Eres mi Rey Mago favorito, cuando me otorgas el privilegio de visitar este blog y dejarme compartir contigo mis miedos, mis inquietudes o mis opiniones, me haces el mejor regalo.
Hace unos meses cuando necesité expresar con letras lo que se me pasaba por la cabeza y compartirlo contigo, lo hice como si empezara un juego y ahora, llenar este hueco con cierta frecuencia, ha acabado por convertirse – tal y como uno de vosotros me lo ha definido estos días – en “un deber moral” para con vosotros. Esta obligación contraída se ha convertido en parte de mi día a día y me obliga a pensar en lo que observo, a observar con mayor detenimiento y a interrogarme acerca de cosas que en otras circunstancias no merecerían mi atención.
Por eso, te agradezco que me regales esa motivación que me obliga a estar alerta y a no adormecerme siendo un mero espectador de lo que sucede en el mundo.
Voy a pedirte, eso sí, para 2011 algunas cosas.
En primer lugar quiero más comentarios, pero que los escribas en el blog, no me vale con que cuando te cruces conmigo me digas que tal o cual entrada te disgustó o que discrepabas con mi opinión, o que me lo envíes por correo a mí sólo, por favor, compártelo con todos y así enriquecerás este rincón, que es sobre todo tuyo.
También quiero que sugieras temas, o cualquier cosa que te parezca relevante para mejorar el blog, así se acercará más a lo que tú buscas y a mí me enseñarás cosas.
No dejes de visitarme, aunque a veces mis historietas de abuelo cebolleta no estén a la altura de lo que esperas, no desesperes, seguro que alguna vez conseguiré que te interese lo que lees.
Si te gusta lo que encuentras, compártelo con tus conocidos, seguidores y amigos, así creceremos juntos y seremos más, que la diversidad es lo más interesante de los lugares que visitamos.
Espero que si me traes carbón sea del dulce o en forma de crítica constructiva. 😉
Muchas gracias y te deseo un feliz 2012, que no sea tan malo como nos lo pintan y lo veamos juntos y podamos contarlo aquí, entre tú y yo.
Un saludo.
Andrés.

Miguel Montes Neiro tiene 60 años de los que lleva 36 (¡treinta y seis!) en prisión, la mayoría de ellos en prisión preventiva. Algunos de los delitos por los que ha sido condenado conllevaban una pena de cárcel menor que la acumulada en este encierro preventivo. El objeto de la prisión preventiva es evitar que un posible culpable deambule libremente por las calles, donde podría cometer algún delito más, por ser un peligro para la sociedad.

Miguel jamás ha cometido un delito de sangre, su primer ingreso en prisión fue por negarse a realizar el servicio militar en 1966, ha cumplido cárcel por delitos como deserción militar, contra la salud pública, robo, quebrantamiento de condena, contra la seguridad del tráfico y falsificación de documento público, entre otros. Miguel es una persona – o lo fue, porque ahora sufre una grave enfermedad – inquieta, rebelde, que no se somete a la autoridad, impulsivo y lo más grave: no fue capaz de medir el daño que sobre sí mismo tuvieron sus actos.

Todos estos calificativos – absolutamente subjetivos por mi parte – no son suficientes para que un ser humano merezca estar entre rejas durante treinta y seis largos años. A cualquiera le vienen a la mente delincuentes que jamás han pisado una cárcel o que lo han hecho casi anecdóticamente a pesar de haber asesinado o robado inmensas cantidades de dinero.

Este caso es escandaloso e hiriente y remueve las entrañas de cualquiera. No es tolerable que el mismo sistema judicial que permite que asesinos condenados pasen unos cuantos meses en una casa juvenil o que otorga potestad a un juez para cambiar a su antojo – para que el nene pudiera salir en un procesión de Semana Santa – el régimen de visitas de un padre divorciado, sea extremadamente duro e inflexible con el caso de este pobre hombre.

El remate que ya es el colmo de la desvergüenza ha sido la reciente negación de la salida de prisión de Miguel por parte de la Audiencia de Granada – a pesar de que el último Consejo de Ministros del Gobierno saliente le indultó el pasado 16 de diciembre – por un defecto de forma.

