El tercer astronauta

Publicado: 7 septiembre, 2011 en Uncategorized
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¿Alguien recuerda el nombre del tercer astronauta que iba en el módulo lunar del Apolo XI que llegó a nuestro satélite en 1969? De Neil Armstrong todo el mundo se acuerda, incluso, con un poco de esfuerzo podemos recordar a Aldrin – el segundo hombre que caminó por la Luna – pero…  ¿El tercero? ¿Había un tercero?

Sí, lo había, de hecho fue el piloto del módulo de mando pero se quedó dentro, sin salir, controlando los sistemas para asegurar que todo saliera bien.

Es fácil imaginar al astronauta, al mando de los controles, mirando una pantalla negra con letras verdes – años sesenta, recuerden – y esforzándose para no echar una ojeada de reojo por la escotilla a través de la cual hubiera podido ver a sus dos compañeros saltando para la posteridad. ¿Qué pensaría el tercer astronauta? ¿Se sentiría frustrado por no poder salir? ¿Se limitaría a realizar su función, profesionalmente, concentrado en los indicadores, pendiente de que nada se escapara a su verificación?

Al igual que sus compañeros, el tercer astronauta estaba hecho de otra pasta, perfectamente entrenado para resistir un viaje de varias semanas en una especie de lata vieja en mitad del vacío congelado, de manera que aguantó estoicamente en el interior, realizando su labor anónima y desconocida, sin una queja o un reproche.

Le imagino sonriente y afable, bromeando con sus dos compañeros cuando regresaron de su paseo lunar formando parte de la historia de la humanidad. Ellos en el fondo se sintieron un poco culpables, pero como profesionales aceptaron no poder compartir con él – con su amigo –  la gloria.

A su vuelta, el tercer astronauta recibió los mismos honores que sus compañeros: desfiles, medallas, reconocimiento público, etc, pero su sonrisa siempre parecería forzada y triste.

Le veo en las fiestas con las que agasajaban a los héroes, sonriendo con una cerveza en la mano, escuchando por enésima vez a Armstrong contar su historia y el salto que transformó en “un gran paso para la Humanidad”.  Y al tercer astronauta,  cada vez que alguien le presentara le preguntarían “¿Usted caminó por la Luna?” y él, mirando a los ojos de su interlocutor, se aclararía la voz y diría, “No, yo soy el que se quedó dentro”.

El tercer astronauta se llama Michael Collins.

Referencia: Cosas que no sabías sobre el Apolo XI

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