Archivos para noviembre, 2011

Mi viaje fin de curso de octavo – no tengo muy claro si hoy día octavo equivale a segundo o tercero de ESO – fue un tanto extravagante. Fuimos a “Madrid y alrededores” y la visita organizada por mis profesores dejó de lado sitios tan fundamentales como el Museo del Prado, pero no olvidó el parque de atracciones o el museo de cera. A mí, la verdad, ver una réplica de un famoso a escala 1:1 – qué quieren que les diga – me trae al fresco. Mi única visita cultural en todo el viaje fue cuando en Toledo me empeñé, junto a un compañero que ahora es un extraordinario pintor, en ver el Entierro del Conde Orgaz del Greco.

Aunque el sitio más extraño, con diferencia, al que me llevaron mis profesores, fue al Valle de los Caídos. A mí los Caídos de pequeño me habían parecido unos entes sin rostro, que por alguna curiosa razón, habían “caído” por España. Ahora sé que se referían a una España “grande y libre” dominada por el fascismo en connivencia con la Iglesia Católica.

A mí el “grande y libre” se me atraganta porque imagino la plaza de Oriente y los miles de fanáticos alzando el brazo, en una mala imitación del fastuoso Tercer Reich de Hitler, rindiendo culto a un despiadado asesino.

Seguramente no soy objetivo, porque me he tragado casi en directo la transición, porque cuando murió, en su cama, el sanguinario dictador – el que me lo niegue que aporte pruebas de lo contrario -, yo tenía cuatro años y aunque no me enteraba de nada, algo en la atmósfera me impregnó el alma. En realidad, a medida que escribo, comprendo que no pretendo ser objetivo, porque ni puedo ni quiero. ¿Cómo ser objetivo cuando imagino las fosas comunes donde miles de inocentes fueron enterrados? ¿Cómo, si algunas fuentes aseguran que en los dieciocho años que duró la construcción del delirante monumento al fascismo católico en San Lorenzo del Escorial, murieron más de 27.000 personas?

“A mí el “grande y libre” se me atraganta porque imagino la plaza de Oriente y los miles de fanáticos alzando el brazo”

Las piedras majestuosas de la basílica –donde se apoya la cruz cristiana más alta del mundo – están cimentadas con la sangre y los huesos de los perdedores.

Ahora, que no me vendan que para que el Valle de los Caídos se convierta en un monumento nacional, símbolo de la reconciliación, o de la convivencia democrática, lo único que hay que hacer es trasladar los restos de Franco – cosa que por otra parte no va a suceder nunca, pues el Estado debe ceñirse a un acuerdo con la Iglesia, que tiene la última palabra sobre el traslado – .

Lo único que puede terminar con el amargo recuerdo de los que sufrieron en la guerra – que fueron de ambos bandos – es la muerte y el paso del tiempo.

Cuando no quede nadie que pueda recordar los ojos de espanto de su abuelo relatándole los horrores de la guerra, entonces quizá sea el momento de plantearse pasar página.

Y cuando eso suceda, por mí como si hacen una caldereta con los huesos del dictador, dinamitan la basílica y la convierten en un parque temático.

Esos sí, tendrá que ser un parque del Terror.

 Enlace: “El Valle de los Caídos solo podrá tener un significado democrático sin el cuerpo de Franco”

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La Historia está plagada de intentos por parte del hombre de conseguir construir máquinas que imitaran al hombre, tanto en sus movimientos como en su pensamiento. Ya en el antiguo Egipto existían estatuas de dioses con mecanismos artificiales que les permitían expulsar fuego por la boca o los ojos. En el siglo I de nuestra era, Herón escribió un tratado en el que recogía y detallaba el funcionamiento de máquinas que imitaban el movimiento humano o pájaros artificiales que gorjeaban. En la Edad Media se inventaron diversos artilugios como “cabezas parlantes” e incluso el gran Leonardo da Vinci construyó al menos dos – que se sepa -, uno de ellos, con forma humana, podía mover los brazos y sentarse. En la actualidad es de sobra conocido el inmenso catálogo de artefactos – con forma humana o no – que se diseñan para que se parezcan a nosotros. No podemos olvidar al gran Deep Blue, la primera máquina capaz de derrotar a un humano jugando al ajedrez.

