La realidad es tan cruel a veces, que asusta e impacta por igual y hay determinados sucesos que parecen extraídos de la mente perversa y sádica de un escritor oscuro.

Hace unos días leí una noticia dura y desgarradora: la decapitación y desmembramiento de una periodista mejicana, cuyo único delito fue denunciar a los criminales narcotraficantes a través de las redes sociales. Su cadáver ha aparecido semidesnudo junto a un monumento, donde colocaron un teclado y su cabeza… imagen tan brutal que se me hace difícil escribirla.

A lo largo del par de meses que llevo escribiendo en el blog jamás me he preocupado de que mis textos –  que en algunos casos han podido ser críticos con algunas personas – pudieran representar un peligro para mi integridad física.

No me parece algo concebible.

En Méjico, sin embargo, sí lo es.

Y lo sorprendente, lo que de verdad me encoje el corazón, es imaginar que sigue habiendo personas que, a pesar del terror que sienten, cada noche se sientan delante de una pantalla y empiezan a teclear pensando que tal vez estén escribiendo su sentencia de muerte.

Pero no se detienen, siguen escribiendo, grabando vídeos, denunciado, acusando, señalando y, en definitiva, luchando para conseguir que el mundo en el que viven sea mejor.

María Elizabeth Macías Castro fue asesinada en Nuevo Laredo, Méjico.

Y probablemente su muerte no haya ayudado a que su ciudad sea mejor, al contrario, el estupor, el espanto y el miedo habrán engordado el grosor del muro de silencio y las miradas serán más huidizas y las cabezas estarán más bajas.

Pero lo ejemplarizante no es cómo ha muerto, ni en qué circunstancias, sino el por qué.

María Elizabeth ha muerto porque no quería ser amordazaba y amaba la verdad por encima de su propia vida.

Y lo único que espero es que sus conciudadanos, familiares y amigos sepan que no están solos, que en el mundo quedan miles de María Elizabeth que saben que el poder de la palabra es enorme, porque las palabras quedan y la gente pasa.

Y a pesar de todo, a pesar de la crueldad, del dolor y del miedo, quiero imaginar que incluso en la última mirada aterrada de María Elizabeth brilló la creencia de que aún había esperanza.

Descanse en paz.

Recomendación: Artículo de El País

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comentarios
  1. Frank cortes dice:

    Se me ha puesto la piel de gallina. Genial el articulo. Enhorabuena!

  2. R.Huertas dice:

    Al final me estoy enganchando al blog!!!!!

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