La consecuencia de este absurdo empeño por cogérsela con papel de fumar ha sido que Miguel no ha podido pasar las Navidades con su familia, sigue en la cárcel de Albolote (Granada) esperando que a alguien le dé por aplicar de una buena vez el sentido común a este caso delirante de injusticia.

Luego escucho los ecos del juicio de los trajes, de los sastres y de los ladrones con corbata de seda – que por supuesto no han pagado ellos sino todos nosotros – y me hierve la sangre y me dan ganas de acercarme al juzgado y preguntarle al juez, que estos días de fiesta estará calentito en su casa, con su familia, comiendo turrón y pavo, que en qué demonios está pensando, que si es que el cava le ha matado todas la neuronas y es incapaz de entender que este hombre se muere y que al menos le permita hacerlo rodeado por los suyos, arropado por su familia y no por las frías rejas, un jergón de mala muerte y una pared gris llena de pintadas obscenas y marcas – que ya no caben – que miden el paso del tiempo infinito.

Un tiempo que ya le están robando a Miguel hace demasiado.

Esperemos no tener que lamentarlo cuando ya sea demasiado tarde.

Enlaces:

46 años en prisión provisional

El preso más antiguo sigue en la cárcel pese al indulto

Ayer por la mañana, como todos los años, la cantinela de los niños de San Ildefonso me acompañó mientras conducía, mientras trabajaba o mientras desayunaba. Los números premiados iban completando las casillas entre algunas maldiciones, huys y lamentos por parte de los que veíamos como la esperanza se diluía a medida que las bolas implacables eran cantadas por los niños. Al final, la postal ha sido una lista de números que han salpicado de cava y sonrisas los rincones de esta España machacada por el paro y la crisis.

Ninguno de esos números mágicos que ha dado un respiro a personas que, en general, lo necesitaban, era el mío. Luego me sumí en una suerte de melancólico lamento en el que mi sonrisa triste me recordaba delante del espejo que hoy es el día de la salud. Así, un poco tontorrón, he salido del trabajo a encontrarme con un maravilloso mediodía soleado del Sur. He puesto la radio en el coche y he vuelto a escuchar el trino feliz de los cantores de la suerte, los tópicos y típicos loteros felices por la suerte ajena, los que “tapan agujeros”, los que podrán acabar el año bien, los que estaban en paro, los que llevaban meses sin cobrar… De todas esas voces felices, la mayoría deseosas de compartir con estridencia su alborozo, la que me ha llegado al alma, tan profundamente que me ha hecho llorar – lo confieso – ha sido el susurro de una madre canaria que tenía encima de la mesa una orden de desahucio. Ahora, esos cincuenta mil euros de un quinto premio, que le ha regalado un décimo comprado anoche con sus últimos veinte euros, servirán para que estas sean las mejores navidades de sus vidas, la suya y las de sus hijos. Mientras enfilaba el atasco de todos los mediodías y escuchaba la voz entrecortada, casi avergonzada, de esta mujer, sentía que las lágrimas empañaban mis gafas de sol y me he sentido muy, muy afortunado. Afortunado por tener trabajo, por estar rodeado de personas que me quieren, que me apoyan y que dan sentido a que cada día me levante, y que encima – ¡Encima! – me dejan quererles. Afortunado porque la sonrisa y los abrazos de mis sobrinos envuelven mi alma muy a menudo – más veces de las que merezco – . Afortunado por poder contar estas cosas y que haya alguien, no importa cuántos, ahí, donde estás tú ahora, dedicando tu valioso tiempo a pasear tu mirada por estas letras.

Luego, para añadir un poco más de leña al fuego, me tropiezo con el rostro de un joven de 34 años que ha sido asistido para suicidarse. Sufría ELA, una enfermedad brutal que sume al enfermo poco a poco en una parálisis mortal en la que dejan de funcionar todos los órganos – la mayoría de los enfermos mueren asfixiados porque dejan de poder respirar -.

No puedo siquiera alcanzar a comprender lo que ha debido sufrir esa persona para querer dejar de vivir de una manera programada… Y yo que me estaba lamentando porque un papelito con mi número no vale nada…

Por eso, cuando se me ha pasado la vergüenza de sentirme un auténtico imbécil superficial, me he vuelto a mirar en el espejo y no me ha cabido la menor duda de que ayer fue el día en el que me tocó la lotería.

Enlaces:

“Vivo en una cárcel que se estrecha”

¿Ves como no servía de nada estudiar?