Ante este aluvión de intentos uno se pregunta ¿Por qué esa obsesión por construir estos aparatos? ¿Tenemos la necesidad de sentirnos creadores, como dioses que insufláramos vida a algo inanimado? Es bien cierto – y vuelvo al pasado histórico – que hay muchísimas leyendas que nos hablan de seres artificiales al servicio del hombre, o que simplemente le aterrorizaban, por ejemplo el monstruoso Golem de la mitología hebrea. Lo cual me lleva a pensar que probablemente forme parte de la inquietud del ser humano este perfil hacedor de vida.

Todo esto viene a cuento de una noticia curiosa y un tanto divertida que he leído: la invención de un oso de peluche robótico que te toquetea cuando roncas.

En fin.

Puede ser útil que cuando empiece el concierto de ronquidos se active el muñeco, se te acerque y te suelte un par de tortas – estaría bien que también usara el método del calcetín en la boca, pero dudo que los japoneses hayan caído en ello – pero para empezar veo un clarísimo problema: si duermes solo ¿Qué importa que ronques? Y si tienes compañía ¿No corremos el riesgo de que el osito de marras le dé un pescozón a nuestro compañero – o compañera –  de cama? ¿O de que le meta mano? ¿Se imaginan la violenta situación de tener que explicar “no he sido yo, querida, ha sido el osito”? Lo malo es que nos respondan con un “ya me parecía a mí” y una mirada de desdén.

De locos.

La magnífica novela clásica del monstruo de Frankenstein es una muy buena reflexión sobre dónde pueden llegar los límites de la sinrazón aplicada a la ciencia, sacrificada la ética en aras de una supuesta evolución.

No puede pretenderse replicar el alma humana, que eso es de lo que se trata al final. Porque la cuestión es que tal vez para algunas cosas lo que realmente se necesite es una persona de carne y hueso, que se enfade, que nos pegue una colleja, o que nos achuche para que dejemos de roncar o para lo que sea. En definitiva que nos haga sentirnos humanos. ¡Qué demonios! Que eso es lo que de verdad necesitamos.

Y además, no gasta pilas.

Enlace: Un oso de peluche robótico que te toquetea cuando roncas

La mirada de la asesina

Publicado: 25 noviembre, 2011 en actualidad, opinión
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Contemplo el rostro bello y sonriente de la joven, coronado por dos hermosos ojos de mirada azul como el cielo y un pelo negro, largo y rizado. Su sonrisa es agradable y cualquiera que se cruzara por la calle con ella, simplemente pensaría que es una mujer atractiva.

La joven podría ser profesora de primaria, escritora, librera o ingeniera. Podría tener familia, levantarse temprano, desayunar junto a su marido y sus dos niños, colocarse la chaqueta lila y salir con el mini de un pareado, a las afueras de cualquier ciudad de tamaño medio, para meterse en el atasco de cada mañana antes de llegar a la oficina. Podría llegar al trabajo y repartir sonrisas y “buenos días” mientras tararea la melodía que escuchaba en el coche hace un momento. Podría sentarse en la mesa, mirar por la ventana del despacho y enfurruñarse al toparse con el edificio gris y feo de enfrente, colocar bien la foto de sus niños que los limpiadores han movido de su sitio y disponerse a comenzar su jornada laboral.

Podría.

“Su sonrisa es agradable y cualquiera que se cruzara por la calle con ella, simplemente pensaría que es una mujer atractiva.”

Idoia podría ser una persona normal.

Sin embargo eligió otro camino bien distinto

Idoia decidió ser una asesina.

Idoia López, alias “la tigresa”, cumple condena – 2000 teóricos años – por haber matado a 23 personas. La mujer de los ojos azul cielo es una terrorista.

Trato infructuosamente de que mis neuronas sean capaces de procesar la información de que alguien con una apariencia normal pueda dedicarse a la anormalidad que ha supuesto el terrorismo durante estos largos años en España.

Es inconcebible.

Los “normales” – es decir lo que no le hemos pegado un tiro en la nunca a nadie nunca – tendemos a pensar que la mente de un asesino es diferente, que hay una conexión mal atornillada, un cable suelto. Pero me temo que la escalofriante conclusión es que no hay nada mal, que son como nosotros: sonríen con los chistes de sus amigos, se alegran cuando gana el Athleti, les gustan los pinchos de tortilla – compartidos con amigos, mejor -, van al supermercado, sonríen al pagar, saldudan a sus vecinos…

Y eso es lo que mas me asusta: la capa de normalidad con la que se arropan, que sean capaces de descerrajarte un tiro a quemarropa y a los quince minutos ayudar a una anciana con las bolsas de la compra.

