Los historiadores eligen determinados acontecimientos – a posteriori evidentemente – que marcan cambios de ciclo o era. Así, por ejemplo, el 14 de Julio de 1789 cuando el pueblo de París asaltó la prisión de la Bastilla se acababa de fraguar el inicio de la Era Moderna. De la misma manera, desde mi punto de vista, lo que aconteció el 11 de Septiembre de 2001 en Nueva York con el atentado de las torres gemelas fue el verdadero inicio del Siglo XXI, de una nueva  era – ¿espacial? ¿post moderna? ¿tercer milenaria?  – en la historia de la humanidad. Generalmente,  además, los sucesos de la Historia con mayúsculas tienen consecuencias – inmediatas o no – en los que acontecen posteriormente. Así, los atentados del 11S pueden incluso considerarse como el embrión culpable de la actual crisis económica y por lo tanto de nuestro futuro a medio y, me atrevería incluso a decir, a largo plazo.

Me explicaré.

Los terribles atentados sumieron en una depresión colectiva a los Estados Unidos, el consumo se resintió, las bolsas colapsaron y la actividad económica se frenó en seco al estamparse la sociedad americana de manera brutal contra el muro de la realidad, que no era otra que la vulnerabilidad del país más grande y poderoso – o eso creían – del mundo. Era imposible, pero un puñado de fanáticos había conseguido llevar a cabo una matanza en suelo estadounidense. Y en directo, delante de millones de espectadores, lo cual multiplicó el efecto psicológico. De manera que ante semejante panorama, las autoridades políticas y económicas del país decidieron que había que detener como fuera toda la bola de nieve que arrastraba la economía de manera imparable. Por aquel entonces Alan Greenspan presidía la Reserva Federal (Banco Central) de los EEUU y entre él y George W. Bush diseñaron la estrategia que reactivara la economía. Una de las medidas adoptadas fue una gran bajada de los tipos de interés. El dinero era tan barato que los bancos se animaron a prestarlo e incitaron a las familias a endeudarse – era muy fácil devolverlo después – más y más. Se formalizaron millones de hipotecas que luego se llamarían basura (subprime en inglés) con una cláusula muy especial: si alguien no podía pagar – cosa impensable por aquel entonces – podría saldar su deuda con la entrega de la vivienda.  Años después, cuando los tipos subieron y el pago de la deuda se hizo imposible para las familias, el sonido más terrorífico que oirían los banqueros sería el clin-clin de los llaveros cayendo en masa sobre sus mesas de caoba. Para aumentar el nivel de inflamabilidad del sistema financiero, los Bancos Europeos compraron gran parte de aquellas deudas, es decir, se convirtieron en acreedores de los norteamericanos hipotecados. El ingrediente que remató la situación fue que  grupos inversores emplearon el dinero de los fondos de pensiones de cientos de miles de clientes para hacer lo mismo que los europeos: comprar mierda que luego no podrían colocar en ningún sitio.

Y la bola de nieve creció y creció y todo el sistema tan bonito que habíamos montado se desmoronó (esta frase creo haberla usado en otra entrada) como un castillo de naipes… Y ahora seguimos – y seguiremos al menos varios años más – pagando las consecuencias.

Resulta fascinante – no por hermoso, si no por terrible – asistir a las caídas de las fichas del dominó de la historia que sucesivamente desembocan en la caída de otras fichas… lo malo es cuando estamos debajo y los acontecimientos nos aplastan.

Enlaces de interés :

Los atentados del 11-S

La Crisis de las subprime

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comentarios
  1. […] Primero: Fueron incapaces de detectar la quiebra de Lehman Brothers, una compañía de servicios financieros que gestionó las inversiones de millones de personas y arrastró en sus decisiones erráticas a numerosos bancos del mundo. Fue el detonante de la actual crisis mundial. Lehman Brothers ostentaba la máxima calificación de garantía – la triple A – otorgada por las agencias de calificación. Ver entrada La nueva era. […]

  2. […] Primero: Fueron incapaces de detectar la quiebra de Lehman Brothers, una compañía de servicios financieros que gestionó las inversiones de millones de personas y arrastró en sus decisiones erráticas a numerosos bancos del mundo. Fue el detonante de la actual crisis mundial. Lehman Brothers ostentaba la máxima calificación de garantía – la triple A – otorgada por las agencias de calificación. Ver entrada La nueva era. […]

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