Publicado: 26 diciembre, 2011 en opinión

Mi padre tiene casi setenta años y se resiste a jubilarse. Es maestro – él insiste en que esa es la palabra que realmente le define – y desde hace más de treinta años dirige un colegio público. Hace años, cuando el boom del ladrillo estaba en su apogeo, un antiguo alumno – del grupo de los zoquetes – , aparcó su coche de alta gama junto al eterno Renault cinco de mi padre – finalmente, el coche se ha jubilado antes que él – y bajándose muy ufano le espetó “¡Mira que coche tengo! ¡Gano más del triple que tú¡ ¿Ves cómo no servía de nada estudiar?”.

Es en estos días convulsos de crisis, en los que me acuerdo de aquel idiota y siento pena por él, pues le imagino sentado en su raído sofá, con su chándal de marca, su gorra, sus deportivas de doscientos euros, llenas de agujeros, jugueteando con las llaves del cochazo que no puede utilizar porque no tiene dinero para gasolina – ¡consume un huevo, el jodío! – ni para el seguro, mirando un programa de tele basura junto a su pobre madre que ahora ha vuelto a hacerse cargo del niño.

¿Cuántos habrá como él en este país?

¿Cuántos hicieron el imbécil delante de sus antiguos profesores, que lo único que trataron de conseguir fue inculcar un poco de decencia y sentido común en esas cabezotas rapadas?

¿Cuántos se arrepentirán de sus palabras y las rumiarán una y otra vez sabiendo – temiendo – que a lo peor sus profesores se están carcajeando de ellos?

Lo que no saben es que sus maestros no se alegran de su desgracia, todo lo contrario, se sienten apenados y un poco fracasados porque por lo que a ellos respecta no fueron capaces de enmendar la torcida percepción de los valores de sus alumnos.

La desilusión y el error de despreciar la educación y la formación no son exclusivos de la clase menos preparada de la sociedad, también existen algunos casos – los conozco – de titulados universitarios que desencantados por su situación personal en la que cobran una miseria – si es que cobran – y penan por un puesto de trabajo decente, piensan exactamente lo mismo. ¿Ves como no servía de nada estudiar?

Sin embargo yo pienso justo lo contrario. La formación y la preparación nos permiten saber, conocer el porqué de las cosas, nos capacita para tratar de dar sentido a la realidad que nos rodea de una manera lógica y nos regala recursos para luchar contra las crisis y las injusticias que conlleva.  En estos tiempos difíciles que corren, las posibilidades de encontrar un buen trabajo – siquiera un mal trabajo – son mucho menores, pero si nuestro abanico de recursos es mayor, podremos enfrentarnos al reto con alguna garantía más de éxito que si ni siquiera tenemos un paipái. Conozco casos sangrantes de jóvenes sin apenas formación ni cualificación, que trabajaban en sectores muy vinculados a la construcción, ganando miles de euros mensuales, que se gastaban más de mil euros en cada una de las llantas de su flamante deportivo. Ahora se comen con patatas las llantas y hasta el volante si hace falta, de un coche que no pueden pagar.

“La formación y la preparación nos regalan recursos para luchar contra las crisis y las injusticias que conlleva.”

En este país inflamos un monstruo soplando un poco entre todos y no nos estábamos preparados para que reventara, además de dejarnos llevar por la corriente favorable, simplemente porque era lo más fácil. Era fácil decir que sí a sueldos astronómicos y abandonar los estudios. Era fácil hipotecarse sin precaución – ¡Si esto no para de crecer! – y vivir por encima de las posibilidades reales… lo pienso y se me ponen los vellos de punta… porque aquella locura consumista ha desembocado en la austeridad extrema, y, señores, ni Don Juan ni Juanillo.

Como no nos centremos y no revisemos el fondo del lago, en pocos años estamos otra vez enfangados creyéndonos  – pido perdón por triplicado – los putos amos del puto mundo.

Y la única puta que yo conozco ahora, se llama realidad, que como nos coja por el pescuezo y le dé por apretar todavía más con sus garras retorcidas, nos va a dejar sin resuello.

Espero que mientras trato de distinguir su feroz sonrisa, no me suelte aquello de “¿Ves como no servía de nada estudiar?”. 