“Eso es lo que mas me asusta: la capa de normalidad con la que se arropan.”

¿Cómo es posible esta dualidad?

Tal vez sea el adiestramiento o el lavado de cerebro durante años, el que desarrolla la increíble capacidad de compartimentación de manera estanca sentimientos tan enfrentados.

A Idoia, ETA, su antigua organización, la ha expulsado por firmar un manifiesto en el que renunciaba a la violencia y pedía perdón a sus víctimas.

¿La cárcel le ha suavizado? ¿Ha comprendido, finalmente, la inutilidad de esas 23 muertes?

No lo sé.

Sólo sé que se me erizan los vellos de la nuca mirando los ojos bonitos, llenos de normalidad, de esta asesina.

Enlace: El colectivo de presos de ETA expulsa a Idoia López Riaño, ‘La Tigresa’

La libertad de expresión es una de las virtudes de una democracia, gracias a ella nos expresamos con libertad y decimos-contamos-opinamos lo que nos venga en gana sin que nadie nos coarte o nos censure. Podemos hablar del tiempo, de la política, criticar una película, hablar de fútbol, o hacer un panegírico.

Da igual.

La idea fundamental que subyace en esta práctica de opinión es el respeto. El respeto por la diferencia, por la diversidad, por la variopinta paleta de colores del pensamiento.

De eso se trata, creo yo al menos.

Lo que la libertad de expresión no ampara es la falta de educación o de respeto, porque se puede ser de derechas, de izquierdas, de centro o apolítico, pero lo que no se puede tolerar es el insulto y el desprecio.

“La idea fundamental que subyace en la libertad de opinión es el respeto.”

Salvador Sostres – al que no tengo la suerte de conocer personalmente – es un columnista del periódico de difusión nacional El Mundo. No conozco su trayectoria profesional, ni sus referencias, sus estudios o su  trabajo. Pero acabo de leer una noticia que me ha puesto los vellos de punta y me ha revuelto el estómago.

Este señor ha publicado una entrada en la que se regodea  de la derrota del partido socialista, – lo cual es totalmente lícito y forma parte de la libertad de opinión – pero esto no tendría ninguna trascendencia si no fuera por los términos que utiliza para hacerlo. Sostres realiza una analogía entre un encuentro sexual que, según él,  tuvo con una mujer socialista y la derrota del PSOE el domingo pasado. No dejaría de ser solamente algo de muy mal gusto, si no fuera por el lenguaje tan directo, soez, brutal y humillante que utiliza, con detalles escatológicos en los que cuenta intimidades que, sinceramente, han estado a punto de arruinar mi desayuno.  Además, por sus palabras se puede sospechar que considera a las mujeres como meros objetos sexuales – y si son socialistas, más todavía – .

Las palabras ofensivas empequeñecen a quien las utiliza y le retratan, nos permiten conformar una silueta de pensamiento y adivinar de qué pie cojea. Sostres cojea de todos y de alguna otra zona de su cuerpo que prefiero no citar.

Siento, de verdad, entrar al trapo de gentecilla como esta, pero es que me hierve la sangre y no alcanzo a entender a estos hombres que se las dan de machitos contando batallitas sexuales de la manera más soez.

“Las palabras ofensivas empequeñecen a quien las utiliza y le retratan, nos permiten conformar una silueta de pensamiento y adivinar por qué pie cojea.”

No me interpreten mal, cada uno es libre de disfrutar de su sexualidad como le dé la real gana, siempre que haya consenso por las dos partes – no soy quién para entrar en la intimidad de nadie – , lo que sí critico, censuro y desapruebo con firmeza, es la total y absoluta falta de delicadeza y respeto a la hora de hablar de ella.

Si navegan un rato por la red buscando información sobre este tipo, a lo mejor tienen la misma sensación que tengo yo: que hay gente que ante su absoluta falta de talento e historias interesantes que contar, se dedican a hacer ruido, a molestar y a insultar porque es la única forma posible de llamar la atención.

En mi caso confieso que he caído en su trampa: ha conseguido que hable de él.

