Abro la portada de un periódico digital y lo primero que llama mi atención es la foto de una chica semidesnuda, un segundo después leo un titular cinematográfico. Más abajo, en la misma web veo el sugerente rostro de una famosa actriz hollywoodiense también con escasa ropa. La noticia: una investigación federal sobre un supuesto robo de fotos íntimas y personales. Por último, me fijo en la noticia sobre una tienda de Barcelona que vende chapas con motivos racistas, sexistas y clasistas, con el pretexto de que son recuerdos para los turistas.

¿Todo vale para atraer clientes? En el caso del periódico serio de tirada millonaria mediante imágenes con implícito contenido sexual y en el de la humilde tienda – organizando un escándalo monumental a costa de vender una imagen turbia de una gran ciudad – parece ser que tienen muy clara la respuesta.

¿Lo importante es por tanto el fin último? Es decir, aumentar las ventas/lectores/visitas.

Yo mismo, si hubiera puesto la imagen de una de estas bellezas anglosajonas en lugar de las chapitas, probablemente hubiera duplicado el número de visitas… pero ¿es honesto jugar a esto?

La cultura y la comunicación en el siglo XXI se basan en conceptos esencialmente visuales, pero ¿dónde dejamos la ética? El panorama actual de las estrategias comerciales parece indicar que vender a toda costa está por encima de cualquier otra consideración. Incluso el que un gran periódico frivolice el contenido de una noticia seria, presentándola con una portada llamativa o que se ensucie la imagen de una ciudad creando una noticia – un escándalo – que genere publicidad gratuita para una tienda a modo de reclamo – vender las chapas es lo de menos – para el resto de sus productos.

En Estados Unidos están unos cuantos de años luz por delante de nosotros en relación a la publicidad comparativa – de hecho en España tiene ciertos límites – entre marcas. Recomiendo los anuncios CocaCola vs Pepsi, algunos son auténticas obras de arte que destilan originalidad.

A modo de conclusión y por no seguir divagando, simplemente decir que creo que merece la pena aplicar un poco de ética para promocionarse, al final terminará siendo más beneficioso que las estrategias agresivas, especialmente a largo plazo.

Y, ojo, no he tocado ni de refilón el tema de las televisiones y sus contenidos basura… eso, como decía el juglar, señores, es otra historia.

Recomiendo:

Las “chapas incívicas” vuelven a las librerías

Coke vs Pepsi

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