Vídeo: Españistán, de la Burbuja Inmobiliaria a la Crisis

Mi padre tiene casi setenta años y se resiste a jubilarse. Es maestro – él insiste en que esa es la palabra que realmente le define – y desde hace más de treinta años dirige un colegio público. Hace años, cuando el boom del ladrillo estaba en su apogeo, un antiguo alumno – del grupo de los zoquetes – , aparcó su coche de alta gama junto al eterno Renault cinco de mi padre – finalmente, el coche se ha jubilado antes que él – y bajándose muy ufano le espetó “¡Mira que coche tengo! ¡Gano más del triple que tú¡ ¿Ves cómo no servía de nada estudiar?”.

Es en estos días convulsos de crisis, en los que me acuerdo de aquel idiota y siento pena por él, pues le imagino sentado en su raído sofá, con su chándal de marca, su gorra, sus deportivas de doscientos euros, llenas de agujeros, jugueteando con las llaves del cochazo que no puede utilizar porque no tiene dinero para gasolina – ¡consume un huevo, el jodío! – ni para el seguro, mirando un programa de tele basura junto a su pobre madre que ahora ha vuelto a hacerse cargo del niño.

¿Cuántos habrá como él en este país?

¿Cuántos hicieron el imbécil delante de sus antiguos profesores, que lo único que trataron de conseguir fue inculcar un poco de decencia y sentido común en esas cabezotas rapadas?

¿Cuántos se arrepentirán de sus palabras y las rumiarán una y otra vez sabiendo – temiendo – que a lo peor sus profesores se están carcajeando de ellos?

Lo que no saben es que sus maestros no se alegran de su desgracia, todo lo contrario, se sienten apenados y un poco fracasados porque por lo que a ellos respecta no fueron capaces de enmendar la torcida percepción de los valores de sus alumnos.

La desilusión y el error de despreciar la educación y la formación no son exclusivos de la clase menos preparada de la sociedad, también existen algunos casos – los conozco – de titulados universitarios que desencantados por su situación personal en la que cobran una miseria – si es que cobran – y penan por un puesto de trabajo decente, piensan exactamente lo mismo. ¿Ves como no servía de nada estudiar?

Sin embargo yo pienso justo lo contrario. La formación y la preparación nos permiten saber, conocer el porqué de las cosas, nos capacita para tratar de dar sentido a la realidad que nos rodea de una manera lógica y nos regala recursos para luchar contra las crisis y las injusticias que conlleva.  En estos tiempos difíciles que corren, las posibilidades de encontrar un buen trabajo – siquiera un mal trabajo – son mucho menores, pero si nuestro abanico de recursos es mayor, podremos enfrentarnos al reto con alguna garantía más de éxito que si ni siquiera tenemos un paipái. Conozco casos sangrantes de jóvenes sin apenas formación ni cualificación, que trabajaban en sectores muy vinculados a la construcción, ganando miles de euros mensuales, que se gastaban más de mil euros en cada una de las llantas de su flamante deportivo. Ahora se comen con patatas las llantas y hasta el volante si hace falta, de un coche que no pueden pagar.

“La formación y la preparación nos regalan recursos para luchar contra las crisis y las injusticias que conlleva.”

En este país inflamos un monstruo soplando un poco entre todos y no nos estábamos preparados para que reventara, además de dejarnos llevar por la corriente favorable, simplemente porque era lo más fácil. Era fácil decir que sí a sueldos astronómicos y abandonar los estudios. Era fácil hipotecarse sin precaución – ¡Si esto no para de crecer! – y vivir por encima de las posibilidades reales… lo pienso y se me ponen los vellos de punta… porque aquella locura consumista ha desembocado en la austeridad extrema, y, señores, ni Don Juan ni Juanillo.

Como no nos centremos y no revisemos el fondo del lago, en pocos años estamos otra vez enfangados creyéndonos  – pido perdón por triplicado – los putos amos del puto mundo.

Y la única puta que yo conozco ahora, se llama realidad, que como nos coja por el pescuezo y le dé por apretar todavía más con sus garras retorcidas, nos va a dejar sin resuello.

Espero que mientras trato de distinguir su feroz sonrisa, no me suelte aquello de “¿Ves como no servía de nada estudiar?”. 

Vídeo: Españistán, de la Burbuja Inmobiliaria a la Crisis