Archivos para octubre, 2011

San Felipe Neri tenía una máxima: “No se puede luchar contra las tentaciones, hay que huir de ellas”, reformulando su frase yo diría “No se puede luchar contra el miedo, hay que racionalizarlo”. Con racionalizar el miedo quiero decir utilizarlo de manera racional de forma que finalmente se convierta en una ventaja y juegue a nuestro favor.

Dice un amigo mío que no entiende el miedo a lo nuevo, a enfrentarnos a una situación desconocida, sobre todo si ha sido elegida voluntariamente.

Yo, sin embargo, sí entiendo el miedo.

El miedo es lo que como ya comenté en mi entrada “Deuda” ha hecho posible la supervivencia de nuestros antepasados y que ahora esté yo aquí escribiendo y usted ahí leyendo.

“No se puede luchar contra el miedo, hay que racionalizarlo”

El miedo es en determinados momentos de la vida, un compañero inevitable y necesario. Nuestros esfuerzos deberían incidir no en combatirlo – un ejercicio estéril – sino en reconducirlo.

El miedo nos hace prudentes, activa y afina nuestro instinto, nos mantiene alerta y despiertos.

Lo difícil es desarrollar esa capacidad para canalizarlo en nuestro propio beneficio.

Lo que habitualmente ha sucedido a lo largo de la historia – y sucede a lo largo de toda nuestra vida – es que los poderosos, o los que simplemente tienen algún tipo de influencia sobre nosotros, tratan de utilizar nuestro miedo para controlarnos, para decidir por nosotros y mantener el estatus quo.

Tenemos ejemplos diarios de esta manipulación.

El miedo a los altos índices de delincuencia siempre ha sido usado como trampolín para ejecutar políticas represoras que coartan la libertad.

“El miedo nos hace prudentes, activa y afina nuestro instinto, nos mantiene alerta y despiertos.”

El miedo a la crisis nos hace mirar hacia otro lado ante las políticas intolerantes y xenófobas. Los malos tiempos parecen hacer saltar la alarma y se ponen en marcha los demagogos que utilizan ese miedo para manipularnos y desviar la atención hacia los más débiles, cuando realmente deberíamos fijar el foco en sus rostros pétreos y bronceados.

El miedo de la mayoría del pueblo alemán a la recesión, la crisis, el desempleo y a las consecuencias de haber perdido la primera guerra mundial, fue el que utilizó Hitler para auparse al poder y cargar su odio demente contra los judíos – que recordemos también los había alemanes -.

El miedo ha sido un arma terrorífica en manos de los dirigentes desalmados.

Por eso hemos de ser capaces de convivir con nuestro miedo, nos pertenece y habríamos de poder gestionarlo sin injerencias distorsionadoras que nos impidieran utilizarlo como nos viniera en gana.

Luchemos por conservarlo, no renunciemos a él y aprendamos de él, a la larga, nos curtirá y nos hará mejores personas.

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Las redes sociales son como los coches, en manos de un loco o un inconsciente se vuelven peligrosas. Herramientas como twitter con ventajas evidentes como la inmediatez, la velocidad de comunicación o la cercanía que permite el contacto directo entre personajes o instituciones y el resto del mundo – en el sentido literal -, son peligrosas en según qué manos.

Sin embargo estamos sometidos a la duda permanente sobre si debemos o no pulsar el maldito botón de enviar. Cuando redacto un tuit, a pesar de haberlo repasado varias veces, semántica, sintáctica y estéticamente, no puedo evitar sentir una especie de vértigo al pulsar el dichoso botón. Y eso que en mi caso sólo soy un ciudadano anónimo sin presencia ni imagen pública que necesite lustre y esplendor. Imagino el pánico de algunos mal llamados VIPs – es un término clasista estúpido – a la hora de enviar sus propios comentarios o cuando responden a los de sus seguidores.

