La racionalización del miedo

Publicado: 31 octubre, 2011 en opinión
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San Felipe Neri tenía una máxima: “No se puede luchar contra las tentaciones, hay que huir de ellas”, reformulando su frase yo diría “No se puede luchar contra el miedo, hay que racionalizarlo”. Con racionalizar el miedo quiero decir utilizarlo de manera racional de forma que finalmente se convierta en una ventaja y juegue a nuestro favor.

Dice un amigo mío que no entiende el miedo a lo nuevo, a enfrentarnos a una situación desconocida, sobre todo si ha sido elegida voluntariamente.

Yo, sin embargo, sí entiendo el miedo.

El miedo es lo que como ya comenté en mi entrada “Deuda” ha hecho posible la supervivencia de nuestros antepasados y que ahora esté yo aquí escribiendo y usted ahí leyendo.

“No se puede luchar contra el miedo, hay que racionalizarlo”

El miedo es en determinados momentos de la vida, un compañero inevitable y necesario. Nuestros esfuerzos deberían incidir no en combatirlo – un ejercicio estéril – sino en reconducirlo.

El miedo nos hace prudentes, activa y afina nuestro instinto, nos mantiene alerta y despiertos.

Lo difícil es desarrollar esa capacidad para canalizarlo en nuestro propio beneficio.

Lo que habitualmente ha sucedido a lo largo de la historia – y sucede a lo largo de toda nuestra vida – es que los poderosos, o los que simplemente tienen algún tipo de influencia sobre nosotros, tratan de utilizar nuestro miedo para controlarnos, para decidir por nosotros y mantener el estatus quo.

Tenemos ejemplos diarios de esta manipulación.

El miedo a los altos índices de delincuencia siempre ha sido usado como trampolín para ejecutar políticas represoras que coartan la libertad.

“El miedo nos hace prudentes, activa y afina nuestro instinto, nos mantiene alerta y despiertos.”

El miedo a la crisis nos hace mirar hacia otro lado ante las políticas intolerantes y xenófobas. Los malos tiempos parecen hacer saltar la alarma y se ponen en marcha los demagogos que utilizan ese miedo para manipularnos y desviar la atención hacia los más débiles, cuando realmente deberíamos fijar el foco en sus rostros pétreos y bronceados.

El miedo de la mayoría del pueblo alemán a la recesión, la crisis, el desempleo y a las consecuencias de haber perdido la primera guerra mundial, fue el que utilizó Hitler para auparse al poder y cargar su odio demente contra los judíos – que recordemos también los había alemanes -.

El miedo ha sido un arma terrorífica en manos de los dirigentes desalmados.

Por eso hemos de ser capaces de convivir con nuestro miedo, nos pertenece y habríamos de poder gestionarlo sin injerencias distorsionadoras que nos impidieran utilizarlo como nos viniera en gana.

Luchemos por conservarlo, no renunciemos a él y aprendamos de él, a la larga, nos curtirá y nos hará mejores personas.

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