El maldito botón de enviar

Publicado: 28 octubre, 2011 en actualidad, opinión
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Las redes sociales son como los coches, en manos de un loco o un inconsciente se vuelven peligrosas. Herramientas como twitter con ventajas evidentes como la inmediatez, la velocidad de comunicación o la cercanía que permite el contacto directo entre personajes o instituciones y el resto del mundo – en el sentido literal -, son peligrosas en según qué manos.

Sin embargo estamos sometidos a la duda permanente sobre si debemos o no pulsar el maldito botón de enviar. Cuando redacto un tuit, a pesar de haberlo repasado varias veces, semántica, sintáctica y estéticamente, no puedo evitar sentir una especie de vértigo al pulsar el dichoso botón. Y eso que en mi caso sólo soy un ciudadano anónimo sin presencia ni imagen pública que necesite lustre y esplendor. Imagino el pánico de algunos mal llamados VIPs – es un término clasista estúpido – a la hora de enviar sus propios comentarios o cuando responden a los de sus seguidores.

“estamos sometidos a la duda permanente sobre si debemos o no pulsar el maldito botón de enviar”

Alejandro Sanz ha sido la última víctima del maldito botón de enviar, aunque bien podríamos decir, que a pesar de que seguramente sea una persona ocupada, tal vez parte de su trabajo consista en informarse un poco antes de pulsar el botoncito. Su error ha sido confundir a la atleta Marta Dominguez con la infortunada Marta del Castillo, una anécdota casi graciosa si no fuera por las doloras implicaciones que tiene el tema de la pobre chica sevillana. Los cazadores virtuales de VIPs no han tardado en arremeter contra el cantante a pesar de su rectificación, retirada del comentario y sus disculpas. Estos adalides de la justicia de las redes sociales no deberían dejarse llevar por su crudeza porque pueden conseguir simplemente que famosos, políticos o artistas dejen de comentar o de interactuar con la gente, que precisamente es la gracia de estas redes. También podría suceder que estos lugares de encuentro perdieran incluso frescura, espontaneidad y se encorsetasen de manera que en vez de expresar libremente sus opiniones, los famosos se limitaran a tener un perfil privado inactivo de cara al público en general.

Todos nos equivocamos, todos decimos estupideces y tal y como comenté en mi entrada “El silencio de Newton” cuán valioso y preciado es ese silencio que no nos declara estúpidos de manera abierta.

Al margen de la mayor o menor cultura de Alejandro Sanz o de su coeficiente intelectual, datos ambos que desconozco, deberíamos darle la oportunidad de rectificar y aceptar sus disculpas sin más polémicas.

Si continuamos apretando las tuercas o tensando la cuerda las redes sociales se convertirán en insulsos puntos de encuentro donde nadie se atreverá a pulsar el maldito botón de enviar para decir lo que piensa o cuando lo haga tras miles de revisiones el comentario perderá la inmediatez y la frescura necesaria.

Respetemos a los que se equivocan y tienen la capacidad y la humildad de reconocer su error, tratar de enmendarlo y disculparse por él. Es una evidente muestra de sabiduría.

Enlace:

La metedura de pata de Alejandro Sanz

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comentarios
  1. Jose I. dice:

    Ahí está la gracia ¿no?
    ¿qué sería de internet si los personajes públicos no hicieran cagadas como ésta de vez en cuando?
    Por mí que rectifique, que rectifique, … y lo que yo me he reído mientras tanto …

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