“estamos sometidos a la duda permanente sobre si debemos o no pulsar el maldito botón de enviar”

Alejandro Sanz ha sido la última víctima del maldito botón de enviar, aunque bien podríamos decir, que a pesar de que seguramente sea una persona ocupada, tal vez parte de su trabajo consista en informarse un poco antes de pulsar el botoncito. Su error ha sido confundir a la atleta Marta Dominguez con la infortunada Marta del Castillo, una anécdota casi graciosa si no fuera por las doloras implicaciones que tiene el tema de la pobre chica sevillana. Los cazadores virtuales de VIPs no han tardado en arremeter contra el cantante a pesar de su rectificación, retirada del comentario y sus disculpas. Estos adalides de la justicia de las redes sociales no deberían dejarse llevar por su crudeza porque pueden conseguir simplemente que famosos, políticos o artistas dejen de comentar o de interactuar con la gente, que precisamente es la gracia de estas redes. También podría suceder que estos lugares de encuentro perdieran incluso frescura, espontaneidad y se encorsetasen de manera que en vez de expresar libremente sus opiniones, los famosos se limitaran a tener un perfil privado inactivo de cara al público en general.

Todos nos equivocamos, todos decimos estupideces y tal y como comenté en mi entrada “El silencio de Newton” cuán valioso y preciado es ese silencio que no nos declara estúpidos de manera abierta.

Al margen de la mayor o menor cultura de Alejandro Sanz o de su coeficiente intelectual, datos ambos que desconozco, deberíamos darle la oportunidad de rectificar y aceptar sus disculpas sin más polémicas.

Si continuamos apretando las tuercas o tensando la cuerda las redes sociales se convertirán en insulsos puntos de encuentro donde nadie se atreverá a pulsar el maldito botón de enviar para decir lo que piensa o cuando lo haga tras miles de revisiones el comentario perderá la inmediatez y la frescura necesaria.

Respetemos a los que se equivocan y tienen la capacidad y la humildad de reconocer su error, tratar de enmendarlo y disculparse por él. Es una evidente muestra de sabiduría.

Enlace:

La metedura de pata de Alejandro Sanz

Bruselas es la sede del parlamento europeo, la ciudad más aburrida de Europa según los turistas, repleta de funcionarios y políticos. También es la capital de Bélgica, un país con un nivel de vida alto y cuyos habitantes dan la imagen de ser un pueblo civilizado. De Bélgica conozco poco: el chocolate, el anterior rey, Balduino, porque estaba muy vinculado a mi ciudad de origen, Motril, donde falleció, y poco más. Siempre he considerado al belga un pueblo representativo del ideal del europeo y de la civilidad, no he estado en Bélgica pero puedo imaginar sus calles ordenadas, limpias y no demasiado ruidosas, con un tiempo gris que no invita a sentarse en las terrazas sino a compartir un café en el interior de un bar silencioso, como todos los de Europa central.

A pesar de todos estos tópicos, a principios del siglo XX los belgas fueron gobernados por un personaje cruel, genocida y déspota llamado Leopoldo II. Las ansias expansionistas y de riqueza de Leopoldo fueron tan grandes que se llevaron por delante la vida de diez millones de congoleños en cuarenta años – la mitad de la población del país – , unas cifras brutales y demoledoras que – al menos yo – desconocía por completo.

“Siempre he considerado al belga un pueblo representativo del ideal del europeo y de la civilidad”

La foto del contexto histórico y social de finales del siglo XIX y principios del XX podría resumirse en la típica imagen sepia del cazador-explorador blanco, posando con una enorme escopeta junto a varios nativos negros, pisando con sus botas pulcras el cuerpo de algún león u otro trofeo similar. Son los años de los grandes descubrimientos africanos, los exploradores surcaban sus ríos, lagos y cataratas, los arqueólogos nos abrían los ojos ante las maravillas de Egipto – que luego expondrían con una amplia sonrisa en los museos Europeos – . El expolio fue tan salvaje que para ver gran parte de las obras egipcias hay que acudir a Londres, París o Berlín – lo de los frisos del Partenón griego merece un capítulo aparte -. En cuestión de geografía impuesta, los europeos, incluidos los belgas, no se quedaron cortos. Si echamos un vistazo al mapa de África comprobaremos que abundan las fronteras de líneas perfectas, es casi un puzle cuadriculado trazado con escuadra y cartabón. El reparto que de África hicieron las grandes  potencias mundiales de finales del XIX, que es lo mismo que decir “que hicieron los europeos”, – sin tener en cuenta las tribus, la historia o el contexto africano – fue en gran medida responsable entre otras cosas de la primera guerra mundial y de la guerra civil – y su consecuente genocidio – de Ruanda en los años noventa.

