Igualados por la muerte

Publicado: 7 octubre, 2011 en Uncategorized
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De todas las cosas que a lo largo del día de ayer escuché o leí sobre Steve Jobs – el fundador e impulsor de Apple, la segunda compañía más importante del mundo, que falleció ayer a los 56 años a causa de un cáncer – la que más me impresionó, con diferencia, fue el saber que “murió en paz, rodeado de sus hijos” según su propia familia.

Si tuviese que elegir sólo una cosa para parecerme a Jobs, elegiría esa en particular. Morir en paz, rodeado por mi familia, teniendo sólo que levantar la vista alrededor para saber que he hecho las cosas bien.

Como él mismo dijo en un discurso memorable, cuyo enlace comparto más abajo, “La muerte es el destino que todos compartimos.”. No hace falta ser uno de los gurús del siglo XX y parte del XXI para saber eso. Desde que el hombre es hombre y empezó a preguntarse porqué sus seres queridos, sus hijos, sus amigos, sus compañeros de cacería, sus parejas… de repente, dejaban de respirar y se convertían en ceniza, esa es la verdad más absoluta que existe: no hay escapatoria a la muerte.

La idea de brevedad y la sensación de que estamos aquí de prestado no es algo que tengamos continuamente en mente – de hecho, la mayoría de las actividades humanas tienen como objetivo olvidar eso precisamente – pero cuando llegamos a ciertas edades o nos suceden ciertas cosas a nosotros o a nuestros conocidos – como morirse, básicamente – está tan presente que condiciona nuestra forma de entenderlo todo, a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.

La muerte es una putada de las gordas pero no podemos dramatizar porque su inevitabilidad, o en términos más prosaicos su 100% de probabilidad de que nos suceda – salvo que nos arrebate un carro conducidos por Angeles como al profeta Elías -, hace absurdo el lamento.

Hay muchas formas de afrontar este hecho inevitable y algunos corren desbocados hacia él cada día, practicando deportes de riesgo por ejemplo – lo que, curiosamente, a pesar de acercarles a la muerte, les hace sentir “más vivos que nunca” – otros lo ignoran y navegan de canal en canal en la televisión evitando las noticias trágicas, otros simplemente se encogen de hombros y siguen viviendo de acuerdo a sus códigos éticos.

Toda persona tiene algún día que mirarse al espejo y afrontar la dura realidad: no somos eternos. Lo cual no debe ser motivo de tristeza si no de reafirmación de nuestra humanidad, porque nuestra esencia mortal nos concede ni más ni menos que oportunidades únicas e irrepetibles de recorrer este camino llamado vida con inteligencia o, al menos, con coherencia e integridad.

Aunque después de todo, al final, el único anhelo es morir en paz rodeado de los que nos han querido.

Para terminar, me atrevo a citar a Borges:

y uno aprende a construir

todos sus caminos en el hoy,

porque el terreno de mañana

es demasiado inseguro para planes…

Extracto discurso: “Encontrad lo que amáis

Video discurso S.J. en Stanford

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