Enlace: Sostres retira un post en el que narraba cómo sodomizaba a una socialista

En una entrada anterior – el miedo del buen samaritano – ya rocé el tema del miedo, que es tan fuerte que adormece las conciencias e intenté comprender actitudes brutales condicionadas por el miedo. Hoy he escuchado una vieja noticia que ha dado una vuelta de tuerca más al tema porque, además del terror, incluye el ingrediente de la superstición.

En Octubre de 2009 – es decir, a la vuelta de la esquina – en Honduras un joven fue enterrado y horas después en el cementerio se escucharon sus desgarradores gritos pidiendo auxilio.

Estaba vivo.

Los guardias de seguridad del camposanto actuaron de una manera tan irracional que costó una vida: salieron huyendo de allí, atribuyendo los alaridos a fantasmas. Al día siguiente, cuando se descubrió todo, era demasiado tarde.

La escena puede dibujarse de manera sencilla: dos hombres aburridos, fumando cigarrillos para combatir el frío y el miedo a la soledad del cementerio – por otra parte el sitio más seguro del mundo, no hay nadie vivo que pueda hacerte nada -, hablando de sus cosas, de sus hijos, de la vida, y de repente, mezclado con el ulular del viento nocturno escuchan un grito lejano. La voz del más allá que les pide ayuda, un alma en pena que reclama la atención de los vivos. Los vigilantes se miran durante un segundo y salen a la carrera.

Resultado: el joven falleció.

Otro caso de plena actualidad relacionado con el miedo, es el del taxista que después de tres años, se ha atrevido a declarar que llevó al piso del crimen a uno de los acusados por la desaparición y asesinato de la sevillana Marta del Castillo. El miedo propio y el de su mujer a represalias – a dios sabe qué clase de problemas – le ha mantenido en silencio durante todo este tiempo hasta que – según sus palabras – su conciencia ha sido más fuerte que el pánico.

Otra escena reproducible en mi imaginación: el matrimonio – el taxista y su mujer – preocupado, bebiendo el café a media mañana ante la televisión por la que desfilan acusados, policías, abogados y sobre todo los destrozados padres. Imagino el taxista enfrentado su mirada a la de la madre de Marta, llena de ese dolor infinito que nunca se apagará, que será compañero indeleble de su alma, mientras respire, que le traerá el olor de su hija y el calor de sus abrazos perdidos. Ese dolor que sus ojos abiertos y empañados transmiten a través de las pantallas ha resquebrajado el caparazón oscuro que el miedo había forjado en el corazón del taxista.

Es una decisión muy difícil, acudir después de todos estos años, a la comisaría, y encarar a un policía, mirarle a los ojos y decirle que has estado ocultando un testimonio crucial para la investigación.

Estoy seguro de que la satisfacción de decir la verdad ha podido con la vergüenza de verse señalado como el hombre que supo y no contó.

Pero no podemos condenarle, porque ha hecho precisamente lo que hay que hacer: sobreponerse al miedo – porque no tenerlo es imposible – y dar un paso firme al frente.

Si los guardias del cementerio hubieran seguido su ejemplo, el drama de Honduras no hubiera existido.

Debemos aprender de su gesto y guardarlo en las retinas para acordarnos de él por si algún día – y ojalá no sea así – nos toca sobreponernos a nuestro miedo para salvar una vida.

Enlace: Enterrado vivo en Honduras

En Agosto cumplí cuarenta años y fruto de las reflexiones más o menos profundas en las que cierto vértigo vital me sumergió, sentí la imperiosa necesidad de expresarme, al menos un poco más allá de mis monólogos frente al espejo. Entonces se me ocurrió este rinconcillo en el que con tinta virtual trazo mis ideas, mis reflexiones, mis miedos, mis alegrías, mis penas… y gracias a este invento llamado internet, a golpe de un solo clic estoy potencialmente en contacto con millones de personas – teóricamente es posible –.

Este escaparate global está al alcance de prácticamente cualquier persona que posea un ordenador. Si pienso detenidamente lo que puede llegar a significar eso, siento vértigo. Es una herramienta tan brutal que casi es inimaginable.

Este blog es pequeño, y dista mucho de recibir las decenas de miles de visitas que reciben otros a diario, auténticos fenómenos mediáticos, capaces de remover las conciencias y movilizar a la gente con un artículo. Recordemos el ejemplo de Pablo Herreros y el increíble aluvión en el que se ha convertido – suman y siguen las consecuencias – su campaña contra los anunciantes de la Noria, a raíz de la entrevista de la madre del menor condenado por el caso de Marta del Castillo.

