Adictos

Publicado: 14 noviembre, 2011 en opinión
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Hay un chiste bastante revelador de la naturaleza humana – en este caso masculina – que contaré brevemente. Un hombre y una modelo famosa naufragan en una isla desierta y tras varias semanas – la llamada inevitable de la naturaleza, imagino – empiezan a tener relaciones sexuales. Al cabo del tiempo, el hombre le dice a la chica: “¿Te importa si jugamos a un juego, te pintas un bigote y te vistes con mi ropa?”, ella acepta y él, cuando está vestida de hombre le grita con una sonrisa “¡Tío, me estoy acostando con una modelo!”.

Esto podría ejemplificar lo que hoy día muchas personas sienten frente a las redes sociales. El contar la experiencia sustituye – incluso mejora – y deforma la propia experiencia. Contar lo que se hace parece más importante que hacerlo. Es como si algunos se vieran – ¿nos viéramos? – impelidos a narrar de manera excesiva nuestro quehacer. Cualquier cosa, lo que sea.

Ejemplos no peligrosos: “Comprando anorak.” “Leyendo libro.” “Fotografiando paisaje.” “Comiendo las croquetas de mi madre. Comparto foto.”

Ejemplos peligrosos: “Ascendiendo el Everest, agarrándome con una mano a la cordada mientras tecleo” “Operando a corazón abierto. Trataré de salvar al paciente.” “Examinándome del carnet de conducir. Semáforo verde.” “Deteniendo a peligroso miembro de banda criminal.”

“El contar la experiencia sustituye – incluso mejora – y deforma la propia experiencia.”

En fin, es lo de siempre, cualquier cosa, afición o práctica, en exceso es perjudicial. – Y digo cualquiera, piensen la que piensen – .

Si buscamos el equilibrio en cualquier ámbito de nuestra vida, que indudablemente la mejorará, también es lógico que mesuremos nuestra actividad virtual social. Puede ser reconfortante que contemplando un atardecer en la Costa de la Luz nos acordemos de un amigo y quisiéramos que estuviese allí, disfrutando con nosotros del momento, pero no por ello deberíamos olvidarnos de sentirlo y disfrutarlo intensamente en nuestra soledad, ya habrá tiempo para contárselo – mejor si es en persona – .

En Japón ha creado un anuncio para alertar de que si la tecnología te desconecta del mundo, te vas a perder la verdadera vida y acabarás solo y confieso que no me parece una exageración en absoluto.

Recientemente he adquirido un Smartphone, y compruebo que es curioso lo accesible que tengo ahora – a golpe de tecla, en cualquier lugar del mundo – la información, la prensa, los mensajes de mis amigos, los comentarios a mi blog, la bolsa, los resultados deportivos… y encima puedo decirle al mundo cómo me siento, dónde estoy, qué hago y con quién, cuándo lo hago y para qué y por qué lo hago.

¿De verdad necesitamos contarlo todo? ¿No perdemos intensidad al disfrutar de algo si tenemos que concentrarnos en narrarlo en tiempo real o incluso a posteriori? ¿Es mejor ver un concierto a través de la imagen que grabo con mi móvil que mirando en directo con mis propios ojos al escenario?

Soy amigo y defensor del uso y la utilidad de las nuevas tecnologías, pero también soy lo suficientemente mayor como para recordar que no hace mucho no era tan importante estar permanentemente localizado, si quedabas, pues esperabas tomando algo mientras aparecían los demás, y si no aparecían, pues paseabas o te metías en el cine, sin problemas.

“¿No perdemos intensidad al disfrutar de algo si tenemos que concentrarnos en narrarlo en tiempo real o incluso a posteriori?”

La necesidad permanente de saber en cada momento donde estamos o qué hacemos es absolutamente ficticia e impuesta. No hubo nada más falso en el mundo de la publicidad que el eslogan “libre” de una conocida marca de móviles, muy al contrario, hemos perdido la libertad, el anonimato e incluso – lo que es más grave –  hemos perdido el propio deseo de ser anónimos.

Creo que no deberíamos dejar de aprovechar la excusa de buscar un rincón del mundo – que los sigue habiendo – en el que perdamos la cobertura y  – por añadidura – la cadena de la que cuelga la bola que tenemos virtualmente atada al tobillo.

Disfrutemos de verdad de la libertad de elegir… y elijamos conectarnos al mundo, al verdadero, al que se toca, se huele y se siente, aunque sea sólo de vez en cuando.

Merecerá la pena.

Entrada dedicada a Fran Viejo. 😉

Enlace:

Vídeo – anuncio Japón – cuando la tecnología te desconecta del mundo

NOTA:
Querido lector
he cambiado la ubicación del Blog, por favor, accede directamente a

www.acortescaballero.com.

Gracias y disculpa las molestias.

Un saludo,

Andrés Cortés

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comentarios
  1. reyes dice:

    bien, Andrés, d’accord!!

  2. Como bien sabes, suscribo todo lo que has dicho, y más. Enhorabuena!

  3. Bea Caballero dice:

    Me encanta esta entrada!! Y estoy totalmente de acuerdo con esta frase: “si quedabas, pues esperabas tomando algo mientras aparecían los demás, y si no aparecían, pues paseabas o te metías en el cine, sin problemas”

  4. Un dato: El 57% de la gente habla más online de lo que lo hace en la vida real. (Fuente: Alex Trimpe a través de Ogilvy – 21 de febrero de 2011, ThinkQuarterly, Google).
    ¿Y si llega el momento en que dejas de vivir las cosas que luego te gusta compartir? A este paso, se llegará al absurdo de que la gente escribirá en Facebook: “aquí estoy, toda la tarde escribiendo en Facebook, …no tengo nada más que contar”

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