Noticias inesperadas

Publicado: 19 septiembre, 2011 en Uncategorized
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El otro día recibí dos noticias, de carácter totalmente opuesto, casi al mismo tiempo.

Noticia 1: Una pareja de amigos con problemas para tener hijos, por fin, de manera sorprendente y sin que medie ningún tratamiento o causa probable, lo han conseguido. Ella está en su séptimo mes de embarazo y todo va de maravilla.

Noticia 2: Un conocido de la infancia de mi mujer, con treinta y ocho años, no se ha despertado. Sin más, de repente, ha aparecido muerto en la cama.

Estas dos noticias tienen como elemento común la sorpresa, lo extraño, lo inesperado, aunque, por razones obvias, el impacto que causan es totalmente distinto.

Creo que nos afanamos continuamente en construir ordenadamente una historia vital, en tejer una red de normalidad, de rutina, que dote de aparente sentido a la sucesión de días que en definitiva es nuestra vida. Tratamos de que cada nuevo día nos pille preparados para lo que tenga que suceder, planeamos eventos, reuniones, acciones… y en la medida de lo posible, las llevamos a cabo con algún fin, usualmente para que nuestro día a día sea llevadero de manera rutinaria o simplemente para seguir adelante sin sobresaltos.

No sirve de nada.

No hay nada que evite que los caprichos del Destino nos sacudan con sus guantes de boxeo forrados de piedra, ni siquiera el estar preparados. El otro día pedí al genio de la lámpara que me concediera ser capaz de transmitir a mis futuros hijos entereza y capacidad para recibir golpes, pero a veces… a veces miras a los ojos a la viuda, con tres hijos, de una persona joven, que no tenía por qué estar muerta y … ¿qué demonios le dices? ¿Que tratarás de conseguir que tus hijos encajen esos golpes brutales? ¿Qué tenga entereza?

Probablemente estoy tremendamente equivocado y, al final, lo único que importe no sea cómo seamos capaces de encarar el dolor – algo íntimo y personal – si no cómo seamos capaces de amar a las personas que pasan con nosotros su vida, o que comparten simplemente un trocito de su tiempo, en el trabajo, en la cola del paro, en el ascensor, en la sombrilla de al lado de la playa…

Todo es tan absurdo, tan azaroso, tan sinsentido, que no valen teorías ordenadas, planificadas o estudiadas y lo único que nos salvará, lo que nos hará de verdad humanos ante el dolor repentino, será el recuerdo de esas sonrisas regaladas a desconocidos o a nuestros seres queridos, de esos besos, de esos abrazos…

No merece la pena dejar de decir un “te quiero” porque, joder, ¿quién nos garantiza que no será el último?

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comentarios
  1. Victor dice:

    Pocas cosas merece más la pena dejar, siendo lo último que dejas, que un “te quiero”. Y, por si acaso esto es lo último que dejo (el destino no lo quiera): “primo, te quiero”.

  2. Yo también te quiero, primo.
    Aunque como diría el señor Lobo de Pulp Fiction “vamos a dejar de…” 🙂 (búscalo en internet)
    Gracias por comentar.

  3. Luciano dice:

    Ánimo Andrés, sigue con este proyecto. No lo veo a diario ni, como imaginarás, comparto todo lo que escribes, pero siempre me gusta y cada linea me da alegría de saber que disfrutas con este proyecto.
    Un abrazo.

    • Gracias Luciano,
      disfruto sobre todo sabiendo que hay alguien ahí y que aunque no lo comparta todo – ¡gracias a ¿dios? por la diversidad! – , se molesta en leerlo y comentarlo.
      Gracias, de verdad.
      Otro abrazo para ti.

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