Fue a esta inmunda carrera de colonización, invasión y expolio del continente africano a la que quiso apuntarse como participante destacado el genocida Leopoldo II, el rey de los belgas.

“Las ansias expansionistas y de riqueza de Leopoldo fueron tan grandes que se llevaron por delante la vida de diez millones de congoleños en cuarenta años.”

Tal y como recoge la Web ikuska.com “La historia de la explotación de los recursos económicos del Congo mientras fue propiedad de Leopoldo II, es una de las historias más sangrientas de la historia contemporánea. Mientras en Europa se dedicaba a rodear su obra de un aureola de altruismo, defensa del libre comercio y lucha contra el comercio de esclavos, iba dictando normas por las que expropiaba a los pueblos congoleños de todas sus tierras y recursos e incitaba a su ejército privado a servirse de todo tipo de torturas, secuestros y asesinatos para someter a la población a los trabajos forzados que, en un brevísimo periodo de tiempo, le convertiría en uno de los hombres más ricos del mundo.

La historia de Leopoldo el rey genocida es uno de los episodios más oscuros y olvidados de una Europa que disfrazada de civilizadora no escondía más que pura ambición a costa de los legítimos dueños de África. Aunque tristemente no es ninguna novedad. Recomiendo la magnífica película “Diamante de sangre” donde una escena refleja a la perfección lo que ha significado la civilización occidental para los africanos. En determinado momento, el protagonista se cruza con un nativo que le dice con una mirada devastada por el dolor “Pido a Dios que además de los diamantes no encuentren petróleo en nuestro país”.

Algún día deberíamos ser honestos con la historia y devolver a la maravillosa gente del continente africano todo lo que le quitamos.

Enlaces:

El fantasma del rey Leopoldo

Leopoldo II

El reparto de África

El expresidente de la SGAE (Sociedad General de Autores), Teddy Bautista, ha denunciado a la sociedad por despido improcedente, reclamando el sueldo de dos años: más de un millón de euros.

Esto significa dos cosas:

1.- Que Bautista ganaba más de medio millón de euros anuales.

2.- Que la poca vergüenza de este antiguo Judas – papel que interpretó hace varias décadas en el musical Jesucristo Superstar – no conoce límites.

El hecho número uno pone de manifiesto que la SGAE debe ser inmune a la crisis e independientemente de la que está cayendo, sus afanes recaudatorios y limitadores de la libertad – recordemos que si se compra un Cd para grabar las fotos de la boda de nuestra hermana hemos de pagar un canon digital que va directamente a esta sociedad, por no hablar de si tenemos la ilícita intención de bailar escuchando Paquito el chocolatero en la barra libre – siguen intactos. Para colmo la ayuda que reciben los autores con problemas reales es escasísima – conozco el caso de un escritor que acudió a la SGAE con motivo de un plagio que sufrió y si hubiera ido al parque a echarle de comer a las palomas habría obtenido mejores apoyos y la pérdida de tiempo habría resultado idéntica -. Me pregunto con mi capacidad de asombro absolutamente desbordada ante esta desfachatez ¿para qué sirve la SGAE al margen de para enriquecer a impunes y desvergonzados personajes? ¿cómo es posible que algún gobierno apoye, sostenga e incluso legisle para favorecer a estos – en su mayoría – “venerables” ex-autores con escasa – qué casualidad – presencia en el actual panorama creativo?

“¿para qué sirve la SGAE al margen de para enriquecer a impunes y desvergonzados personajes?”

El hecho número dos es un caso más – demasiados ya – de persona sin escrúpulos que se sienta en su cómodo y mullido sillón murmurando “Ahí me las den todas” mientras se desternilla ante la perplejidad general. Bautista-Judas dimitió porque fue detenido y acusado de fraude, desviación de capital y apropiación indebida de millones de euros – no tenía suficiente el pobre con su escaso sueldo -. Como me es imposible encontrar palabras para calificar a este señor sin faltarle el respeto, me las ahorraré, porque mi enfado es enorme.

Por si fuera poco esta mañana me desayuno con el caso de la periodista francesa Florence Aubenas que durante unas semanas se ha hecho pasar por desempleada para comprobar en carne propia el funcionamiento del mercado laboral en el escalón más bajo.

