Cuasicristales o el miedo al cambio

Publicado: 14 octubre, 2011 en actualidad, Divulgación, opinión
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Tenía varios temas en la recámara para empezar hoy calentito, disparando a diestro y siniestro. Uno de ellos versaba sobre un político nacionalista con apellido de eslogan de pilas de conejito que no tiene mejores cosas que hacer que decir sandeces sobre subsidiados alcohólicos de cierta región – no quiero dar pistas – en la que casualmente nací. Ayer publiqué un comentario a la entrada de otro blog (El Mariscal Bocanegra) que abordaba este asunto y argumenté que es mejor no hablar del tema para no darles bombo y acertadamente me rebatieron diciendo que “de alguna forma u otra habrá que dejarles claro que tampoco vamos a estar callados”. En cualquier caso, ya se ha hablado demasiado de este discurso que apesta a topicazo y demagogia derechona.

Otro asunto que también me ha tentado ha sido el de la exconsejera de la CAM (Caja de Ahorros del Mediterráneo), despedida por incompetente – iba a añadir “ladrona” pero el tema está bajo investigación – que blindó su contrato de manera que se aseguró una pensión vitalicia – es decir para toda la vida como los sueldos Nescafé – de 30.000 euros al mes – yo, confieso, hay días que no los gano  – . También descarté hablar de esto por motivos de salud, la bilis que iba a destilar la entrada podía provocarme una úlcera.

Al final he preferido hablar del científico judío Shechtman, flamante ganador del premio Nobel de Química por su descubrimiento – hace treinta años – de los cuasicristales. Durante buena parte de este tiempo Shechtman sufrió las mofas y los desprecios de algunos colegas que le tacharon de “cuasi científico” e idiota. ¿Y todo por qué? Porque su descubrimiento, que establece la existencia en los cristales, de estructuras – diferentes entre sí y he ahí el matiz revolucionario – que los conformarían. Es decir, la teoría significaría la existencia de configuraciones estructurales formadas por “ladrillos” todos diferentes entre sí, lo cual es una amenaza ya que “el descubrimiento de estas formas aperiódicas en la naturaleza ha producido un cambio de paradigma en los campos de la cristalografía”. En definitiva, supone resquebrajar los plácidos conceptos de la simetría en la naturaleza y por ende en los cerebros cuadriculados de determinados científicos.

Los cuasicristales son sólo un ejemplo de que la naturaleza – en el más amplio sentido de la palabra – es caos ordenado, es cambio, es repetición sin patrón, es azar…

Y esto quizá entronque con la existencia de conceptos no lógicos como el alma, el amor, etc. En mi opinión, lo que realmente nos está diciendo el descubrimiento de Shechtman es que el mundo, en el fondo, es tan imprevisible que está lleno de posibilidades infinitas, que cada uno de los momentos que vivimos son irrepetibles, únicos, y como tales deberíamos otorgarles la condición de sublimes y disfrutarlos como si fueran el último. Porque, de hecho lo son, puesto que jamás se repetirán.

El conjunto de nuestras vivencias son cuasicristales que conforman el cristal total al que llamamos vida y tal vez no deberíamos afanarnos en conseguir que encajaran como piezas perfectas de un puzle sino conformarnos – que no es poco – con pulirlas de manera que observadas con la perspectiva del tiempo podamos decir que las vivimos de la mejor manera posible.

Enlaces:

De las burlas al premio Nobel

Shechtman gana el Nobel 

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