No pretendo convertirme en la cabeza visible de ninguna revolución mediática, pero me siento muy orgulloso de las más de tres mil veces que alguien ha hecho exactamente lo que estás haciendo tú en este momento: pinchar en esta dirección – que mi falta de originalidad tituló con mi propio nombre – y leer durante un rato lo que a este cuarentón algo descerebrado se le pasa por la cabeza.

Por eso, doy un millón de gracias a esos tres mil pares de ojos – algunos repetís, me consta – que han paseado su mirada por este sitio, abierto a todos, y que no es más que un lienzo en blanco en el que podéis – y debéis – opinar lo que os de la real gana.

Muchísimas gracias, de verdad.

Si tenéis algo que decir, ya sabéis, comentad, o directamente mandadme un correo: acortescaballero@gmail.com

Mientras escribo esto, los datos parecen confirman la aplastante mayoría del PP en las elecciones de esta noche, por lo que Mariano Rajoy es el nuevo presidente electo del gobierno de España. No sé si esto será mejor, peor o no sabe no contesta, sólo sé que necesitamos que alguien tome de una – piiiiiiiiiiii – vez las riendas del carro, el timón del barco, o cualquier otra desafortunada metáfora. Como según lo que se cuenta en los telediarios, vamos cuesta abajo y sin frenos, necesitamos al héroe de sombrero ladeado, chupa de cuero y látigo, que salte de la diligencia desbocada y controle a los caballos para que se detengan con suavidad. No quiero ser agorero, pero el chiringuito se quema y estamos todos dentro, ¿alguien tiene un extintor?

Ahora a los mandos del cacharro – vamos, de España –, que tiene una pinta horrorosa, soltando aceite, haciendo ruido y echando humo negro, negrísimo, por el tubo de escape, se encuentra Mariano, el del puro y la sorna gallega, el de la retranca y las respuestas que sé que está vocalizando – el sonido me llega al cerebro – pero que no significan nada.

“necesitamos al héroe de sombrero ladeado, chupa de cuero y látigo, que salte de la diligencia desbocada y controle a los caballos”

El jueves le preguntaban en una entrevista ¿Va a modificar la ley anti tabaco? Una pregunta que yo considero sencilla, sin matices, de un asunto que no es precisamente el más importante de los que, desde esta mañana, se desayunará durante cuatro años – con suerte para él –. Pues ni esa contestó con un rotundo “sí” o “no”, qué va, abusó del “depende”, el “quizá”, del “no es tan sencillo”, coño, Mariano, es tan fácil como decir lo que vas a hacer, campeón.

No digo que lo vaya a hacer peor que los que han salido – eso, sinceramente, es casi físicamente imposible – pero a mí por lo menos me gustaría saber qué me espera en los próximos meses o años. Igual es que soy un impaciente y sólo tengo que esperar a los decretos que caerán de todas las formas posibles sobre nuestras cabezas y según los gustos – lluvia de mayo, lluvia ácida, tormenta…etc. -.

Sí, es eso.

Mi impaciencia me hace desear que un partido diga claramente lo que va a hacer cuando gobierne, en la campaña electoral, ¡si es que no me entero de cómo funciona esto!

Parece fácil, me cuentan, se trata sólo de dejar que los acontecimientos fluyan – o revienten – y ya veremos cómo capeamos el temporal. Joder, que los planes de contingencia sólo los saben hacer los alemanes – su último plan lo han titulado “Salvemos nuestro pellejo, que bastante tenemos con esto y a Europa que le vayan preparando el responso” – , no podemos pedirle al olmo español peras alemanas.

Aunque tal vez deberíamos pedir al menos un poco de coherencia y sentido común, gabinetes de crisis, que tiren de gurús, que los hay, que se olviden de trabajar para asegurar su asiento y que apliquen las medidas necesarias, sino para superar, por lo menos para contener la sangría.

“tal vez deberíamos pedir al menos un poco de coherencia y sentido común”

Porque yo, que no sé nada de nada, tengo la impresión de que nos estamos desangrando y el líquido rojo y espeso cae por la alcantarilla mientras lo observo con ojos hipnotizados.

Madre mía, que Dios nos coja confesados.