La conclusión es aterradora.

Hay infinidad de personas con enormes dificultades para llegar a fin de mes, que trabajan en lo que sea por el salario que sea, que se parten el espinazo para llevar una paupérrima cantidad de euros a casa y son maltratadas y humilladas a diario.

Esa es la cruda realidad y tal vez empujados por ella, nos veamos tentados de envidiar la actitud rastrera y desalmada de personajes como Bautista-Judas, pero no vale equivocarse: la actitud heróica, la buena, la que dignifica la condición humana, es la de la limpiadora que se levanta antes de que amanezca para quitar la mierda de los demás y darnos así en toda la boca con su honradez y su capacidad de sacrificio y lucha.

Ojalá cunda su ejemplo.

Enlaces:

La historia de Florence Aubenas

El hombre de los huevos de oro

En la Universidad el profesor de Cálculo nos dijo una frase que se me quedó grabada “Mi juventud fue radical y mi madurez conservadora”, silenciando así las críticas que había recibido por ser candidato del CDS (centro Democrático y Social, fundado por Suárez) habiendo sido miembro de las juventudes comunistas.

La idea de la juventud fervorosa y radical no es nueva, de hecho está vinculada a la naturaleza humana. El cuerpo, al igual que la mente, va perdiendo fuelle, o mejor dicho, se atempera con la edad. La madurez no representa necesariamente una época ideológicamente conservadora ni mucho menos, pero sí casa, en general, con una actitud que podríamos denominar “del puntito en la boca”. Y me explico. Por regla general con la edad uno aprende a morderse la lengua a medida que carga años a su espalda, de manera que antes de decir algo se lo piensa dos veces.

“El cuerpo, al igual que la mente se atempera, con la edad.”

Sin embargo hay momentos en la vida en los que la indignación predomina sobre la prudencia.

El sabio de origen alemán Stephane Hessel escribió un pequeño manifiesto en el que recoge ideas relativamente sencillas que han calado hondo en las conciencias por lo general adormecidas de la mayoría de nosotros. El ejemplo de Hessel, luchador incansable contra la injusticia – se enfrentó a los nazis y fue uno de los redactores de la Declaración de los Derechos Humanos – es un paradigma de ese punto de inflexión en el que cualquier persona, independientemente de su edad, debe decidir si quiere seguir mirando impasible el devenir o si por el contrario prefiere observarlo con ojo crítico e incluso tratar de cambiarlo.

Confieso que el movimiento 15 M me ha provocado sentimientos contradictorios, porque por un lado me veía en cierta medida reflejado en las consignas, las pancartas y los lemas, pero por otro – tal vez imbuido de un sentido pragmático, o quizá menos optimista, de la vida – sentía cierto rechazo ante la ingenuidad exhibida.

“Hessel es un paradigma de ese punto de inflexión en el que hay que decidir si se quiere seguir mirando impasible el devenir o si se prefiere tratar de cambiarlo.”

He tenido jugosas discusiones, sobre todo con activos partidarios del 15 M, y tal vez he esgrimido con demasiada insistencia la ironía ante su postura, pero ahora que realizo el ejercicio de sentarme a pensar de forma responsable, veo que en gran parte estaba equivocado. Si el movimiento consigue canalizar la multitud de peticiones y focalizarlas de manera práctica, sin una utópica y a mi juicio imposible organización horizontal, tal vez pueda convertirlas en propuestas sólidas y realizables. No olvidemos que el sistema para cambiar las cosas ya existe: se llama democracia, se ejecuta en las convocatorias electorales periódicas ¿No gustan los partidos que existen? Creemos uno. ¿No gusta la ley electoral? Cambiémosla.

El camino es el que se ha iniciado, el sentimiento que se refleja en las manifestaciones multitudinarias y en las recientes encuestas que indican que más del 70% de la población comparte los postulados del movimiento 15M es la base del cambio.

Empecemos por acudir masivamente a las urnas el 20 de Noviembre para demostrar que interesa lo que sucede en ese edificio custodiado por leones que representa el triunfo de la libertad sobre la tiranía y que tanto esfuerzo nos costó.

