La estatua

Publicado: 18 agosto, 2011 en opinión, Personal
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Decía Miguel Ángel ante la admiración que despertaban sus estatuas, que él simplemente se limitaba a desbastar a golpe de cincel la piedra hasta liberar la imagen que llevaba en sus entrañas .

A veces me pregunto si los seres humanos somos piedras que se van moldeando y desbastando a lo largo de la vida… a veces pienso justo lo contrario, que la vida va añadiendo impurezas a la estatua noble y pura que somos al nacer.

Como siempre, la respuesta no es un sí o un no.

El desbaste que nos convierte con el tiempo en mejores personas – al menos aspiro a creer que a la gran mayoría nos sucede – se ve compensado, o mejor dicho, contrarrestado, por las virutas de porquería que se van adhiriendo como lapas.

Las experiencias cotidianas, desde las más sencillas a los grandes dramas vitales, añaden o restan forma a la bella estatua, tornean sus manos perfectas o desfiguran su perfil, agujerean la piedra haciendo saltar pequeñas lascas irrecuperables o lijan las aristas convirtiéndolas en amables contornos.

La estatua se perfila imponente, sabia y perfecta, o retorcida y horrenda, con los años.

Si nos miramos en el espejo de la vida nuestra alma cincelada por el artista inexorable del tiempo aparecerá en el fondo de nuestros ojos y nuestra máxima aspiración será que la obra en su conjunto sea como mínimo soportable a nuestro propio examen crítico.

La memoria es tan efímera que pocas veces recurrimos a pasar nuestros dedos por la superficie rugosa y caliente de la piedra para actuar con la perspectiva de la experiencia, si pudiésemos recordar el dolor que provocamos con aquel golpe de cincel que nos arrancó un trozo de alma, seríamos más sabios, más tolerantes, más humanos.

Deberíamos dejarnos guiar por la forma que grita prisionera bajo la roca, pugnando por surgir libre, pero somos cobardes y no nos atrevemos a dejarla asomar.

Nos seguimos escondiendo bajo la roca, informe, fea y mal tallada, viviendo una vida que aliena nuestra verdadera naturaleza. Es muy difícil liberarla del todo y nos educan desde que nacemos para que templemos el cincelado y la dejemos casi sin forma, gris, anodina, prácticamente muerta.

Ojalá fuéramos capaces de tallar con brío y con el último y definitivo golpe crear algo hermoso.

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