La cornisa frente al abismo

Publicado: 10 noviembre, 2011 en historias, opinión
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Hace años, un íntimo amigo me confesó que había estado sentado en el borde de una cornisa, en un quinto piso, durante un rato, buscando razones que le ayudaran a decidir si saltaba o no. Siempre he tenido la duda de qué fue lo que le impulsó a no hacerlo, y me alegro, ahora es un feliz padre de familia, aunque yo, cuando lo veo – cada vez con menos frecuencia – no puedo evitar dedicar un primer pensamiento hacia aquel momento en el que se sentó sobre la línea invisible que separaba la vida de la muerte. Mi amigo tuvo la valentía de asomarse a su vida y desmenuzarla con visión crítica para decidir si merecía la pena seguir viviendo.

En cualquier caso, creo que siempre merece la pena seguir viviendo, porque el pasado queda como una impronta al rojo vivo en nuestra alma, pero el futuro es siempre posiblemente mejorable y moldeable. Creamos futuro con nuestras decisiones y en el caso del aspirante a suicida, esa decisión feliz, tuvo como consecuencia – como mínimo – la existencia de una nueva persona.

“…se sentó sobre la línea invisible que separaba la vida de la muerte”

He leído un maravilloso artículo de John Carlin en el que cuenta la dramática verdad que se escondía tras el suicidio con 32 años de Robert Enke, ex portero del Barcelona y de la selección alemana. Una personalidad débil, incapaz de soportar las críticas feroces que a veces los aficionados lanzamos alegremente al viento, como si no afectaran a los futbolistas.

Tal y como dice Carlin el ser millonario no te hace inmune al insulto ni a la falta de respeto.

Si les despojamos de la fama, el dinero, la gloria… si escarbamos – en algunos casos como en el de Enke ni siquiera muy profundamente – nos encontramos solamente con una persona.

Una persona que se alegra, se entristece, se enfurece o se envanece, como todos nosotros. Y que busca lo mismo que cualquiera: un poco de felicidad y comprensión, aceptación y alegría.

Nada más.

Nada más y nada menos.

“Si les despojamos de la fama, el dinero, la gloria… nos encontramos solamente con una persona.”

Nadie sabe qué puede empujar a una persona en la flor de la vida al suicidio, aunque tal vez la razón de Enke fue el haber perdido a su hija pequeña por una enfermedad.

No podemos juzgar su decisión, porque sólo podríamos ponernos en su lugar si estuviésemos sentados en la cornisa, mirando hacia abajo, asomándonos al abismo, escrutando, desmenuzando y tratando de remover las cenizas de nuestro corazón quemado por el dolor, para tratar de encontrar algo que nos permita seguir viviendo.

Enke sólo veía cenizas y saltó.

Enlaces:

Artículo de John Carlin en el País

Robert Enke escribió una carta de despedida antes de suicidarse

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