Indignación vital

Publicado: 25 octubre, 2011 en actualidad, opinión
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En la Universidad el profesor de Cálculo nos dijo una frase que se me quedó grabada “Mi juventud fue radical y mi madurez conservadora”, silenciando así las críticas que había recibido por ser candidato del CDS (centro Democrático y Social, fundado por Suárez) habiendo sido miembro de las juventudes comunistas.

La idea de la juventud fervorosa y radical no es nueva, de hecho está vinculada a la naturaleza humana. El cuerpo, al igual que la mente, va perdiendo fuelle, o mejor dicho, se atempera con la edad. La madurez no representa necesariamente una época ideológicamente conservadora ni mucho menos, pero sí casa, en general, con una actitud que podríamos denominar “del puntito en la boca”. Y me explico. Por regla general con la edad uno aprende a morderse la lengua a medida que carga años a su espalda, de manera que antes de decir algo se lo piensa dos veces.

“El cuerpo, al igual que la mente se atempera, con la edad.”

Sin embargo hay momentos en la vida en los que la indignación predomina sobre la prudencia.

El sabio de origen alemán Stephane Hessel escribió un pequeño manifiesto en el que recoge ideas relativamente sencillas que han calado hondo en las conciencias por lo general adormecidas de la mayoría de nosotros. El ejemplo de Hessel, luchador incansable contra la injusticia – se enfrentó a los nazis y fue uno de los redactores de la Declaración de los Derechos Humanos – es un paradigma de ese punto de inflexión en el que cualquier persona, independientemente de su edad, debe decidir si quiere seguir mirando impasible el devenir o si por el contrario prefiere observarlo con ojo crítico e incluso tratar de cambiarlo.

Confieso que el movimiento 15 M me ha provocado sentimientos contradictorios, porque por un lado me veía en cierta medida reflejado en las consignas, las pancartas y los lemas, pero por otro – tal vez imbuido de un sentido pragmático, o quizá menos optimista, de la vida – sentía cierto rechazo ante la ingenuidad exhibida.

“Hessel es un paradigma de ese punto de inflexión en el que hay que decidir si se quiere seguir mirando impasible el devenir o si se prefiere tratar de cambiarlo.”

He tenido jugosas discusiones, sobre todo con activos partidarios del 15 M, y tal vez he esgrimido con demasiada insistencia la ironía ante su postura, pero ahora que realizo el ejercicio de sentarme a pensar de forma responsable, veo que en gran parte estaba equivocado. Si el movimiento consigue canalizar la multitud de peticiones y focalizarlas de manera práctica, sin una utópica y a mi juicio imposible organización horizontal, tal vez pueda convertirlas en propuestas sólidas y realizables. No olvidemos que el sistema para cambiar las cosas ya existe: se llama democracia, se ejecuta en las convocatorias electorales periódicas ¿No gustan los partidos que existen? Creemos uno. ¿No gusta la ley electoral? Cambiémosla.

El camino es el que se ha iniciado, el sentimiento que se refleja en las manifestaciones multitudinarias y en las recientes encuestas que indican que más del 70% de la población comparte los postulados del movimiento 15M es la base del cambio.

Empecemos por acudir masivamente a las urnas el 20 de Noviembre para demostrar que interesa lo que sucede en ese edificio custodiado por leones que representa el triunfo de la libertad sobre la tiranía y que tanto esfuerzo nos costó.

Enlaces:

Stéphane Hessel

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