Enlaces:

Stéphane Hessel

Mi mujer tiene la maravillosa teoría de que todo en el Universo tiende a equilibrarse, de manera que si se produce una acción negativa, el Universo-Naturaleza-Llámale X busca su contrario positivo para compensar. Ese fue el argumento insistente que usó a lo largo de toda la final del mundial para tranquilizarme diciendo que España no podía perder. Era imposible. Era un hecho incuestionable de justicia poética universal. En este caso el tiempo – a partir del minuto 116 de partido – le dio la razón.

Sin embargo a veces las cosas que acontencen son tan … no sé ni como calificarlas … tan jodidamente perversas, que me resulta tremendamene difícil creer que la justicia poética universal exista.

En concreto la última perversidad humana que me tiene absolutamente anonadado es el juicio del caso de la pobre Marta del Castillo.

“A veces las cosas son tan jodidamente perversas que me resulta difícil creer que la justicia poética universal exista”

Cuando veo caminar tranquilamente, con porte chulesco, pelo engominado y gafas de sol, a Samuel Benítez algo se revuelve en mi interior. Cuando le oigo defenderse con soltura, con una frialdad que dejaría perplejo a Ted Bundy (el mayor psicokiller de Estados Unidos), me entran ganas de vomitar. O peor aún, de acercarme a los juzgados y partirle la cara. Seguramente este acto me reportaría muchas más complicaciones legales de las que estos “chicos” tendrán a lo largo del resto de sus vidas.

Ya he comentado en una entrada anterior mi absoluta oposición a la pena de muerte y mis razones, pero a veces dan ganas de saltarse a la torera esos principios y plantarse. Y al menos gritarle a la cara a esos desalmados lo que pienso de ellos, el dolor que me produce ver los rostros deshechos de los padres de Marta, que no es que tengan que revivir estos días lo que sucedió, es que hasta que no encuentren el cadáver de su hija y la entierren, y la lloren, y se despidan de su ataud, jamás van a poder seguir con sus vidas con normalidad. A lo mejor es esa justicia poética universal que tiende a equilibrarlo todo y en la que me resisto a creer, la que me empuja a escribir esto, a pensar en esto. Porque si cierro los ojos se me aparece el rostro sonriente de este chulo desafiante, con sus gafas de sol y su actitud arrogante, como si fuera a una tasca a tomarse un vino con los colegas y no a un juicio a explicar qué demonios hizo con Marta.

“¿No sucede que a resultas de este morbo mal dimensionado engordamos el ego de personas que no lo merecen?”

Creo en la presunción de inocencia.

Creo que el estado de derecho tiene que defender a capa y espada a los presuntos culpables para evitar la posible injusticia de acusar a inocentes pero… ¿es necesario todo este circo alrededor de estos – de momento – no culpables? ¿No estamos alimentando con avidez el deseo morboso de ver sus rostros en la pantalla, sus reacciones, sus palabras? ¿No sucede que a resultas de este morbo mal dimensionado engordamos el ego de personas que no lo merecen?

No me gusta esta entrada, me siento mal, triste y decepcionado conmigo mismo por no ser capaz de arrancarme algunos sentimientos positivos, aunque sea a pellizcos.

Trataré de aferrarme a la idea de mi mujer, porque tal vez sea necesario creer en la justicia poética universal para sobrevivir.

Enlaces:

Tres acusados curtidos en interrogatorios

La historia de Ted Bundy

ETA ha anunciado el “cese definitivo de su actividad armada“.

Entre los muchísimos rostros de víctimas de esta sinrazón, que han desfilado por mi recuerdo desde que he oído la noticia, destaca el rostro desencajado por la rabia y el dolor de la hija de Isaías Carrasco, asesinado en 2.008, y oigo su voz firme diciéndoles a los asesinos que no iban a ganar y pidiendo “verdad, justicia y memoria”.

El destino me llevó a los cinco años de edad al País Vasco.

El País Vasco de mi infancia olía a madera, hierba, nieve, pero sobre todo, a miedo.

El de hoy huele a esperanza.

Hay tantas cosas que decir, tantas cosas que sentir y tantos rostros que recordar, que sólo se puede desear una cosa: que esto sea realmente el Fin.

Os invito a leer una entrada que escribí en Agosto, se llama “dicotomía“.

Ojalá no tengamos  que volver a releerla jamás.

Enlaces:

Descarga una portada histórica: “El fin del terror”