Héroes

Publicado: 7 septiembre, 2011 en Uncategorized
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“El camión avanza despacio por la carretera sorteando escombros humeantes. Sentado en la parte de atrás, Yukio se ajusta la máscara de tela que, aunque no sirve para nada, le tranquiliza. Levanta la vista y observa a sus hombres, todos tienen el cansancio esculpido en el rostro y apoyan la espalda en las paredes de la cabina que traquetea levemente. La tela verde que cubre la parte trasera del vehículo ondea como una bandera sacudida por el viento, el mismo viento que expande la muerte invisible por todos los rincones. El motor ronco del camión y el golpeteo de la tela son los únicos sonidos que escucha Yukio, acongojado una vez más por el impresionante silencio que les recibe en cada nuevo turno. El bombero no ha experimentado jamás una sensación de angustia semejante, en cualquier otro incendio al que ha acudido los sonidos les acompañan – ahora lo sabe – otorgando normalidad a su trabajo.

El camión se detiene y los bomberos se miran en silencio, serios y concentrados, dispuestos a enfrentarse, un día más, a la Muerte.

Yukio es el primero en bajar y dirigir su mirada, de nuevo, al terrorífico esqueleto humeante del reactor tres de la central.

Acaban de volver a Fukushima”

Este podría ser perfectamente un fragmento del relato de la gesta que unos hombres corrientes, enfundados en trajes no aptos para salvaguardar su seguridad, realizaron hace unos meses para salvar a su nación de una de las catástrofes más colosales de su historia.

He leído las declaraciones del exprimer ministro japonés donde afirma con una claridad increíble que tras el accidente de la central nuclear de Fukushima, Tokio estuvo a punto de desaparecer. Que gracias a que el viento sopló en una dirección y no en otra, treinta millones de personas pueden seguir habitando, a día de hoy, una de las ciudades más importantes del mundo.

Hoy no es el día para debatir acerca de la bondad o no de la energía nuclear – ya llegará el momento  – si no para honrar a los héroes de Fukushima, a los 230 hombres que arriesgaron sus vidas – algunos las perdieron y otros las perderán por las secuelas de la radiación – sin pensárselo para controlar la catástrofe. Ayer, a este puñado de valientes, les otorgaron el Premio Príncipe  de Asturias de la Concordia.

Leyendo las historias de estos hombres uno vuelve a creer que el género humano aún tiene esperanza.

Referencias:

Los Héroes de Fukushima Príncipe de Asturias de la Concordia

Los ‘kamikazes’ que devolvieron la esperanza a Japón

Entrevista al capitán de Bomberos de Fukushima

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